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Protesta social y populismo


Carlos Ayala Montero

Algunos gobernantes de América Latina y “expertos” en opinar sobre todos los temas en un permanente show mediático, declaran ampulosamente que la lucha de clases y las teorías “obsoletas” de las izquierdas no tienen sustento en el mundo globalizado actual porque desde la caída del socialismo se impone enfrentar los problemas sociales con una alianza de gobiernos y empresa privada con “responsabilidad social”, donde los trabajadores deben también aportar “algún sacrificio”.

De acuerdo a estos argumentos, no es necesaria la protesta de sindicatos ni de ningún tipo de organización popular o civil que exija la realización de la justicia social, en primer lugar porque los “buenos empresarios”, junto a gobiernos que entregan parte del presupuesto nacional en subsidios y beneficios directos como bonos y mochilas, entrega de dineros en efectivo (red de oportunidades, 100 para los 70, etc. ); se “esfuerzan” en resolver así los problemas de la sociedad y habría que sumarse a ese esfuerzo en vez de enfrentar tales medidas, y en segundo lugar porque están deslegitimados para ello, por decisión unilateral de los poderosos. En el mundo unipolar actual sin embargo, la sobreproducción elevó el consumo hasta acumular grandes riquezas de un lado y pobreza en el otro extremo social. En Panamá, los últimos 20 años produjeron una concentración de riqueza en donde el 70% está en manos del 20% más rico, y el 20% de los más pobres reciben el 3% de la riqueza nacional. El 1% de los más ricos poseen el 15% de la riqueza, lo que nos distingue como una de las peores distribuciones de la riqueza del mundo. Esta realidad no la cambian las medidas populistas descritas, ni las “buenas acciones” sociales de algunas empresas porque simplemente no son suficientes. Los trabajadores siguen teniendo poder adquisitivo muy limitado por más que se aumenten los salarios; los empleos sin protección social ni laboral crecen en relación de 8 a 1 respecto a los puestos formales de trabajo. El desempleo real ronda el 10% y hay total ausencia de estabilidad en el sector público debido al clientelismo político. La pobreza extrema sigue superando el 25% de la población.

Las estructuras socio-económicas no han cambiado y por lo tanto tampoco sus resultados. Las clases dominantes no tienen ningún plan nacional salvo obtener más poder y ganancias y la ideología difundida por la educación y los medios de comunicación social es la idolatría al individualismo egoísta y al dinero para consumirlo.

En esta realidad no es trasnochada ni manipulada por “ideologías desfazadas” la protesta social. Hace falta entender que para conjurarla no es necesario satanizarla sino entender sus causas y ajustar la conducta de los poderosos pues con o sin ideologías socio-políticas, a los pobres de siempre, legitimados por su realidad social, no les queda otra que protestar y hacer públicas sus reclamaciones de una vida más decorosa, con la esperanza de que otro mundo, más solidario y menos egoísta ¡aún es posible!

101 años de Panamá América

 
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