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Proceso electoral antidemocrático 


Nuestro sistema electoral está en franca decadencia. A nada bueno nos está conduciendo.

Un buen sistema electoral debe velar porque los ciudadanos estén en igualdad de oportunidades para llegar a ser electos, de tal manera que no sean quienes más tienen los que más ventajas lleven. El nuestro favorece a los más acaudalados.

Debe evitar la proliferación de los gastos en campaña para que cuando los candidatos sean electos y se conviertan en funcionarios públicos, no pretendan resarcirse de la "inversión", corrompiéndose y corrompiendo.

Debe hacer de público conocimiento las donaciones de los particulares a los candidatos, para que tampoco los amigos quieran obtener después "dividendos" de su inversión, que serán a costa del erario público y del bienestar común.

Debe promover la estructuración de planes y programas de gobierno por los candidatos, antes que inundación masiva de propaganda sin contenido.

Debe buscar la excelencia de los candidatos por sus cualidades de preparación, honestidad, trabajo, capacidad de decisión, experiencia y visión de problemas; en tanto que nuestra Constitución, como nos la han dejado los actuales legisladores, permite que hasta los delincuentes analfabetos y vagos, puedan llegar a ser diputados agregándoles inmunidad, como para garantizar los frutos de los delitos.

Debe estimular la evaluación racional de los candidatos por los electores, antes que el voto de simpatía social y emocional con resultados contraproducentes por su naturaleza.

Debe, en fin, enaltecer una sociedad, antes que empobrecer su cultura, su intelecto y sus virtudes con publicidad masiva, además de ordinaria y engañosa, basada en estrategias de mercadeo de bienes de consumo como si los candidatos se pudieran promover igual que rollos de papel higiénico.

Hay que innovar y usar la imaginación. Los procesos electorales no están sirviendo su propósito de promover el bien común sino el de los más ricos, con las mejores estrategias consumistas, para los más ignorantes ciudadanos, con compromisos para que los amigos y los delincuentes se sirvan.

El subsidio electoral no tiene en este contexto ningún sentido. Me he arrepentido mil veces de contribuir a que se estableciera, porque lo que se estableció ha sido fuente de más consumismo, derroche e instrumento de corrupción. Aun creo en el subsidio, pero como está, no sirve sus verdaderos propósitos.

Cuando a partir de 1990 se necesitó introducir medidas que le dieran un vuelco a nuestra tradición electoral de fraudes y violencia, se hizo aún en contra de la voluntad de los partidos y los políticos de entonces. Hay están el cuerpo de delegados electorales, la papeleta única, la integración de las corporaciones electorales, la transmisión inmediata de resultados y otras más que no querían, y es que los magistrados no son para tener contentos a los políticos, sino para que el sistema electoral trabaje en beneficio del bienestar democrático del pueblo.  

Hoy hay que hacer otro salto cualitativo, ahora no sólo para prevenir aquellos males, sino la corrupción, la mediocridad y la delincuencia en los cargos públicos de elección. Ya es suficiente.

101 años de Panamá América

 
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