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Propuestas o deberes


Si fuera candidato a la Presidencia de la República le haría a este país y su pueblo una sola propuesta: la reforma integral del Estado a través de la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Me explico.

Es evidente que el sistema de la administración pública en general ha colapsado. El gobierno que elijamos el otro año, sea el que sea, será presa de ese sistema con el consiguiente perjuicio general, tal y como le pasó al Presidente Torrijos -sin que esto sea la única excusa de sus incumplimientos-, si el Estado no se transforma y se renueva el sentido y servicio de sus instituciones. Por primera vez en mucho tiempo, el país tiene recursos y los pronósticos son positivos para el futuro próximo. Llegar a gobernar para continuar administrando -no solucionando- una crisis tras otra es un absurdo. Gran parte del tiempo que se debe dedicar a resolver problemas o a generar cambios integrales, el sistema colapsado lo absorbe en medio de una tormentosa burocracia o la actual Constitución lo impide, si de verdad se respetara.

Prometerle al electorado calles, luchar contra la corrupción, ser transparentes, designar a funcionarios probos, recortar el gasto superfluo, salud pública oportuna y buena, educación moderna con escuelas bien mantenidas, viviendas de interés social, solución del transporte urbano, urbanismo bien entendido y planificado, potenciar nuestras exportaciones, darle atención al sector agropecuario, revisión salarial, relanzar nuestra posición geográfica, entre otras muchas de las cosas que se prometen, no las considero propuestas. Son los DEBERES de todo buen gobernante. Para eso estarán allí y las responsabilidades inherentes a su trabajo no pueden ni deben tenerse como propuestas. Esa es su responsabilidad y la causa fundamental de su elección. Es como condecorar al funcionario honesto; ese es su deber!

La reforma que menciono sería para materializar la real transformación del Estado, partiendo de una nueva Constitución Nacional, nacida del proceso constituyente paralelo, en la que se establezcan las normas generales de un Estado moderno cónsono con las necesidades del país y su desarrollo. Con un liderazgo real y bien entendido, esta reforma sería el pacto nacional que el país viene requiriendo, en donde todas las fuerzas políticas y civiles, convocadas por el nuevo Presidente, acuerden ponerlo en práctica, modernizando instituciones y sistemas dentro de un esquema que acabe con lo viejo y fracasado e innove para el país de los próximos 50 años.

Ese proceso constituyente, introducido en las reformas del 2004, debe ser utilizado como el medio para hacer el cambio integral que el país y sus instituciones requieren, no para seguir emparchando la actual Constitución o para administrar, en función de gobierno, cuotas de corrupción o de tráficos de influencias. Con un Estado moderno, todo lo que hoy son propuestas van a fluir como parte de la gestión de los gobiernos futuros, dejando a un lado la improvisación, el clientelismo y el "más de lo mismo" que nos está asfixiando con el riesgo que esto tiene para la ya debilitada institucionalidad republicana.

101 años de Panamá América

 
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