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¿Profetas del Apocalipsis?


El principal error que cometemos muchos políticos y aquellos que, aunque se declaran apolíticos, con cotidiana regularidad actúan políticamente, utilizando principalmente el ataque indiscriminado contra la política y los políticos como trampolín para lograr reconocimiento público, es pretender ser dueños de la verdad o los intérpretes auténticos de la opinión popular. En desarrollo de esa pretensión, asumimos que somos los únicos que reflejamos el querer mayoritario del pueblo. La inconsistencia de esa ilusión es obvia, pues es absolutamente imposible que enarbolando posiciones divergentes tantas personas tengan la razón a un mismo tiempo.
Los políticos, los que nos reconocemos como tales y los que no lo hacen, por imperativo de los plazos electorales, no podemos evitar que nuestra prédica y nuestras acciones sean medidas por aquellos cuyo pensamiento y querer decimos interpretar. Y aquí es cuando más de un iluso se estrella con la realidad. Los electores, que son los que al final tienen la última palabra, terminan echándole un balde de agua fría a más de cuatro que asumieron ser sus voceros.
Los efectos del rechazo popular se manifiestan de diferente manera en los que reciben el porrazo. Los políticos y los "apolíticos" sensatos tratamos de entender porqué nuestras presunciones no cuajaron. Con respeto por la voluntad popular, debemos asimilar la lección y poner sincero empeño por comprender sus motivaciones. Los que no aprenden la lección y siguen considerándose dueños de la verdad vuelven a estrellarse con la misma pared.
En el tiempo que media entre cada consulta popular, las fuerzas políticas organizadas en partidos disminuyen visiblemente su ritmo de actividad. Ello es normal, pues sería absurdo que actuaran con intensidad similar a la que despliegan durante las campañas electorales. Se crea, entonces, un espacio en el que muchos "opinadores" y representantes de intereses políticos solapados saltan al ruedo y en algunos momentos se convierten en reyes del patio. Animados por ese protagonismo, tienden a incurrir en el error de asumir que sus opiniones son la interpretación única de lo que el pueblo piensa o, lo que tal vez es peor, consideran que ellas deben marcar el único camino para la conducta de los electores. Pero cuando esas expectativas no se materializan, porque los votantes las dejan de lado, entonces, con frecuencia vemos que aquellos autodeclarados exegetas infalibles desahogan su frustración transformándose en profetas del Apocalipsis.
En nuestro país existen dos imágenes que, por contradictorias, no pueden ser ambas verdad. Por un lado, está la que describen los profetas del Apocalipsis que nos proyectan como un país al borde del colapso. Por el otro, está la realidad de un país que no es suma de virtudes, pero que está muy lejos de ser el caos que aquellos pregonan. Sólo compárese a Panamá, objetivamente, con el entorno latinoamericano para no salirnos de los límites continentales, y se verá que estamos bastante lejos de ser los peores.
La discusión y ventilación pública de los problemas nacionales es un ejercicio ciudadano al que debemos dedicarnos de manera constante, pero cuando el análisis está desprovisto de objetividad, se hace sesgado por propósitos sectarios o con visiones apocalípticas, poco o nada contribuye para mejorar.
Entre nosotros, desgraciadamente, hemos venido creando una cultura que antepone con demasiada ligereza la crítica negativa a la constructiva, el pronóstico agorero y el prejuzgamiento negativo de todo y de todos. Y si no la corregimos, para lo que todavía estamos a tiempo, el daño que nos haremos todos será difícil de reparar.
En este sentido, explicó que existe una iniciativa que busca crear un equipo multidisciplinario en conjunto con la Facultad de Biología del Centro Regional Universitario de Veraguas (CRUV), un toxicólogo de la CSS y su persona a fin de realizar estudios más profundos.
El sueño a largo plazo es establecer en Panamá un lugar en el que se puedan fabricar los sueros necesarios para combatir estos problemas, basados en la fauna existente en la región.
Destacó que la población debe dejar de creer que los curanderos pueden atender estos problemas, lo cual es totalmente falso. De igual forma, desestimó la necesidad de que se almacenen sueros en los centros de salud, dado que la atención efectiva está en los centros hospitalarios, pues el suero no surte mayor efecto si se aplica por vía intramuscular, ya que tiene que ser aplicado por vía intravenosa y con una dosis específica, la cual es tema de estudio.
En este sentido, añadió que esto se hace en un centro hospitalario, porque además de que es el sitio donde están los profesionales requeridos para este tipo de problemas, también es necesario que se haga un seguimiento estricto de la evolución del paciente para recuperarlo de la mejor manera.
La investigación de Torres y otros funcionarios interesados en el tema lleva ya varios años y según mencionó, son muchos los cambios favorables que se han podido aportar al manejo que se dan a los casos.
*Isabel Castro, Marcelino Rosa-rio, Juan Madrid y Elena Valdez.
Fotos tomadas en el Serpentario de Gamboa

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