Proyecto cinta costera es un plagio
Desde el extranjero escribo este artículo, después de recibir de personas amigas indignadas por la insistencia de algunas fuentes de presentar a la comunidad información que reiteradamente distorsiona la verdad para dar espacio al plagio. Me refiero al proyecto "cinta costera", sobre el cual se escribe sin registrar el nombre del o de los plagiarios. El artículo de Yolanda Sandoval de El Panamá América (octubre 2 de 2000), de contenido casi como respuesta al mío, publicado nueve días previos en el mismo diario, es el último de varios con marcadas intenciones de tergiversar la verdad. Sin lugar a dudas, buscan confundir a la opinión pública sobre mi autoría del proyecto, primero original, de título "Complejo Recreativo, Cultural y Deportivo", para encubrir el plagio.
La Real Academia define plagiar como el acto de "copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias".
En mi artículo "Espacios para la interacción social" (El Panamá América, septiembre 23 de 2000), con el propósito de refrescar la memoria de los actores de la abominable conducta de plagiar, me permití presentar con lujo de detalles el proyecto primero original para la construcción de aquel complejo sobre un relleno de 150 metros de ancho, paralelo a la Avenida Balboa entre el Mercado de Mariscos y la urbanización Punta Paitilla. Las pruebas están registradas en sendos artículos publicados en El Panamá América de abril 12 de 1995, abril 14 de 1995, mayo 7 de 1997 y febrero 20 de 2000. Señalé los insumos culturales, recreativos y deportivos que serían incluidos en un proyecto dinámico, de objetivos puntuales para la interacción social, en el desarrollo de la ciudad de Panamá. Advertí, además, que el proyecto "cinta costera" coincidía de manera sustancial con el mío propuesto desde hace más de cinco años previos, reiterado en las fechas indicadas y en mi libro "Planificación del Desarrollo en Panamá", de reciente publicación (páginas 133 y 150).
Hechas aquellas aclaraciones, sorprende que algunos personajes sigan insistiendo en hacer creer lo contrario, por lo que lamentablemente no me queda otro curso que denunciar por esta vía al proyecto "cinta costera" como un plagio a conciencia. Este proceder, por ser reiterado, merece seria reflexión y repudio de la comunidad, por cuanto pugna con los valores étnicos y morales que deben gobernar la conducta del hombre, del profesional.
En un país de economía emergente, esa conducta es más perjudicial aún, porque desestimula los aportes de ideas y opiniones libres que se ofrecen con el único propósito de enriquecer las propuestas de gobierno que buscan mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos.
Las instituciones y los gremios serios, al comprobar la acusación de plagio entre sus cuadros, se desligan del responsable para salvar su reputación; si éste se vincula a una institución académica, ipso facto, se dispone de su cátedra, porque su presencia en los entornos educativos -especialmente los de enseñanza superior- proyecta la peor imagen al educando... la deshonestidad intelectual y la corrupción. Exponer a éstos ser instruidos por aquél, o por los cómplices que lo apoyan, a sabiendas de su conducta, pugna con los postulados de la docencia.
Un diario que tiene como norte la búsqueda permanente de la verdad, manteniendo la línea ética, moral e intelectual que le ha hecho ganar el sitio que hoy día con justicia le corresponde, es El Panamá América. Es por ello que los de su nómina de comunicadores sociales deben ser cuidadosos en presentar la información a la comunidad de manera objetiva, ser fiel a los principios básicos de su profesión, y mantener consistencia con la línea de conducta de ese medio de comunicación.
Por último, es perturbante señalar, como acto de irreverente irresponsabilidad, insinuar el plagio a la administración anterior. En honor a la verdad de mi conocimiento, el gobierno previo nunca presentó como original suyo, la propuesta de "cinta costera". En todo caso, de haber sido contrario, las autoridades actuales del Ministerio de Vivienda, al ser alertadas sobre mi versión del proyecto, podrían haber procedido con cautela y prudencia hasta aclarar el panorama, para no exponerse a otra situación de irregularidad ética-administrativa.
