Prudencia ante el caso Montesinos
Estimo que la presidenta de la República, señora Mireya Moscoso, está actuando con la suficiente prudencia en el caso Montesinos, al decidir en primera instancia que se le otorgue status de turista, mientras se prosigue en el estudio a su solicitud de asilo político, contenida en una carta por el susodicho ex-asesor de seguridad peruana. En este caso es la petición formal del interesado, luego del ruego verbal a la mandataria nuestra por el presidente Fujimori, interesado en poner a buen recaudo a su brazo derecho de tantas tropelías, principalmente del escándalo mayúsculo en que Vladimiro Montesinos está involucrado en el soborno a un congresista de oposición para que se cambiara a las toldas oficialistas y que fue sorprendido in fraganti bajo el lente de un vídeo.
Si tomamos en cuenta la última acometida de Montesinos que lo encuadra penalmente como delincuente común, lo ha de privar de un resultado favorable a su petición, sumado a que están en nuestro país varios congresistas peruanos, quienes están dando cuenta por distintos medios del largo rosario delictivo del escapado peruano con ayuda oficial de régimen nefasto que impera y en que su mandatario se ha reelegido, recientemente, con todos los vicios electorales y que actualmente bajo sus pies tiene un pico muy frágil, ya que el repudio al mismo se ha generalizado con el dinero sucio del soborno para que se enardecieran los ánimos de una militante oposición, obligante entonces para Fujimori, prometer unas nuevas elecciones, donde él no figurará como candidato. Aun cuando pudiéramos dudar de este propósito, la lógica indica que Fujimori está destinado a abandonar el poder quizás mucho antes de la fecha señalada para las próximas elecciones, ya que si se empecinara en aferrarse al poder, olvidándose de su promesa, entraría en un aislamiento internacional, ya que, en primer lugar, la Organización de Estados Americanos lo tiene en la mira.
Pero en el caso específico de Vladimiro Montesinos, su presencia en nuestro país apesta y sus primeros efectos putrefactos están junto al régimen de Fujimori, más cuando recientemente la Fiscalía encargada de atender el caso de soborno, tranquilamente siguiendo órdenes de Palacio, decidió archivar el caso, en que seguramente la Fiscalía Superior peruana ha de confirmar lo actuado por el inferior. Por otra parte, si bien es cierto, porque lo admitimos que la OEA, representada en estos momentos por su secretario general, César Gaviria, ha mostrado el interés de que Montesinos fuera recibido en nuestro país, ello no escapa a que el Departamento de Estado ha estado muy activo en ese sentido, lo que demuestra que para los Estados Unidos el régimen de Fujimori tiene sus días contados y tras unos nuevos comicios encabezados o no por Fujimori, el nuevo mandatario será Alejandro Toledo a quien le corresponderá hacer formal petición de extradición del mentado Vladimiro Montesinos, por lo que la prudencia del Ejecutivo panameño, conduce a ese propósito.
Si tomamos en cuenta la última acometida de Montesinos que lo encuadra penalmente como delincuente común, lo ha de privar de un resultado favorable a su petición, sumado a que están en nuestro país varios congresistas peruanos, quienes están dando cuenta por distintos medios del largo rosario delictivo del escapado peruano con ayuda oficial de régimen nefasto que impera y en que su mandatario se ha reelegido, recientemente, con todos los vicios electorales y que actualmente bajo sus pies tiene un pico muy frágil, ya que el repudio al mismo se ha generalizado con el dinero sucio del soborno para que se enardecieran los ánimos de una militante oposición, obligante entonces para Fujimori, prometer unas nuevas elecciones, donde él no figurará como candidato. Aun cuando pudiéramos dudar de este propósito, la lógica indica que Fujimori está destinado a abandonar el poder quizás mucho antes de la fecha señalada para las próximas elecciones, ya que si se empecinara en aferrarse al poder, olvidándose de su promesa, entraría en un aislamiento internacional, ya que, en primer lugar, la Organización de Estados Americanos lo tiene en la mira.
Pero en el caso específico de Vladimiro Montesinos, su presencia en nuestro país apesta y sus primeros efectos putrefactos están junto al régimen de Fujimori, más cuando recientemente la Fiscalía encargada de atender el caso de soborno, tranquilamente siguiendo órdenes de Palacio, decidió archivar el caso, en que seguramente la Fiscalía Superior peruana ha de confirmar lo actuado por el inferior. Por otra parte, si bien es cierto, porque lo admitimos que la OEA, representada en estos momentos por su secretario general, César Gaviria, ha mostrado el interés de que Montesinos fuera recibido en nuestro país, ello no escapa a que el Departamento de Estado ha estado muy activo en ese sentido, lo que demuestra que para los Estados Unidos el régimen de Fujimori tiene sus días contados y tras unos nuevos comicios encabezados o no por Fujimori, el nuevo mandatario será Alejandro Toledo a quien le corresponderá hacer formal petición de extradición del mentado Vladimiro Montesinos, por lo que la prudencia del Ejecutivo panameño, conduce a ese propósito.