Promesas de campaña y la áspera realidad
Estamos cumpliendo los primeros 100 días del gobierno del Presidente Martinelli. De un lado salen los miembros del gobierno a exponer los avances logrados. Por otro lado, los críticos bienintencionados o no señalan los errores cometidos en estos primeros días.
La ausencia de una oposición confiable y respetada dejó un espacio que ha sido ocupado por la sociedad civil a través de individuos, los gremios empresariales, profesionales, trabajadores y la prensa. Y el clamor ciudadano se repite constantemente, a través de las críticas a acciones puntuales de algunos funcionarios metepatas.
Transparencia y honestidad en la gestión pública, seguridad ciudadana, transporte civilizado y eficiente, alto a la impunidad, castigo a los funcionarios que abusaron de sus posiciones, eficiencia legislativa, educación para el siglo XXI, salud igual para todos, alto al nepotismo. ¿Son nuevos estos reclamos? En lo absoluto.
La falla del PRD en función de gobierno en satisfacer estas demandas ciudadanas fue la causa de la pérdida de las elecciones, pese a que el PRD tuvo los 5 años de mayor bonanza de los últimos tiempos, sólo comparables con la época de la construcción del Canal y de la Segunda Guerra Mundial. Pero medir al gobierno en función de lo realizado en 100 días, a menos que sirva de termómetro para que se conozca la percepción ciudadana y se utilice para afinar el rumbo, no aporta mayores beneficios.
Lamentablemente durante la campaña política ambos lados hicieron promesas en excesos. Parecía un baratillo de la Avenida Central, con música, murgas y todo. De corazón, los locos somos más, etc. Una candidatura prometió hacer dos COIFs diarios en promedio, durante los 5 años de gobierno. No hubo definición de políticas de largo plazo, y se alentaron muchas esperanzas de un cambio radical en la forma de hacer gobierno, como si los panameños que ganaron pertenecen a una cultura e idiosincrasia distintas al juega vivo que nos corroe. Y esas expectativas sobre la solución de problemas insatisfechos desde hace mucho tiempo, le ponen presión al régimen.
Creo que el gobierno debe ser claro con la ciudadanía. Para poder cumplir con las necesidades sentidas por la población, que no con las promesas hechas, es indispensable garantizar el crecimiento económico, a efecto de que se generen empleos e ingresos fiscales. En segundo lugar, exponer las medidas que se están haciendo en este sentido, que son varias aunque algunas nos lucen contradictorias, y sobre todo, definir las prioridades del nuevo gobierno.
No es posible que se puedan cumplir todas las promesas realizadas en los plazos esperados. Esta es la áspera realidad. No se puede mantener el ritmo de subsidios sin una política fiscal clara que privilegie la disminución del despilfarro. Es entendible que el gobierno actual que tomó la administración con prácticamente el presupuesto comprometido, se preocupe en captar ingresos para poder funcionar en medio de una desaceleración económica. La excepción en estos 20 años de democracia fue el gobierno del presidente Endara (q.e.p.d) que entregó saneada y con dinero la administración pública al gobierno entrante.
franciscobu@gmai.com