¿Problemas nacionales?
UNA pregunta demasiado indeterminada, para un desarrollo limitado a un artículo hebdomadario. Pero cabe hacer el ensayo de una consideración pertinente. Hay distintas maneras de referirse a la aludida temática: Problemas colectivos, problemas sociales y otros por el estilo. La coyuntura que vive Panamá desde la invasión norteamericana de 1989, propicia comentarios referentes, aunque la mayoría de la población, incluyendo a muchas personas dotadas de conocimientos especiales de algún problema con envergadura colectiva, muy poco se aventuran a dejar constancia de sus calificadas opiniones. Por el contrario, nosotros creemos que la situación crítica a que aludimos exige que las personas que deberían ser ejemplo de responsabilidad social opinen con respecto a lo que no necesitamos denominar como una grave crisis general de hace algo más de una década, que viene padeciendo la sociedad panameña.
Pero creemos que es necesario plantear algunos aspectos del tema que hemos esbozado. Aunque tal vez ninguna Constitución del mundo lo expresa categóricamente, y llamando pan al pan y vino al vino, que el único objetivo que justifica la existencia de cualesquiera Gobiernos, de países poderosos, enormes o minúsculos, consiste en trabajar por la solución de los olvidados problemas nacionales, que no son pocos: desempleo, educación, administración de justicia, la economía del país, servicios de transporte de pasajeros, etc., etc. Creemos tener algunas ideas en torno al tema señalado, y por ello nos estamos ocupando del mismo.
No es práctica en Panamá, el examen de la problemática nacional, desde un punto de vista de análisis, para orientarnos en ese mar agitado, si bien aparentemente tranquilo, pero convulsionado en el fondo, aunque el escaso tratamiento que hacemos de ese mar tempestuoso, casi le confiere trazas de inexistencia, pero la gran mayoría de la población (¿grande en un país pequeño como Panamá?). Lo decimos por la seriedad que revisten los rasgos con que se nos presentan las realidades colectivas propias.
La usanza panameña sobre el particular examinando consiste en que en las épocas electorales los celebérrimos partidos tratan de plantear soluciones, pero sólo como objeto de propaganda para captar votos de una masa que carece del necesario criterio o conocimiento (rebaño), para decidirse por lo que más conviene. Una especie de disputa oratoria por la televisión local, que dura generalmente pocas horas, es lo que nuestra consabida partidocracia destina a ese renglón "informativo" y propagandístico. No obstante, cuando están en el poder, se olvidan totalmente de su propaganda, y mucho más, de pensar en las soluciones realistas o en las que han merecido la atención de la propaganda partidista. ¿Acaso que hemos olvidado que uno de los últimos Gobiernos privatizó la mayor parte del servicio público de telefonía y de electricidad, con el resultado desastroso que todo el país está sufriendo y padeciendo, pero que ahora está cubierto por una sábana engañosa del aumento mundial del costo del petróleo.
¿También habremos olvidado que hace años, la solución de la pobreza en toda el área de la tierra panameña no ocupada por ciudades o pueblos, fue la de los famosos "asentamientos campesinos", que fueron un gran fracaso al poco tiempo de su fundación y consecuente crisis?
Después vinieron las "granjas dizque autosostenibles", de las que hoy ya nadie se acuerda y que tienen el mismo destino inicial y de fracaso en pocos años.
No vamos a continuar señalando la estrategia de nuestros gobiernos con la grave problemática nacional, porque tendríamos que repetirnos.
Frente a ese panorama grotesco, ¿qué hace la comunidad nacional? Cruzarse de brazos. ¿Qué hace el distinguido mundo de los intelectuales panameños que conocen muy bien, al menos cierta cantidad de ellos, la hondura de nuestros problemas, y que pueden tener ideas salvadoras para orientar adecuadamente la existencia colectiva de Panamá?
Sin duda alguna que la conciencia colectiva de nuestros intelectuales y científicos conoce nuestras trágicas realidades, y parece estar fallando en cuanto a interés y responsabilidad para coadyuvar en la indispensable medicina que vienen demandando las incógnitas interrogaciones verdaderas que tiene el país a su frente.
Nos parece que son las personas más calificadas, es decir, nuestros intelectuales de toda clase, quienes, ante la gravedad adquirida por la aludida problemática, deberían hacerse eco de tan dislocada y perjudicial situación, y convertirse en avanzada de un serio movimiento nacional que comience por plantear los horrendos problemas bien conocidos tan sólo por un puñado de ciudadanos, para saturar al Istmo, con toda su población, de que debemos pensar alto, fuerte y decididos, para que se de el comienzo de las indispensables rectificaciones por las cuales se precisa comenzar por la búsqueda de programa realistas y necesarios. Ojalá piensen bien nuestros intelectuales y tomen las riendas de las iniciativas que sólo a ellos les corresponde en un comienzo, como primer paso, al aglutinarse para llevar a cabo la empresa tan titánica como patriótica, de explicar, clasificar y proponer con dignas soluciones el conjunto de problemas nacionales con que viven mayorías irredentas y miserables. Nos parece que para hoy y en plan de comienzo de exposición lo apuntado anteriormente resulta que basta.
