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Promesas, compromiso y elecciones


T radicionalmente, las elecciones panameñas se han caracterizado por constituir una especie de carta blanca que los electores le otorgan a los candidatos para que, en caso de triunfar, respondan a las expectativas de quienes votaron por ellos y las del pueblo en general. Tradicionalmente también, los candidatos, en sus respectivas arengas de propaganda política a su favor, han informado sobre los planes que tienen. Con frecuencia hacen públicas promesas que en muchos casos no fueron más que palabras que el viento se llevó. Es hora de que cambiemos el patrón.

Somos los votantes los que debemos requerir de los candidatos que se comprometan a trabajar a favor de determinadas causas, especialmente de aquellos que aspiren a ocupar una curul en la Asamblea Nacional. Es hora de que algunas leyes se perfeccionen y de que las que se dicten sean tan eficaces que no requieran enmiendas. Sabemos que son indeseables las leyes garroteras o ferozmente tiránicas, pero también lo son las que tímidas o pusilámines dejan abiertas válvulas de escape para ser burladas. Tal es lo que ocurre, específicamente, con la que dispone que funcionarios de cierta categoría deben hacer una declaración notariada de sus bienes dentro de los diez días siguientes al de la toma de posesión del cargo y nuevamente al cesar en él.

En todas las comunidades debe requerírsele a los aspirantes a diputado, durante la campaña, que se comprometan públicamente a hacer del conocimiento público las mencionadas declaraciones notariales. Y proponernos a no dar el voto a candidato alguno que no se haya comprometido con este propósito antes del día de las elecciones.

101 años de Panamá América

 
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