Protesta por falta de propuesta
Como "protesta" se entiende la acción de expresar la oposición a alguien o a algo. Las protestas pueden ser por cualquier razón, motivo o causa; las mismas no tienen edad, sexo, etnia, ni clase social. Existen diversos tipos de que pueden ser desde las típicas o convencionales hasta las más creativas o poco convencionales. Algunas son completamente pasivas, mientras otras desencadenan en actos violentos.
Hay quienes protestan por la falta de una carretera, de agua, de luz, por la contaminación, por impugnar una elección, por justicia, por la construcción de un push bottom, en fin, sobran razones para protestar
En Panamá, las acciones de protestas históricamente han sido lideradas por los grupos de obreros, sindicatos, gremios y estudiantes, y en pocos eventos se ha contado con el protagonismo de la sociedad en general, como lo fue la irrepetible "Cruzada Civilista", la cual logró convocar una gran masa y convertirse en el punto de encuentro de todos los que de alguna forma tenían una razón para protestar contra la dictadura vivida en esos tiempos.
En el caso de los grupos estudiantiles, la lucha por la soberanía nacional fue el asta bandera que orientó durante generaciones los esfuerzos organizados de protestas y manifestaciones públicas.
Una vez cumplido el objetivo, tanto el país como los grupos organizados, parecen haber perdido el sentido de su ser, o mejor dicho el país se quedó sin propuesta, aunque algunos comprendieron que la lucha contra el llamado "Imperio" ahora ha sido relevada por una lucha contra un sistema explotador e injusto, en especial, contra los que menos tienen.
La sociedad panameña no tiene tradición de protesta; al contrario, hay casos en que para algunos una huelga es motivo para no ir a trabajar y escoger entre descansar o irse a pasear. La solidaridad no es un valor manifiesto, a no ser que la razón por la que se protesta nos afecte directamente.
El sistema que nos ha regido funciona de manera perversa, ya que su ineficacia, inoperancia e ineptitud ha contribuido a que los manifestantes estén obligados a ejercer presiones públicas como los tranques de calle para llamar la atención. Lógicamente estos tranques repercuten como efecto bumerán, pues hay quienes se ven afectados directamente aunque la manifestación en sí les esté haciendo un favor, defendiendo sus intereses.
Allí es donde entra en acción la Policía Nacional que, con sus arreos antimotines, sale dispuesta a mantener el orden ejerciendo medidas represivas contra los manifestantes en defensa de los derechos de terceros.
Un ingrediente de recién data en algunos actos de protestas criollos son los actos de vandalismo dirigidos al saqueo, la agresión física y la destrucción de la propiedad pública y privada. Esta acción considerada como delictiva en los últimos tiempos, es la nota de cierre de un sin número de protestas en países de todo el mundo ya sean considerados desarrollados o en vía de desarrollo.
En el caso panameño, cuando vemos esas acciones, parecen mostrar una añoranza por volver a vivir los momentos del saqueo causado por la invasión del 20 de diciembre. Un acto de saqueo en el que los menos favorecidos tienen la oportunidad de tomar lo ajeno con base en la fuerza mostrada por la turba y así poder resolver cualquier tipo de necesidad sentida por ellos, aunque sea un capricho.
En el caso de las protestas estudiantiles, vemos con estupor y malestar cómo desencadenan las mismas, ya que aunque los motivos de las mismas tengan razón o no, es evidente la poca capacidad de mediación, negociación y la falta de propuesta por parte de las autoridades responsables.
La presión ejercida por factores económicos y políticos que se siente hoy día, la poca movilización ciudadana ante los respuestas que da el sistema, el conformismo con el que se vive, la falta de propuestas y una deficiente aplicación de la justicia son elementos necesarios para que un grupo de protestantes desemboque en acciones violentas sin medir las consecuencias.
Es así como veremos surgir a quienes, en nombre de la defensa propia, tomarán medidas de protección y, por otro lado, veremos a una turba dispuesta a acabar con todo sin distinguir si es amigo o enemigo.
