Protección
En todas partes del mundo el sector agropecuario es protegido. Los países desarrollados lo hacen esencialmente otorgándoles subsidios abiertamente o veladamente; se llega hasta el extremo de pagarles para que no produzcan, a fin de evitar la caída de los precios de los productos que amenazan con tener una sobreproducción; otros, liberan a los agricultores del pago de impuestos; otros gobiernos le compran las cosechas a precios inflados, guardando las pérdidas para el Gobierno. Hay una gran cantidad de maneras para subsidiar, todo lo cual incide en poder mantener los precios más accesibles a la población y competitivos en el mercado exterior.
Los ciudadanos de los países desarrollados tienen conocimiento de estos subsidios y los aceptan, no reclamándolos para sus propias actividades, porque es necesario retener en el sector agropecuario a los pocos valientes que se dedican a producir comida, sin los cuales no sería posible la vida. Además, con ese "caramelo" se quedan en el campo y se frena la migración hacia las ciudades a donde vendrían a competir con los urbanos por los puestos de trabajo.
Hay otros métodos para ayudar a los agricultores, de los cuales el principal son los controles fitosanitarios a fin de evitar las importaciones de productos que ellos consideran sensitivos para su economía y ningún país subdesarrollado, osa cuestionar los análisis de ellos, por lo que se les facilita prohibir la importación de cualquier producto.
Si estas medidas no son suficientes, todavía tienen un recurso más, y en el caso de Estados Unidos, que yo conozco, las importaciones de productos agropecuarios deben tener el visto bueno del Departamento de Estado, no el de Agricultura. En otras palabras, no importa cuán bueno y saludable pueda ser el producto, de acuerdo a los exámenes fitosanitarios, si el país exportador no cuenta con el visto bueno del Departamento de Estado, o sea que no cumple con las exigencias políticas del gobierno norteamericano, no podrá importarse. Esta prohibición es más fuerte y más difícil de superarla que las del Departamento de Agricultura.
Esto también se aplica al revés. Unos años después de la terminación de la guerra en Vietnam a donde Australia mandó soldados a combatir, este país exportó a los Estados Unidos, durante dos años, carne de canguro en lugar de carne de res por miles de toneladas.
Australia, el mayor exportador de carne del mundo, había cometido pecado mortal y tendría que pagar su osadía. El presidente Titi Martinelli y yo, como gerente de Mercadeo del Matadero Chiriquí, asistimos al Congreso de Empacadores de Carne de Estados Unidos en Chicago para asegurarnos un aumento sustancial en las exportaciones de carne de nuestra planta. Todos los más altos ejecutivos relacionados con la carne de Australia, incluyendo al Secretario de Agricultura, 45 en total, estaban presentes. Después de pedir miles de excusas, lamentarse y llorar un poco, sólo se llevaron una corta amonestación.
Por otra parte, nuestra empresa que había invertido B/.300 M en mejoras, recomendadas y supervisadas por un ex-inspector del Departamento de Agricultura, fue sacada de la lista de exportadores de carne del Ministerio de Salud de Panamá, porque nos habíamos tenido que quejar ante el Ministro de Salud de la forma tan estricta (más que los gringos) como nos inspeccionaba este veterinario panameño la planta.
Por otra parte, el inspector de mataderos y carne asignado a Australia fue destinado al área de Centroamérica y lo mandaron a inspeccionar nuestra planta, junto con otro que fue enviado directamente desde Washington y éste sin entrar siquiera al matadero, nos dijo que nosotros no podíamos exportar, gracias a nuestro patriota.
Durante el período cuando yo fungí como Secretario Ejecutivo de ANAGAN, nos suscribimos a la "hoja amarilla" que no era otra cosa que la lista de precios de la carne en los Estados Unidos y servía de referencia para las exportaciones de la misma. La carne que nosotros exportábamos era clasificada como "cow meat" (carne de vaca), porque era la carne que ellos autorizaban para importar, que era de segunda y servía para la industria. Sin embargo, lo que ellos compraban en Centroamérica era carne de novillo escogido, para venderla entre la población latina que come carne magra.
