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Pronósticos, expectativas y realidad


Una práctica normal entre los ministros encargados de los asuntos económicos es la de proponer, a fin de mantener expectativas favorables, una narrativa positiva sobre la realidad económica y sus perspectivas. Sin embargo, una lectura aunque fuera apenas medianamente inteligente de los planteamientos de Akerlof y Shiller, quienes abordan el tema en su nuevo libro titulado Animal Spirits, los debería de prevenir sobre el hecho de que en la medida en que esta narrativa choque con la realidad el efecto de la misma será el reverso del buscado, dando lugar a una onda expansiva de falta de confianza. Se trata de un riesgo que, dadas sus recientes declaraciones, los más altos funcionarios encargados de la economía en nuestro país parecen desconocer.

La idea de que la economía panameña pudo haber cerrado el año 2009 con un crecimiento de hasta el 3% anual es una visión que resulta exagerada y difícil de vender, aún cuando su intención sea la de volver a la tesis de que Panamá esta blindado frente a la crisis. Si vemos el asunto desde un punto tan sencillo como el aritmético, resulta ser que, teniendo en cuenta el crecimiento acumulado hasta el tercer trimestre del año pasado, el PIB tendría que haberse expandido en el cuarto trimestre de dicho año en 5.6% para alcanzar el pronóstico antes indicado. Esto resulta poco probable si se tiene en cuenta que la tasa de crecimiento del tercer trimestre del 2009 fue apenas del 1.1%. Hasta un crecimiento anual del 2.5% parece difícil para el 2009, ya que para que esto resultase cierto la economía debería haber crecido en 3.6% en el último cuatrimestre. Por lo que respecta al año recientemente iniciado las proyecciones oficiales evitan hacer referencia del problema inflacionario que tendrá que enfrentar nuestra economía en el transcurso del mismo. Esta posibilidad proviene de varios factores, los cuales surgen, en gran medida, de las tendencias generadas por las políticas oficiales. En primer lugar, el hecho de que el gobierno se haya negado a regular los precios de la canasta básica permite concluir que los comerciantes, que han demostrado una alta vocación especulativa, no harán más que transmitir el aumento de los salarios mínimos a los precios. Esto se da en un contexto en que la inacción oficial, tanto del gobierno actual como del pasado, han permitido una práctica desarticulación del sector agropecuario, el cual muestra un decrecimiento anual equivalente al 10%, en un contexto en el que, además, los precios mundiales de los alimentos muestran una tasa de crecimiento anual del 11%. A esto se debe agregar el impacto inflacionario del anunciado incremento del ITBMS, el cual tendrá un impacto especialmente negativo en las capas medias de la sociedad. Frente a esta realidad resulta obligatorio exigir de las autoridades un manejo más transparente de la información relativa a la economía y redoblar nuestros esfuerzos por defender el nivel de vida de la población.

101 años de Panamá América

 
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