Protestas, huelgas y democracia
Es pertinente destacar que la importancia de toda huelga radica en que se trata de un ejercicio cívico del pueblo panameño, mediante el cual se revalida uno de los principios fundamentales del sistema democrático: la participación ciudadana y la libertad para reclamar sus consagrados derechos.
Y en este entorno, una huelga está justificada sólo si se realiza en el marco del orden constitucional. Es por ello que cada jornada de protesta de los trabajadores organizados, especialmente aquellas lideradas por el SUNTRACS, es una oportunidad de los obreros para rehabilitar la maltratada imagen que la gente tiene de muchas de sus huelgas que han estado, casi siempre, empañadas por la violencia y el temor que siembran a su paso.
Esa percepción está claramente arraigada en la sociedad, debido a que muchas de las huelgas de estos sectores se han visto afectadas por el temor que producen ante el posible cierre de vías, daños materiales a sitios públicos y privados, desplome de la economía el día de la protesta y una exposición desmedida de las fuerzas del orden en las calles.
El balance final que prevalece es el lado oscuro de la huelga. Pues los objetivos suelen quedar en segundo plano. Si bien durante la última manifestación de los trabajadores y otros gremios no produjeron alteraciones del orden público, lo curioso es que sí creó mucho más preocupación sobre la seguridad y el tránsito que reflexiones sensatas sobre las desigualdades económicas que se dan en el país, a pesar del índice de crecimiento económico del 10% de los últimos años. Durante la huelga contra el alto costo de la vida quedó de manifiesto que el Gobierno tiene mucho que resolver, pero también que algunos gremios de trabajadores tienen retos nuevos que atender para hacerse escuchar en democracia.