A propósito de un hecho visible de racismo en Panamá
Coincidentemente, cuando fueron denunciados tres (3) hechos de racismo contra la etnia negra en Panamá, un grupo de panameños asistimos al Tercer Encuentro Internacional de la Familia Afroamericana; desarrollado en Venezuela (San José de Barlomento), del 6 al 12 de julio de 1999, mediante apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo y otras instituciones, con la asistencia de delegados de 25 países americanos y observadores de varios pueblos africanos; evento organizado por la Organización Afroamérica XXI (AA21), con sede en Washington, EE.UU. El mencionado encuentro se caracterizó, por jornadas diarias intensas que cubrían más de doce (12) horas; con expositores estudiosos, ponencias de cada delegación y debates sobre temas que trataron sobre el ¡frica antes de la conquista de América (cultura y civilización africana), la esclavitud del negro en América y su lucha de liberación hasta el presente; avances y manifestaciones de marginalidad. Pero donde más se detuvieron los debates fue en lo relacionado con la discriminación racial, en todas sus formas, como medio de explotación de los grupos de ascendencia negra en América.
Se presentaron narraciones históricas de la esclavitud del negro, en cada país americano pasando por su emancipación, hasta su actual discriminación en las propuestas de oportunidades facilidades, tanto públicas como privadas.
Quien escribe este artículo, quien se ha considerado, por formación, un ser perteneciente más a la especie humana, genérica y universal, que a la etnia negra, vivió una experiencia indescriptible cuando escuchaba los informes de la esclavitud y discriminación en cada país; incluyendo el nuestro (Panamá). Vi a mi lado hombres y mujeres sollozando y con lágrimas que hicieron salir algunas mías; producto del dolor iniciado hace casi 500 años y cuyas causas sólo cambian de matices, haciendo que more en el subconsciente y en los genes; generando erupciones de pesar o rechazo airado que algunas veces se transforma en aportaciones del talento humano. Parece que no ha bastado el dolor causado, con engaños desenmascarados, por un ser supuestamente humano superior (llámese blanco) a otro ser humano considerado inferior (llámese negro), para que aprendamos, después de varias centurias y generaciones, que cualquier manifestación discriminatoria hacia un congénere, no tiene ninguna justificación. Parece que no ha bastado lo expuesto, mediante el arte y la ciencia, sobre el racismo y sus consecuencias, para evitar que aún persistan estupideces entorpecedoras del desarrollo humano de casi 2000 millones de negros que pueblan América.
Reconocemos al racismo como herencia visible/invisible de un sistema ideológico-económico-político que se sostiene en la explotación del hombre por el hombre; creando alineación tanto en quien lo ejecuta como en quien lo recibe. Creemos que para eliminar semejante enfermedad no es suficiente establecer normas jurídicas, pues ha penetrado tanto en la conciencia colectiva generando códigos mentales que no serán eliminados con leyes o lindas proclamas sobre la democracia, libertad, justicia, hermandad, etc. Es por lo anterior que se impone incluir otras opciones basadas en la educación formal e informal, con el objetivo de descodificar valores falsos fijados por siglos en nuestras mentes; hasta asentar una nueva cultura profundamente desarrollada en principios humanos universales.
Se presentaron narraciones históricas de la esclavitud del negro, en cada país americano pasando por su emancipación, hasta su actual discriminación en las propuestas de oportunidades facilidades, tanto públicas como privadas.
Quien escribe este artículo, quien se ha considerado, por formación, un ser perteneciente más a la especie humana, genérica y universal, que a la etnia negra, vivió una experiencia indescriptible cuando escuchaba los informes de la esclavitud y discriminación en cada país; incluyendo el nuestro (Panamá). Vi a mi lado hombres y mujeres sollozando y con lágrimas que hicieron salir algunas mías; producto del dolor iniciado hace casi 500 años y cuyas causas sólo cambian de matices, haciendo que more en el subconsciente y en los genes; generando erupciones de pesar o rechazo airado que algunas veces se transforma en aportaciones del talento humano. Parece que no ha bastado el dolor causado, con engaños desenmascarados, por un ser supuestamente humano superior (llámese blanco) a otro ser humano considerado inferior (llámese negro), para que aprendamos, después de varias centurias y generaciones, que cualquier manifestación discriminatoria hacia un congénere, no tiene ninguna justificación. Parece que no ha bastado lo expuesto, mediante el arte y la ciencia, sobre el racismo y sus consecuencias, para evitar que aún persistan estupideces entorpecedoras del desarrollo humano de casi 2000 millones de negros que pueblan América.
Reconocemos al racismo como herencia visible/invisible de un sistema ideológico-económico-político que se sostiene en la explotación del hombre por el hombre; creando alineación tanto en quien lo ejecuta como en quien lo recibe. Creemos que para eliminar semejante enfermedad no es suficiente establecer normas jurídicas, pues ha penetrado tanto en la conciencia colectiva generando códigos mentales que no serán eliminados con leyes o lindas proclamas sobre la democracia, libertad, justicia, hermandad, etc. Es por lo anterior que se impone incluir otras opciones basadas en la educación formal e informal, con el objetivo de descodificar valores falsos fijados por siglos en nuestras mentes; hasta asentar una nueva cultura profundamente desarrollada en principios humanos universales.