Propagar la alegría
Todo un abanico lírico, social y existencial se condensa en Pablo Neruda, el más importante poeta de Hispanoamérica del siglo XX. El mismo bardo lo afirma: "Yo sigo trabajando con los materiales que tengo y que soy. Soy omnívoro de sentimientos, de seres, de libros, de acontecimientos y de batallas. Me comería toda la tierra. Me bebería todo el mar".
Neruda fallece una semana más tarde del "Pinochetazo", el 23 de septiembre de 1973, pero está vivo en las huellas de su caminar, en su compromiso con los olvidados y excluidos, en su amor al amor, plasmados en libros germinales como residencia en la Tierra que acompañó mi adolescencia con sus vibraciones telúricas, Canto General que me hizo revolver las librerías de Cuzco para encontrar el poema al Machu Pichu y así poder leerlo sentado en las piedras encantadas de esas alturas andinas, y "Odas Elementales" que son hoy para mí como el pan de cada día. Por ejemplo, sin la "Oda a la Alegría", ¿cómo no aprestarse a desafiar las pesadumbres de este país que algunos quieren arrastrar a desesperanza y el aniquilamiento: "Alegría/hoja verde/ caída en la ventana,/minúscula claridad /recién nacida, /elefante sonoro, /deslumbrante /moneda, /a veces /ráfaga quebradiza, /pero /más bien /pan permanente, /esperanza cumplida, /deber desarrollado...Hoy, alegría,/encontrada en la calle, /lejos de todo libro, /acompáñame:/contigo/ quiero ir de casa en casa, /quiero ir de pueblo en pueblo, /de bandera en bandera. /No eres para mí solo.../Contigo por el mundo!/Con mi canto!/Con el vuelo entreabierto/ de la estrella,/y con el regocijo /de la espuma!/Voy a cumplir con todos /porque debo/ a todos mi alegría./No se sorprenda nadie porque quiero/ entregar a los hombres/ los dones de la tierra,/porque aprendí luchando /que es mi deber terrestre/ propagar la alegría/ y cumplo mi destino con mi canto".
En 1967 nos reuníamos un círculo de noveles escritores en un café de la ciudad de Colón, cuando un amigo que venía de Sudamérica nos prestó la primera edición de una novela de un tal Gabriel García Márquez, y yo me ofrecí a leerla primero. Esa noche no dormí. Al día siguiente ojeroso acudí al café y lanzando el libro sobre la mesa entre las tazas y vasos, exclamé "Lo terminé... Esto es lo mejor que se ha producido desde el Quijote" Mis amigos se abalanzaron sobre la novela. Casi cuatro décadas después sigo pensando lo mismo, y todavía creo que el autor no ha superado con sus otras obras, la excelencia de esta novela. El realismo mágico, el tratamiento de los temas fundamentales, la orfebrería del lenguaje lo sitúan en un lugar primordial.
Si todavía no lo ha hecho, sólo tome el texto y empiece a leer (A ver si puede detenerse): "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos".
Juan Preciado llega a Comala por encargo de su madre moribunda en busca de su padre, Pedro Páramo, al que no conoce. Pero se encuentra con un lugar deshabitado, lleno de fantasmas, de muertos que recuerdan los hechos que sucedieron en el pueblo, en tiempos de Pedro Páramo, cacique violento y codicioso, cuya pasión frustrada por Susana San Juan ha llevado a Comala a la ruina. Este es el eje del relato, pero las páginas escritas del mexicano Juan Rulfo fue el epicentro del impacto de esta novela, pues sus narraciones "son de esta estirpe palimpséstica: mezcla de inquietud, silencios musicales y musicalizados, asombro en el contacto y en la recreación de lo real, terrones y vidas secas y desesperanzadas, artística y poéticamente descompuestas por medio de un lenguaje crudo y creador, neologista y laberíntico. Mucho se ha escrito sobre sus narraciones, su figura enigmática y mítica y sobre su silencio literario y personal", explica Simone Montoto. Pero Rulfo también dejó imágenes a través de sus fotografías del México profundo, lo que nos permite leer de otra manera sus obras vitales.
