Producción, educación y desarrollo
Las circunstancias mundiales han llevado al mundo a depender en gran parte, de la educación que reciban. Estudiando, leyendo, escuchando, mirando, se aprende a llevar adelante planes interiores que permiten alcanzar las metas deseadas.
La formación profesional es la base del desarrollo de los países. En cierto sentido es lo que diferencia a los países avanzados de los rezagados. Cuando los programas educativos levantan el fortalecimiento del ser humano como capital importante, son considerados como básicos en esa formación. En la puesta en práctica de esos programas intervienen factores que sirven para conformar todo un plan educativo que actualice las aptitudes para lograr una eficiencia en el trabajo, en la producción, en la creatividad, que requieren los hombres y mujeres para capacitarse y enfrentar una competitividad en la globalización mundial en que nos vemos envueltos.
Dice un informe que en Panamá, "el 33% de la fuerza laboral necesita actualizar sus aptitudes y el 75 % de los trabajadores desempleados requieren de capacitación para competir en el mercado de trabajo". Preocupantes son estas cifras, porque me pregunto o sirven para preguntarnos qué hace el Ministerio de Educación y las universidades para disminuir esas cifras alarmantes.
Un país en donde sólo la cuarta parte de su población laboral está capacitada para competir, no alcanzará las estrategias sociales y económicas de un país con alto índice de desarrollo. Las autoridades educativas deben normar las bases de una reforma educativa para avanzar en capacitación y educación de su fuerza humana. Esa capacitación no puede llevarse a cabo sin control, sin estudios previos, sin orientación profesional dirigida a determinar necesidades y evitar la entrada en los campos profesionales copados.
Será inútil que la empresa privada haga nuevas inversiones que tecnológicamente se manejan con métodos modernos, si no cuentan con el personal apto para hacerla funcionar. Muchos de nuestros trabajadores lo hacen empíricamente, otros precariamente y otros con métodos arcaicos, porque no han tenido la oportunidad de alcanzar conocimientos modernos. Manejar máquinas o tecnología actualizadas requiere capacitación especializada que esté a la altura de las reformas económicas que llegan al país, ya sea localmente o del extranjero.
La reforma estructural del sistema educativo en Panamá debe adaptarse a las necesidades modernas en el desarrollo del país. Ya se comenzó una reforma educativa durante el gobierno anterior y, pasados cinco meses de éste, aún no he escuchado al Ministerio de Educación opinar al respecto y, continuarlas de ser positivas o buscar otra más acorde, si así se necesitara. De continuar en esta forma, Panamá quedará en la zaga de los países del tercer mundo y no encontraremos lugar en ninguna organización. O la Ministra se pone las pilas, o la educación panameña será igual a la que aprendí en mi infancia. Muévanse para que podamos entrar al mundo globalizado y digamos con orgullo que tenemos autoridades que se ocupan de que así sea.
El estancamiento de la educación significa el estancamiento del desarrollo, la frustración del ser humano panameño que aspira a superarse y que, al contrario, ve pasar delante de él las oportunidades sin aprovecharlas y que no se repetirán fácilmente.
La principal preocupación de los educadores ahora es la parte económica. No he escuchado a los gremios pronunciarse por un verdadero cambio que despolitice la educación; no los he escuchado opinar sobre el pasado cambio educativo para saber qué opina la mayoría. Sólo se pronuncian en lo que toca a sus adquisiciones laborales. ¿Y el pueblo que necesita mejorarse? Me gustaría oírlos opinar sobre el particular, porque ellos tienen la gran responsabilidad de educar y hacer progresar a nuestra gente.
La formación profesional es la base del desarrollo de los países. En cierto sentido es lo que diferencia a los países avanzados de los rezagados. Cuando los programas educativos levantan el fortalecimiento del ser humano como capital importante, son considerados como básicos en esa formación. En la puesta en práctica de esos programas intervienen factores que sirven para conformar todo un plan educativo que actualice las aptitudes para lograr una eficiencia en el trabajo, en la producción, en la creatividad, que requieren los hombres y mujeres para capacitarse y enfrentar una competitividad en la globalización mundial en que nos vemos envueltos.
Dice un informe que en Panamá, "el 33% de la fuerza laboral necesita actualizar sus aptitudes y el 75 % de los trabajadores desempleados requieren de capacitación para competir en el mercado de trabajo". Preocupantes son estas cifras, porque me pregunto o sirven para preguntarnos qué hace el Ministerio de Educación y las universidades para disminuir esas cifras alarmantes.
Un país en donde sólo la cuarta parte de su población laboral está capacitada para competir, no alcanzará las estrategias sociales y económicas de un país con alto índice de desarrollo. Las autoridades educativas deben normar las bases de una reforma educativa para avanzar en capacitación y educación de su fuerza humana. Esa capacitación no puede llevarse a cabo sin control, sin estudios previos, sin orientación profesional dirigida a determinar necesidades y evitar la entrada en los campos profesionales copados.
Será inútil que la empresa privada haga nuevas inversiones que tecnológicamente se manejan con métodos modernos, si no cuentan con el personal apto para hacerla funcionar. Muchos de nuestros trabajadores lo hacen empíricamente, otros precariamente y otros con métodos arcaicos, porque no han tenido la oportunidad de alcanzar conocimientos modernos. Manejar máquinas o tecnología actualizadas requiere capacitación especializada que esté a la altura de las reformas económicas que llegan al país, ya sea localmente o del extranjero.
La reforma estructural del sistema educativo en Panamá debe adaptarse a las necesidades modernas en el desarrollo del país. Ya se comenzó una reforma educativa durante el gobierno anterior y, pasados cinco meses de éste, aún no he escuchado al Ministerio de Educación opinar al respecto y, continuarlas de ser positivas o buscar otra más acorde, si así se necesitara. De continuar en esta forma, Panamá quedará en la zaga de los países del tercer mundo y no encontraremos lugar en ninguna organización. O la Ministra se pone las pilas, o la educación panameña será igual a la que aprendí en mi infancia. Muévanse para que podamos entrar al mundo globalizado y digamos con orgullo que tenemos autoridades que se ocupan de que así sea.
El estancamiento de la educación significa el estancamiento del desarrollo, la frustración del ser humano panameño que aspira a superarse y que, al contrario, ve pasar delante de él las oportunidades sin aprovecharlas y que no se repetirán fácilmente.
La principal preocupación de los educadores ahora es la parte económica. No he escuchado a los gremios pronunciarse por un verdadero cambio que despolitice la educación; no los he escuchado opinar sobre el pasado cambio educativo para saber qué opina la mayoría. Sólo se pronuncian en lo que toca a sus adquisiciones laborales. ¿Y el pueblo que necesita mejorarse? Me gustaría oírlos opinar sobre el particular, porque ellos tienen la gran responsabilidad de educar y hacer progresar a nuestra gente.