(raulleisr@hotmail.com)
Pero creemos que es necesario plantear algunos aspectos del tema que hemos esbozado. Aunque tal vez ninguna Constitución del mundo lo expresa categóricamente, y llamando pan al pan y vino al vino, que el único objetivo que justifica la existencia de cualesquiera Gobiernos, de países poderosos, enormes o minúsculos, consiste en trabajar por la solución de los olvidados problemas nacionales, que no son pocos: desempleo, educación, administración de justicia, la economía del país, servicios de transporte de pasajeros, etc., etc. Creemos tener algunas ideas en torno al tema señalado, y por ello nos estamos ocupando del mismo.
No es práctica en Panamá, el examen de la problemática nacional, desde un punto de vista de análisis, para orientarnos en ese mar agitado, si bien aparentemente tranquilo, pero convulsionado en el fondo, aunque el escaso tratamiento que hacemos de ese mar tempestuoso, casi le confiere trazas de inexistencia, pero la gran mayoría de la población (¿grande en un país pequeño como Panamá?). Lo decimos por la seriedad que revisten los rasgos con que se nos presentan las realidades colectivas propias.
La usanza panameña sobre el particular examinando consiste en que en las épocas electorales los celebérrimos partidos tratan de plantear soluciones, pero sólo como objeto de propaganda para captar votos de una masa que carece del necesario criterio o conocimiento (rebaño), para decidirse por lo que más conviene. Una especie de disputa oratoria por la televisión local, que dura generalmente pocas horas, es lo que nuestra consabida partidocracia destina a ese renglón "informativo" y propagandístico. No obstante, cuando están en el poder, se olvidan totalmente de su propaganda, y mucho más, de pensar en las soluciones realistas o en las que han merecido la atención de la propaganda partidista. ¿Acaso que hemos olvidado que uno de los últimos Gobiernos privatizó la mayor parte del servicio público de telefonía y de electricidad, con el resultado desastroso que todo el país está sufriendo y padeciendo, pero que ahora está cubierto por una sábana engañosa del aumento mundial del costo del petróleo.
¿También habremos olvidado que hace años, la solución de la pobreza en toda el área de la tierra panameña no ocupada por ciudades o pueblos, fue la de los famosos "asentamientos campesinos", que fueron un gran fracaso al poco tiempo de su fundación y consecuente crisis?
Después vinieron las "granjas dizque autosostenibles", de las que hoy ya nadie se acuerda y que tienen el mismo destino inicial y de fracaso en pocos años.
No vamos a continuar señalando la estrategia de nuestros gobiernos con la grave problemática nacional, porque tendríamos que repetirnos.
Frente a ese panorama grotesco, ¿qué hace la comunidad nacional? Cruzarse de brazos. ¿Qué hace el distinguido mundo de los intelectuales panameños que conocen muy bien, al menos cierta cantidad de ellos, la hondura de nuestros problemas, y que pueden tener ideas salvadoras para orientar adecuadamente la existencia colectiva de Panamá?
Sin duda alguna que la conciencia colectiva de nuestros intelectuales y científicos conoce nuestras trágicas realidades, y parece estar fallando en cuanto a interés y responsabilidad para coadyuvar en la indispensable medicina que vienen demandando las incógnitas interrogaciones verdaderas que tiene el país a su frente.
Nos parece que son las personas más calificadas, es decir, nuestros intelectuales de toda clase, quienes, ante la gravedad adquirida por la aludida problemática, deberían hacerse eco de tan dislocada y perjudicial situación, y convertirse en avanzada de un serio movimiento nacional que comience por plantear los horrendos problemas bien conocidos tan sólo por un puñado de ciudadanos, para saturar al Istmo, con toda su población, de que debemos pensar alto, fuerte y decididos, para que se de el comienzo de las indispensables rectificaciones por las cuales se precisa comenzar por la búsqueda de programa realistas y necesarios. Ojalá piensen bien nuestros intelectuales y tomen las riendas de las iniciativas que sólo a ellos les corresponde en un comienzo, como primer paso, al aglutinarse para llevar a cabo la empresa tan titánica como patriótica, de explicar, clasificar y proponer con dignas soluciones el conjunto de problemas nacionales con que viven mayorías irredentas y miserables. Nos parece que para hoy y en plan de comienzo de exposición lo apuntado anteriormente resulta que basta.
(raulleisr@hotmail.com)