Ojalá estos ejemplos sirvan para mostrar todos los argumentos de que se valen los países desarrollados para proteger a sus agricultores, mientras en nuestro país los intermediarios, sobretodo los grandes supermercados, tratan es de importar más, sin tener en cuenta las autorizaciones sanitarias. Lo más triste de todo es que los dueños de esos supermercados son o han sido ganaderos a quienes nosotros tanto tuvimos que defender. No cabe duda: "No hay peor cuña que la del mismo palo".
Los ciudadanos de los países desarrollados tienen conocimiento de estos subsidios y los aceptan, no reclamándolos para sus propias actividades, porque es necesario retener en el sector agropecuario a los pocos valientes que se dedican a producir comida, sin los cuales no sería posible la vida. Además, con ese "caramelo" se quedan en el campo y se frena la migración hacia las ciudades a donde vendrían a competir con los urbanos por los puestos de trabajo.
Hay otros métodos para ayudar a los agricultores, de los cuales el principal son los controles fitosanitarios a fin de evitar las importaciones de productos que ellos consideran sensitivos para su economía y ningún país subdesarrollado, osa cuestionar los análisis de ellos, por lo que se les facilita prohibir la importación de cualquier producto.
Si estas medidas no son suficientes, todavía tienen un recurso más, y en el caso de Estados Unidos, que yo conozco, las importaciones de productos agropecuarios deben tener el visto bueno del Departamento de Estado, no el de Agricultura. En otras palabras, no importa cuán bueno y saludable pueda ser el producto, de acuerdo a los exámenes fitosanitarios, si el país exportador no cuenta con el visto bueno del Departamento de Estado, o sea que no cumple con las exigencias políticas del gobierno norteamericano, no podrá importarse. Esta prohibición es más fuerte y más difícil de superarla que las del Departamento de Agricultura.
Esto también se aplica al revés. Unos años después de la terminación de la guerra en Vietnam a donde Australia mandó soldados a combatir, este país exportó a los Estados Unidos, durante dos años, carne de canguro en lugar de carne de res por miles de toneladas.
Australia, el mayor exportador de carne del mundo, había cometido pecado mortal y tendría que pagar su osadía. El presidente Titi Martinelli y yo, como gerente de Mercadeo del Matadero Chiriquí, asistimos al Congreso de Empacadores de Carne de Estados Unidos en Chicago para asegurarnos un aumento sustancial en las exportaciones de carne de nuestra planta. Todos los más altos ejecutivos relacionados con la carne de Australia, incluyendo al Secretario de Agricultura, 45 en total, estaban presentes. Después de pedir miles de excusas, lamentarse y llorar un poco, sólo se llevaron una corta amonestación.
Por otra parte, nuestra empresa que había invertido B/.300 M en mejoras, recomendadas y supervisadas por un ex-inspector del Departamento de Agricultura, fue sacada de la lista de exportadores de carne del Ministerio de Salud de Panamá, porque nos habíamos tenido que quejar ante el Ministro de Salud de la forma tan estricta (más que los gringos) como nos inspeccionaba este veterinario panameño la planta.
Por otra parte, el inspector de mataderos y carne asignado a Australia fue destinado al área de Centroamérica y lo mandaron a inspeccionar nuestra planta, junto con otro que fue enviado directamente desde Washington y éste sin entrar siquiera al matadero, nos dijo que nosotros no podíamos exportar, gracias a nuestro patriota.
Durante el período cuando yo fungí como Secretario Ejecutivo de ANAGAN, nos suscribimos a la "hoja amarilla" que no era otra cosa que la lista de precios de la carne en los Estados Unidos y servía de referencia para las exportaciones de la misma. La carne que nosotros exportábamos era clasificada como "cow meat" (carne de vaca), porque era la carne que ellos autorizaban para importar, que era de segunda y servía para la industria. Sin embargo, lo que ellos compraban en Centroamérica era carne de novillo escogido, para venderla entre la población latina que come carne magra.
Ojalá estos ejemplos sirvan para mostrar todos los argumentos de que se valen los países desarrollados para proteger a sus agricultores, mientras en nuestro país los intermediarios, sobretodo los grandes supermercados, tratan es de importar más, sin tener en cuenta las autorizaciones sanitarias. Lo más triste de todo es que los dueños de esos supermercados son o han sido ganaderos a quienes nosotros tanto tuvimos que defender. No cabe duda: "No hay peor cuña que la del mismo palo".