La sociedad panameña, compuesta por menos de tres millones de habitantes, no se merece vivir momentos como los acontecidos en los últimos días, a no ser que haya toda una intención de llevarnos al caos para no estar dispuestos a sumarnos a ningún tipo de propuesta constructiva que nos lleve a todos a vivir mejores momentos en paz, justicia e igualdad de derechos.
Hay quienes protestan por la falta de una carretera, de agua, de luz, por la contaminación, por impugnar una elección, por justicia, por la construcción de un push bottom, en fin, sobran razones para protestar
En Panamá, las acciones de protestas históricamente han sido lideradas por los grupos de obreros, sindicatos, gremios y estudiantes, y en pocos eventos se ha contado con el protagonismo de la sociedad en general, como lo fue la irrepetible "Cruzada Civilista", la cual logró convocar una gran masa y convertirse en el punto de encuentro de todos los que de alguna forma tenían una razón para protestar contra la dictadura vivida en esos tiempos.
En el caso de los grupos estudiantiles, la lucha por la soberanía nacional fue el asta bandera que orientó durante generaciones los esfuerzos organizados de protestas y manifestaciones públicas.
Una vez cumplido el objetivo, tanto el país como los grupos organizados, parecen haber perdido el sentido de su ser, o mejor dicho el país se quedó sin propuesta, aunque algunos comprendieron que la lucha contra el llamado "Imperio" ahora ha sido relevada por una lucha contra un sistema explotador e injusto, en especial, contra los que menos tienen.
La sociedad panameña no tiene tradición de protesta; al contrario, hay casos en que para algunos una huelga es motivo para no ir a trabajar y escoger entre descansar o irse a pasear. La solidaridad no es un valor manifiesto, a no ser que la razón por la que se protesta nos afecte directamente.
El sistema que nos ha regido funciona de manera perversa, ya que su ineficacia, inoperancia e ineptitud ha contribuido a que los manifestantes estén obligados a ejercer presiones públicas como los tranques de calle para llamar la atención. Lógicamente estos tranques repercuten como efecto bumerán, pues hay quienes se ven afectados directamente aunque la manifestación en sí les esté haciendo un favor, defendiendo sus intereses.
Allí es donde entra en acción la Policía Nacional que, con sus arreos antimotines, sale dispuesta a mantener el orden ejerciendo medidas represivas contra los manifestantes en defensa de los derechos de terceros.
Un ingrediente de recién data en algunos actos de protestas criollos son los actos de vandalismo dirigidos al saqueo, la agresión física y la destrucción de la propiedad pública y privada. Esta acción considerada como delictiva en los últimos tiempos, es la nota de cierre de un sin número de protestas en países de todo el mundo ya sean considerados desarrollados o en vía de desarrollo.
En el caso panameño, cuando vemos esas acciones, parecen mostrar una añoranza por volver a vivir los momentos del saqueo causado por la invasión del 20 de diciembre. Un acto de saqueo en el que los menos favorecidos tienen la oportunidad de tomar lo ajeno con base en la fuerza mostrada por la turba y así poder resolver cualquier tipo de necesidad sentida por ellos, aunque sea un capricho.
En el caso de las protestas estudiantiles, vemos con estupor y malestar cómo desencadenan las mismas, ya que aunque los motivos de las mismas tengan razón o no, es evidente la poca capacidad de mediación, negociación y la falta de propuesta por parte de las autoridades responsables.
La presión ejercida por factores económicos y políticos que se siente hoy día, la poca movilización ciudadana ante los respuestas que da el sistema, el conformismo con el que se vive, la falta de propuestas y una deficiente aplicación de la justicia son elementos necesarios para que un grupo de protestantes desemboque en acciones violentas sin medir las consecuencias.
Es así como veremos surgir a quienes, en nombre de la defensa propia, tomarán medidas de protección y, por otro lado, veremos a una turba dispuesta a acabar con todo sin distinguir si es amigo o enemigo.
La sociedad panameña, compuesta por menos de tres millones de habitantes, no se merece vivir momentos como los acontecidos en los últimos días, a no ser que haya toda una intención de llevarnos al caos para no estar dispuestos a sumarnos a ningún tipo de propuesta constructiva que nos lleve a todos a vivir mejores momentos en paz, justicia e igualdad de derechos.