Pronto un país libre de desórdenes por deficiencia de yodo
Panamá busca ser certificado como país libre de los desórdenes por deficiencia de yodo el próximo año 2001. Para alcanzar esta meta, ha sido esencial la cooperación del Club Kiwanis y de UNICEF, quienes, a partir de 1997, desarrollan el Proyecto de Prevención y Control de los Desórdenes por Deficiencia de Yodo junto con el Ministerio de Salud, logrando que se aprobara el Decreto Ejecutivo N°109 de 20 de junio de 2000, por el que se reglamenta la yodación de la sal cruda para consumo animal (MIDA).
En la Encuesta Nacional de bocio y yoduría (niveles de yodo en la orina) en escolares realizada en 1999, se presentó una prevalencia de 3.1% en yoduría y 10.2% (palpación de glándula tiroides). Sin embargo, en 1990 la encuesta nacional de bocio y yoduría para escolares había mostrado una prevalencia de bocio a nivel nacional de un 13.2% (palpación de glándula tiroides) y 5.1% (yoduría). Esta era más alta en la Región de Azuero con un 23.2% (palpación de glándula tiroides) y 21.4% (yoduría) en el área rural de Herrera; donde ascendió al 46%. La causa de este fenómeno se le atribuye al alto consumo de sal cruda (no yodada), intencionada solamente para la alimentación de animales. Es por esto que ha sido imprescindible aprobar la legislación que regula la yodación de la sal para consumo animal.
La Asamblea Legislativa dio otro paso importante a través de la Ley N°43 del 25 de octubre de 2000, que modifica los artículos 17, 18 y 27 del Decreto de Gabinete 366 de 1969 sobre la Industria Salinera. Esta medida facilitará al Ministerio de Salud establecer los niveles de yodo necesarios en la sal de consumo humano que antes era de 66 a 100ppm (partes por millón) y ahora pasa de 20 a 60ppm, la cantidad adecuada.
El bocio y el cretinismo son las manifestaciones más conocidas de la carencia de yodo, sin embargo, hay toda una serie de enfermedades que se dan por esta deficiencia, como lo son las anomalías congénitas, enanismo, daños neurológicos y sordomudez, así como al retraso físico y mental. Se calcula que los niños y niñas pueden perder de 10 a 15 puntos en su coeficiente intelectual. Además, la carencia de yodo está asociada a un incremento de las tasas de mortalidad perinatal e infantil, y puede afectar el sistema immunológico de los niños y niñas.
Los grupos de población más vulnerables a esta deficiencia son los de edad escolar y las mujeres embarazadas. Esto podría deberse a los requerimientos propios de la pubertad y el embarazo, los que elevan la producción de la hormona tiroidea y por lo tanto, la necesidad de yodo es mayor. Afortunadamente, parte de estas pérdidas pueden recuperarse una vez que se empieza a tomar la cantidad adecuada de yodo.
Debemos destacar que el premio más valioso que se está consiguiendo con todo lo que se ha hecho en cuanto a la prevención de los desórdenes por deficiencia de yodo, es el hecho de que estamos salvando vidas y que estamos ofreciendo nuevas oportunidades a nuestros niños, niñas y adolescentes.
En la Encuesta Nacional de bocio y yoduría (niveles de yodo en la orina) en escolares realizada en 1999, se presentó una prevalencia de 3.1% en yoduría y 10.2% (palpación de glándula tiroides). Sin embargo, en 1990 la encuesta nacional de bocio y yoduría para escolares había mostrado una prevalencia de bocio a nivel nacional de un 13.2% (palpación de glándula tiroides) y 5.1% (yoduría). Esta era más alta en la Región de Azuero con un 23.2% (palpación de glándula tiroides) y 21.4% (yoduría) en el área rural de Herrera; donde ascendió al 46%. La causa de este fenómeno se le atribuye al alto consumo de sal cruda (no yodada), intencionada solamente para la alimentación de animales. Es por esto que ha sido imprescindible aprobar la legislación que regula la yodación de la sal para consumo animal.
La Asamblea Legislativa dio otro paso importante a través de la Ley N°43 del 25 de octubre de 2000, que modifica los artículos 17, 18 y 27 del Decreto de Gabinete 366 de 1969 sobre la Industria Salinera. Esta medida facilitará al Ministerio de Salud establecer los niveles de yodo necesarios en la sal de consumo humano que antes era de 66 a 100ppm (partes por millón) y ahora pasa de 20 a 60ppm, la cantidad adecuada.
El bocio y el cretinismo son las manifestaciones más conocidas de la carencia de yodo, sin embargo, hay toda una serie de enfermedades que se dan por esta deficiencia, como lo son las anomalías congénitas, enanismo, daños neurológicos y sordomudez, así como al retraso físico y mental. Se calcula que los niños y niñas pueden perder de 10 a 15 puntos en su coeficiente intelectual. Además, la carencia de yodo está asociada a un incremento de las tasas de mortalidad perinatal e infantil, y puede afectar el sistema immunológico de los niños y niñas.
Los grupos de población más vulnerables a esta deficiencia son los de edad escolar y las mujeres embarazadas. Esto podría deberse a los requerimientos propios de la pubertad y el embarazo, los que elevan la producción de la hormona tiroidea y por lo tanto, la necesidad de yodo es mayor. Afortunadamente, parte de estas pérdidas pueden recuperarse una vez que se empieza a tomar la cantidad adecuada de yodo.
Debemos destacar que el premio más valioso que se está consiguiendo con todo lo que se ha hecho en cuanto a la prevención de los desórdenes por deficiencia de yodo, es el hecho de que estamos salvando vidas y que estamos ofreciendo nuevas oportunidades a nuestros niños, niñas y adolescentes.