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Protejamos nuestras aguas


Se dice que Panamá tiene la mejor agua del mundo, pero eso era cierto antes de que se comenzaran a contaminar las aguas de los cientos de ríos, lagos y quebradas del país. La calidad de nuestras aguas naturales, de la cual estábamos tan orgullosos todos los panameños, ha comenzado a deteriorarse, y cada día la situación se torna más crítica. Tenemos una hidrología abundante conformada por más de 500 ríos, 150 que desembocan en el Atlántico y unos 350 en el Pacífico. ¿Cuántos de estos ríos están contaminados y cuál es su nivel de contaminación? No lo sabemos; para eso tendríamos que realizar un inventario de calidad de las aguas y analizar muestras en un laboratorio. Pero lo cierto es que muchos ríos importantes, principalmente los que están cerca de las ciudades y áreas pobladas, donde existen tomas de agua para las plantas potabilizadoras, muestran signos de deterioro y turbiedad.
Por ejemplo, los siete ríos que cruzan la ciudad de Panamá, y sus 65 quebradas, están totalmente contaminados de aguas negras y basura. Lo mismo pasa en otros afluentes importantes del resto del país, como el Santamaría, La Villa, Caimito.
Con el incremento de la población, la construcción de nuevas urbanizaciones, el crecimiento de las comunidades y la expansión de las ciudades, la generación de aguas negras o residuales ha crecido en igual proporción. También han proliferado actividades no controladas por las autoridades como porquerizas, que sumadas a la canalización de residuos líquidos industriales y aceites y lubricantes de los talleres, adicionan contaminantes a las corrientes.
El aumento de desechos líquidos contaminantes no se equipara a la construcción de nuevos sistemas de alcantarillado sanitario y mucho menos con las plantas de tratamiento de aguas servidas. Esto ha creado una brecha entre la disposición de agua potable y los alcantarillados para disponer del agua servida.
La prioridad en el IDAAN ha sido construir nuevos acueductos para generar y distribuir más agua potable a las poblaciones, dejando para más adelante la construcción de los alcantarillados y las plantas de tratamiento sanitario, etapa que pocas veces se llega a cumplir. Por esta razón, del volumen de agua residual del país, sólo el 42% ingresa a sistemas de alcantarillado. Esto significa que el 58% de las aguas negras está llegando directamente, en forma cruda y sin ningún tratamiento, a ríos, quebradas y lagos. Este problema se presenta en diferentes grados en cada provincia, afectando sus fuentes de aguas naturales. Por ejemplo, en Los Santos faltan alcantarillados para el 75% de los habitantes que hoy tienen agua potable; en Veraguas falta el 69%; y en Panamá Oeste falta el 73%.
Se calcula que el consumo total de agua de la ciudad de Panamá entre el número de personas que la habitan es 95 galones de agua potable por día por persona. El 80% de esta agua potable se convierte automáticamente en servidas, producto del uso de servicios sanitarios, baños, lavado de ropa, limpieza, desechos de cocina y otras necesidades vitales. Esto significa que cada persona produce diariamente un promedio de 76 galones de agua servida, que va a los alcantarillados existentes, a tanques sépticos, o simplemente se drena directamente a quebradas y ríos. A esto debemos sumar la basura doméstica y los desechos industriales que se vierten en estos cauces sin control ni supervisión de las autoridades, muchas veces en forma irresponsable.
Este fenómeno se repite en quebradas y ríos de todo el país, contaminando un sinnúmero de cursos de agua naturales, situación que se hace más crítica durante la época de verano, cuando no llueve.
La contaminación de los ríos y quebradas está deteriorando la calidad de las aguas naturales, afectando los balnearios, las tomas de las plantas potabilizadoras, la vida acuática y la salud y el ambiente de la gente que habita en sus riberas. Otro efecto es que, a medida que se contamina el agua, el costo de procesarla para convertirla en potable sube, obligando a la institución responsable a usar más productos químicos para purificarla. Estos productos químicos adicionales incrementan los costos, los que finalmente se trasladan a la tarifa y por lo tanto, al bolsillo de los consumidores.
Esto hace obligante que el gobierno inicie cuanto antes un programa agresivo de saneamiento a mediano plazo y por todo el territorio nacional, con la construcción masiva de sistemas de alcantarillados sanitarios y de plantas de tratamiento de aguas residuales, comenzando por la ciudad de Panamá.
Estoy consciente de que este programa de saneamiento implica fuertes inversiones, pero la salud ambiental y humana tiene prioridad y si no hacemos un alto a la contaminación de nuestras aguas naturales, se afectará la salud y el ambiente de todos los panameños. En esta misión también es importante que la población en general se abstenga de tirar basura y desechos en los ríos y quebradas y que el Ministerio de Educación, apoyado por los municipios, el Ministerio de Salud y los organismos cívicos, implemente una campaña educativa y de concienciación de toda la población, para proteger el mejor y más importante recurso natural de Panamá: el agua.

101 años de Panamá América

 
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