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Promesas educativas vencidas


El papel central que tiene que jugar la educación en la resolución de los grandes desafíos que enfrenta el país en el nuevo siglo no ha sido cumplido. Según el último Informe Nacional de Desarrollo Humano Panamá 2007-08, presentado por el PNUD, se puede concluir que no hemos retrocedido, pero tampoco hemos avanzado. En otras palabras, no lo estamos haciendo bien. Nuevamente ha culminado otro año escolar y la educación termina atada a un "indicador perverso" que no cambia nunca: el 80% del presupuesto educativo se dedicó a pagos de salarios del personal docente resistente al cambio. Año tras año este gravísimo desequilibrio del presupuesto condena al fracaso cualquier iniciativa para mejorar la calidad educativa, pues es muy poco lo que se puede hacer con los docentes para mejorar el sistema atado a un pasado de inmovilidad total.

¿De quién es la culpa de que no se produzcan los cambios necesarios en el sistema? ¿Cómo hacer el cambio educativo si estamos en manos de gremios docentes anti-reformas? ¿Pueden estos mismos docentes, quienes responden a planes y programas de la era post-independiencia, crear en las aulas de clases la nueva "mentalidad" nacional? Estas preguntas no han sido jamás planteadas, por lo menos con genuino interés por la clase dirigente que ha gobernado el país en las últimas décadas, por lo tanto, nunca han sido contestadas. Sólo durante las elecciones se acuerdan los políticos de la educación y, en tono engañoso emplean "pregones publicitarios" que, cinco años después, han olvidado. El resultado: vamos en camino de un completo desastre.

101 años de Panamá América

 
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