Protestas en Irán
La chispa se prendió no por causales endógenas en Irán sino por el estallido de fuerzas internas represadas por la intolerancia ideológica del régimen teocrático. Al principio apenas un puñado de estudiantes se reunió al calor de la noche el martes pasado, en las calles de Teherán, vírgenes al tipo de demostraciones estudiantiles corrientes en Occidente, para expresar disconformidad con los planes de privatizar las universidades.
Dos días después, al percibir que las manifestaciones estudiantiles se propagaban por el país al grito de lemas de vuelo político reclamando libertad a los déspotas teólogos, el gobierno de Alí Jamenei sacó a las calles a las milicias progubernamentales para disolverlas a punto de cuchillos y bastones.
Tarde o temprano se iba a producir el desgarramiento interno del gobierno retrógrado que rige a los habitantes de Irán como si fueran derviches atrasados, considera la libertad como un hábito decadente y obliga a las mujeres a un atavío anacrónico a través del cual apenas se divisan los ojos.
Ante la indiferencia de los países occidentales, la Casa Blanca salió en defensa de los estudiantes iraníes, exigiendo el cumplimiento de los derechos humanos y condenando la represión violenta de la policía contra las demostraciones callejeras.
Mientras la rebeldía juvenil estallaba dentro del territorio iraní, en el exterior la Unión Europea formuló un severo llamado al gobierno de Jamenei, urgiéndole a firmar y aplicar urgentemente y sin condiciones el protocolo adicional de no proliferación nuclear, según las conclusiones de la reunión de los ministros de relaciones exteriores en Luxemburgo. Teherán persiste en rechazar las inspecciones de los funcionarios de la agencia internacional de energía nuclear a sus centrales de energía, ubicándose en la línea de radical marginalidad de Corea del Norte.
Al igual que este país, Irán pretende una negociación de canje entre sus regulaciones nucleares con el apoyo comercial y tecnológico de los países de la Unión Europea. Si no se le aceptara sus condiciones de relanzamiento comercial llevaría adelante sus planes nucleares, con subyacente extorsión belicista. Si a su antidemocrática postura frente a las demostraciones de la sociedad civil, fatigada hasta la exasperación por el fanatismo de las normas de vida impuestas por los teólogos, se añade la renuencia a aceptar las reglas del desarrollo nuclear, se concluye que el desafío iraní a la comunidad internacional se aproxima a un punto de definiciones. Los teólogos sunnitas no pueden congelar el reloj de la modernidad, sin sufrir sus consecuencias.
Dos días después, al percibir que las manifestaciones estudiantiles se propagaban por el país al grito de lemas de vuelo político reclamando libertad a los déspotas teólogos, el gobierno de Alí Jamenei sacó a las calles a las milicias progubernamentales para disolverlas a punto de cuchillos y bastones.
Tarde o temprano se iba a producir el desgarramiento interno del gobierno retrógrado que rige a los habitantes de Irán como si fueran derviches atrasados, considera la libertad como un hábito decadente y obliga a las mujeres a un atavío anacrónico a través del cual apenas se divisan los ojos.
Ante la indiferencia de los países occidentales, la Casa Blanca salió en defensa de los estudiantes iraníes, exigiendo el cumplimiento de los derechos humanos y condenando la represión violenta de la policía contra las demostraciones callejeras.
Mientras la rebeldía juvenil estallaba dentro del territorio iraní, en el exterior la Unión Europea formuló un severo llamado al gobierno de Jamenei, urgiéndole a firmar y aplicar urgentemente y sin condiciones el protocolo adicional de no proliferación nuclear, según las conclusiones de la reunión de los ministros de relaciones exteriores en Luxemburgo. Teherán persiste en rechazar las inspecciones de los funcionarios de la agencia internacional de energía nuclear a sus centrales de energía, ubicándose en la línea de radical marginalidad de Corea del Norte.
Al igual que este país, Irán pretende una negociación de canje entre sus regulaciones nucleares con el apoyo comercial y tecnológico de los países de la Unión Europea. Si no se le aceptara sus condiciones de relanzamiento comercial llevaría adelante sus planes nucleares, con subyacente extorsión belicista. Si a su antidemocrática postura frente a las demostraciones de la sociedad civil, fatigada hasta la exasperación por el fanatismo de las normas de vida impuestas por los teólogos, se añade la renuencia a aceptar las reglas del desarrollo nuclear, se concluye que el desafío iraní a la comunidad internacional se aproxima a un punto de definiciones. Los teólogos sunnitas no pueden congelar el reloj de la modernidad, sin sufrir sus consecuencias.