(raulleisr@hotmail.com)
Neruda fallece una semana más tarde del "Pinochetazo", el 23 de septiembre de 1973, pero está vivo en las huellas de su caminar, en su compromiso con los olvidados y excluidos, en su amor al amor, plasmados en libros germinales como residencia en la Tierra que acompañó mi adolescencia con sus vibraciones telúricas, Canto General que me hizo revolver las librerías de Cuzco para encontrar el poema al Machu Pichu y así poder leerlo sentado en las piedras encantadas de esas alturas andinas, y "Odas Elementales" que son hoy para mí como el pan de cada día. Por ejemplo, sin la "Oda a la Alegría", ¿cómo no aprestarse a desafiar las pesadumbres de este país que algunos quieren arrastrar a desesperanza y el aniquilamiento: "Alegría/hoja verde/ caída en la ventana,/minúscula claridad /recién nacida, /elefante sonoro, /deslumbrante /moneda, /a veces /ráfaga quebradiza, /pero /más bien /pan permanente, /esperanza cumplida, /deber desarrollado...Hoy, alegría,/encontrada en la calle, /lejos de todo libro, /acompáñame:/contigo/ quiero ir de casa en casa, /quiero ir de pueblo en pueblo, /de bandera en bandera. /No eres para mí solo.../Contigo por el mundo!/Con mi canto!/Con el vuelo entreabierto/ de la estrella,/y con el regocijo /de la espuma!/Voy a cumplir con todos /porque debo/ a todos mi alegría./No se sorprenda nadie porque quiero/ entregar a los hombres/ los dones de la tierra,/porque aprendí luchando /que es mi deber terrestre/ propagar la alegría/ y cumplo mi destino con mi canto".
En 1967 nos reuníamos un círculo de noveles escritores en un café de la ciudad de Colón, cuando un amigo que venía de Sudamérica nos prestó la primera edición de una novela de un tal Gabriel García Márquez, y yo me ofrecí a leerla primero. Esa noche no dormí. Al día siguiente ojeroso acudí al café y lanzando el libro sobre la mesa entre las tazas y vasos, exclamé "Lo terminé... Esto es lo mejor que se ha producido desde el Quijote" Mis amigos se abalanzaron sobre la novela. Casi cuatro décadas después sigo pensando lo mismo, y todavía creo que el autor no ha superado con sus otras obras, la excelencia de esta novela. El realismo mágico, el tratamiento de los temas fundamentales, la orfebrería del lenguaje lo sitúan en un lugar primordial.
Si todavía no lo ha hecho, sólo tome el texto y empiece a leer (A ver si puede detenerse): "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos".
Juan Preciado llega a Comala por encargo de su madre moribunda en busca de su padre, Pedro Páramo, al que no conoce. Pero se encuentra con un lugar deshabitado, lleno de fantasmas, de muertos que recuerdan los hechos que sucedieron en el pueblo, en tiempos de Pedro Páramo, cacique violento y codicioso, cuya pasión frustrada por Susana San Juan ha llevado a Comala a la ruina. Este es el eje del relato, pero las páginas escritas del mexicano Juan Rulfo fue el epicentro del impacto de esta novela, pues sus narraciones "son de esta estirpe palimpséstica: mezcla de inquietud, silencios musicales y musicalizados, asombro en el contacto y en la recreación de lo real, terrones y vidas secas y desesperanzadas, artística y poéticamente descompuestas por medio de un lenguaje crudo y creador, neologista y laberíntico. Mucho se ha escrito sobre sus narraciones, su figura enigmática y mítica y sobre su silencio literario y personal", explica Simone Montoto. Pero Rulfo también dejó imágenes a través de sus fotografías del México profundo, lo que nos permite leer de otra manera sus obras vitales.
(raulleisr@hotmail.com)