El país no puede seguir siendo excesivamente tolerante al cinismo, a la deshonestidad y a la corrupción impunes. Esta cómoda conducta estimula mayores ocurrencias, debilita las instituciones democráticas y la gobernabilidad, y hace muy difícil marcar un verdadero progreso en el desarrollo económico, social y cultural de Panamá.
La Real Academia define plagiar como el acto de "copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias".
En mi artículo "Espacios para la interacción social" (El Panamá América, septiembre 23 de 2000), con el propósito de refrescar la memoria de los actores de la abominable conducta de plagiar, me permití presentar con lujo de detalles el proyecto primero original para la construcción de aquel complejo sobre un relleno de 150 metros de ancho, paralelo a la Avenida Balboa entre el Mercado de Mariscos y la urbanización Punta Paitilla. Las pruebas están registradas en sendos artículos publicados en El Panamá América de abril 12 de 1995, abril 14 de 1995, mayo 7 de 1997 y febrero 20 de 2000. Señalé los insumos culturales, recreativos y deportivos que serían incluidos en un proyecto dinámico, de objetivos puntuales para la interacción social, en el desarrollo de la ciudad de Panamá. Advertí, además, que el proyecto "cinta costera" coincidía de manera sustancial con el mío propuesto desde hace más de cinco años previos, reiterado en las fechas indicadas y en mi libro "Planificación del Desarrollo en Panamá", de reciente publicación (páginas 133 y 150).
Hechas aquellas aclaraciones, sorprende que algunos personajes sigan insistiendo en hacer creer lo contrario, por lo que lamentablemente no me queda otro curso que denunciar por esta vía al proyecto "cinta costera" como un plagio a conciencia. Este proceder, por ser reiterado, merece seria reflexión y repudio de la comunidad, por cuanto pugna con los valores étnicos y morales que deben gobernar la conducta del hombre, del profesional.
En un país de economía emergente, esa conducta es más perjudicial aún, porque desestimula los aportes de ideas y opiniones libres que se ofrecen con el único propósito de enriquecer las propuestas de gobierno que buscan mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos.
Las instituciones y los gremios serios, al comprobar la acusación de plagio entre sus cuadros, se desligan del responsable para salvar su reputación; si éste se vincula a una institución académica, ipso facto, se dispone de su cátedra, porque su presencia en los entornos educativos -especialmente los de enseñanza superior- proyecta la peor imagen al educando... la deshonestidad intelectual y la corrupción. Exponer a éstos ser instruidos por aquél, o por los cómplices que lo apoyan, a sabiendas de su conducta, pugna con los postulados de la docencia.
Un diario que tiene como norte la búsqueda permanente de la verdad, manteniendo la línea ética, moral e intelectual que le ha hecho ganar el sitio que hoy día con justicia le corresponde, es El Panamá América. Es por ello que los de su nómina de comunicadores sociales deben ser cuidadosos en presentar la información a la comunidad de manera objetiva, ser fiel a los principios básicos de su profesión, y mantener consistencia con la línea de conducta de ese medio de comunicación.
Por último, es perturbante señalar, como acto de irreverente irresponsabilidad, insinuar el plagio a la administración anterior. En honor a la verdad de mi conocimiento, el gobierno previo nunca presentó como original suyo, la propuesta de "cinta costera". En todo caso, de haber sido contrario, las autoridades actuales del Ministerio de Vivienda, al ser alertadas sobre mi versión del proyecto, podrían haber procedido con cautela y prudencia hasta aclarar el panorama, para no exponerse a otra situación de irregularidad ética-administrativa.
El país no puede seguir siendo excesivamente tolerante al cinismo, a la deshonestidad y a la corrupción impunes. Esta cómoda conducta estimula mayores ocurrencias, debilita las instituciones democráticas y la gobernabilidad, y hace muy difícil marcar un verdadero progreso en el desarrollo económico, social y cultural de Panamá.