A propósito de la Navidad
Es un hecho comprobado que el hombre es un producto cultural, resultado de las condiciones objetivas que va imponiendo cada época y en gran medida históricamente determinado por la formación económico-social a la que pertenece. Y las navidades más recientes, sobre todo las de la segunda mitad del siglo XX así parecen confirmarlo, incorporando variantes a los tradicionales valores con que hemos celebrado fecha o distinguido comportamientos.
En los últimos años el cada vez más acentuado peso del mercado ha transformado eventos como la Navidad, en una verdadera maratón de venta y compra, y en medio de esa orgía resultan asombrosos los niveles a los que llegan algunos con tal de colocar sus mercancías. Una cuña sugería, por ejemplo, reclamos de los reyes magos a San Nicolás por el dominio del mercado, y hasta amenazas mafiosas como ¿Dónde tu vives? Lo demás se da por descontado. Claro que sus creadores dirán que se trata sólo de una cuña, pero cuánto incide esta forma de saldar una disputa de mercado, en la forma de ver la vida, precisamente de aquellos que vienen creciendo?
No es el mensaje de Dios el que prevalece, ni aquello de Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad; sino un creciente dispositivo de compre, compre, compre, compre, que hace por ejemplo, del ahorro nacional una sustancia volátil, del individual algo efímero y en la conducta de las nuevas generaciones algo desconocido. ¿Será correcto preguntarse después por qué tenemos tanta violencia?
El carácter familiar de las navidades, por ejemplo, se traduce, cada vez con mayor fuerza, en actividades festivas desenfrenadas, donde el licor y la rumba dan paso en muchas ocasiones a tragedias impredecibles.
No sería motivo de preocupación si tales comportamientos se limitaran a la celebración de coyuntura, lo malo es cómo se extiende en la sociedad hasta convertirse en lo normal, en el sustituto de normas que otrora eran motivo de orgullo familiar.
En los últimos años el cada vez más acentuado peso del mercado ha transformado eventos como la Navidad, en una verdadera maratón de venta y compra, y en medio de esa orgía resultan asombrosos los niveles a los que llegan algunos con tal de colocar sus mercancías. Una cuña sugería, por ejemplo, reclamos de los reyes magos a San Nicolás por el dominio del mercado, y hasta amenazas mafiosas como ¿Dónde tu vives? Lo demás se da por descontado. Claro que sus creadores dirán que se trata sólo de una cuña, pero cuánto incide esta forma de saldar una disputa de mercado, en la forma de ver la vida, precisamente de aquellos que vienen creciendo?
No es el mensaje de Dios el que prevalece, ni aquello de Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad; sino un creciente dispositivo de compre, compre, compre, compre, que hace por ejemplo, del ahorro nacional una sustancia volátil, del individual algo efímero y en la conducta de las nuevas generaciones algo desconocido. ¿Será correcto preguntarse después por qué tenemos tanta violencia?
El carácter familiar de las navidades, por ejemplo, se traduce, cada vez con mayor fuerza, en actividades festivas desenfrenadas, donde el licor y la rumba dan paso en muchas ocasiones a tragedias impredecibles.
No sería motivo de preocupación si tales comportamientos se limitaran a la celebración de coyuntura, lo malo es cómo se extiende en la sociedad hasta convertirse en lo normal, en el sustituto de normas que otrora eran motivo de orgullo familiar.