Programas de gobierno
La campaña política de 1999, a mi juicio, marcó la pauta para que los candidatos presidenciales presentaran, lastimosamente sin debates, sus programas de gobierno. El Ing. Alberto Vallarino me confió la responsabilidad de coordinar el suyo, lo que forzó a los demás, en alguna medida, a presentar los propios.
La siguiente campaña, con un poco más de debates entre candidatos, se pudieron valorar distintos programas, sin que ello haya significado que los electores usaran tales plataformas, como referencia, para decidir su voto. Prevaleció el voto emotivo.
Vamos para otra campaña electoral. En adición a los necesarios debates, es decir, confrontación de ideas entre candidatos, no preguntas y respuestas de moderadores previamente moderados, los programas de gobierno deben ser no sólo propuestas, sino reales compromisos, respecto de su fondo y del tiempo en que se implementarán. Que los electores sepan no sólo qué prometen, cosa fácil de hacer, sino en qué tiempo se hará. Seguirle la pista al Presidente, como se intentó.
Pero más que lo anterior, en lo personal descartaría aquel programa que prometa de todo. Soy del criterio que el país, en el próximo quinquenio, deberá adoptar profundas decisiones que realmente signifiquen la transformación sustancial de muchas cosas y el inicio de la real solución de graves problemas. Parto por decir que un programa de gobierno que no plantee una reforma integral del Estado a partir de una constituyente debe ser rechazado por los electores. Es imposible seguir administrando de cara al futuro, bajo el actual marco constitucional que es un real obstáculo a la modernidad hacia la que debemos avanzar.
En adición, el próximo mandatario debe ser el líder de un real acuerdo nacional, sin intermediarios, para ponernos de acuerdo en temas críticos que no soportan dilaciones: educación, salud, transporte público, urbanismo, relanzamiento de nuestra posición geográfica como palanca de desarrollo, reducción de la pobreza, por decir algunos.
La recién terminada Concertación debe contener aspectos importantes que deben llevarse a la práctica. No creo que en todo se tenga que inventar la rueda. Pero es necesario un mandatario que sume a todos y que haga posible el real compromiso de las fuerzas políticas a darle continuidad en el tiempo al fruto de lo acordado. Cada cinco años no se puede deshacer lo andado, es absurdo. El país debe ser administrado con estabilidad en los temas fundamentales y cada gobierno, con su método, llevar a la práctica la continuación del desarrollo nacional.
Por todo lo anterior, juzgo prioritario el compromiso por la Reforma del Estado como el plato fuerte de cualquiera propuesta seria. A partir de allí, todos los demás temas fundamentales. Crean poco al que mucho promete. De sobra sabemos, y lo estamos sufriendo, lo que es ganar una elección prometiendo para no cumplir luego, las que fueron sus principales promesas de campaña.
El perfil del candidato es vital, de eso hablaremos en otra entrega.