Profesores inducen a los alumnos a copiar
El reputado educador norteamericano Alfie Kohn publicó sus reflexiones sobre los alumnos que copian en Phi Delta Kappan ("Who’s Cheating Whom?", octubre 2007). Allí sostiene acertadamente que más allá de culpabilizar a los alumnos por copiar o plagiar, sería bueno preguntarse porqué tantos alumnos hacen cosas que se supone que no deben hacer, y qué nos dice eso sobre la pedagogía escolar. A veces prestamos tanta atención a las características de personalidad y conductas individuales como si fueran resultados de incompetencias o intenciones perversas de los alumnos, sin considerar que copiar es función de la situación particular en la que son colocados los estudiantes con sus miedos, ideales, ambiciones y propósitos.
Según la investigación los alumnos copian: 1) Cuando los profesores no tienen un buen vínculo ni parecen estar muy interesados en ellos; 2) cuando los alumnos sienten que las tareas que les asignan son aburridas, irrelevantes, memorísticas o abrumadoras; 3) Cuando los alumnos perciben que la meta última de sus estudios es obtener buenas notas. Es perverso sobrevalorar las notas o puntajes en las pruebas, más aún si producen resultados comparativos entre alumnos que quedan expuestos al conocimiento público del resultado. Eso es parte del énfasis escolar en el producto más que en el proceso de descubrimiento, entendimiento y aprendizaje, lo cual es rechazado por los alumnos. Si tienen que prestar más atención a cuán bien hacen algo en vez del sentido de lo que están haciendo, y si además quedan expuestos a ser perdedores al ser comparados con los ganadores, tenderán a copiar para aparentar que están logrando lo esperado para ellos.
Los alumnos no copian porque son malos. Copian porque temen que no sean lo suficientemente hábiles o por las consecuencias que pueden traer los malos resultados (humillación, castigos). En suma, copiar puede entenderse mejor como un síntoma de lo que anda mal en las prioridades y enfoques pedagógicos de la escuela más que una conducta censurable de los alumnos.
La reflexión que tenemos que hacer es la siguiente. Si copiar es una infracción a las reglas de juego de la actividad escolar normada por las autoridades pedagógicas, ¿cómo calificar éticamente a las autoridades y profesores que con sus actitudes, metodologías y exigencias inducen a los alumnos a copiar? ¿No es inmoral inducir a otros, especialmente si son menores, a cometer infracciones?
Si no queremos que los alumnos copien, no les propongamos situaciones que los tienten a copiar.