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Pruebas de la crisis


Hemos venido sosteniendo, por lo menos desde hace un año, en varias colaboraciones de las que este diario ha acogido, que el país vive, desde un largo tiempo retrospectivo, una gravísima crisis general. Todas las esferas de la actividad nacional, sin excepción, están afectadas, mediana o profundamente, por la situación que hemos señalado, y que hoy reiteramos, porque no ha habido la menor mejoría en la misma, ni en las esferas gubernamentales, ni en las de la vida corriente de nuestro conglomerado humano de unos tres millones de habitantes.
Nuestros señalamientos han tenido el propósito de que tirios y troyanos seamos más conscientes de tan lamentable funcionamiento de esta Patria. Pero todo indica que sólo cuando algún sector es golpeado catastróficamente, que la opinión general se percata de los últimos agravamientos, que "suelen suceder", según la inolvidable letra del tango de Gardel. Lo más tortuoso de las dolorosas situaciones que venimos padeciendo en estos días radica en las muertes, por enfermedades de envenenamientos y en las que observamos en el tránsito de vehículos, por una u otras razones. Hemos presenciado las tragedias generadas por los vehículos terrestres o automóviles, varios de los cuales ni siquiera estaban autorizados para el transporte de seres humanos, y sobre la muerte de ciudadanos por envenenamiento causado por el suministro, de hace tiempo o de días atrás, de medicinas mezcladas en laboratorios de la Caja de Seguro Social (CSS).
Parece que las fórmulas de solución de mayor acogida en la materia de envenenamiento han sido las que se refieren a la unión de la CSS y del Ministerio de Salud, a fin de hacerles frente a los aludidos problemas, por una mancomunidad de las dos dependencias estatales mencionadas. Como nuestros problemas no están en las manifestaciones de los mismos, sino en las causas varias que los suscitan, no creemos que la fórmula de que se está considerando como el acierto necesario, muy poco influirá en las indispensables mejorías. Uno de los resultados probables, que advertimos como de acaecimiento posible, es el de un Seguro Social más ineficaz, porque la alianza aludida parece encaminada a apoyarse en un Seguro que no es de lo mejor, y que tal vez agrave sus males.
La crisis general y profunda, que existe en el país, no mejorará siquiera con simples paliativos, de ocurrencia, sino que toda la población panameña debería ser consciente de la profundidades y realidades de nuestra crisis generalizada, para que nuestros mejores cerebros, con la colaboración de técnicos extranjeros de superior eficiencia, nos ayuden en estos difíciles tiempos, según un orden de prioridades que se adscriban a nuestras innegables y terribles problemáticas.
No nos extraña que una de las primeras medidas del problema canalero, que no le vemos mayor urgencia, haya sido la de "contratar" un millonario préstamo, que acompañará a los trabajos iniciales. ¿Y acaso no decían los proponentes de las nuevas esclusas, que éstas serían autofinanciables con nuevos peajes, y que lo del préstamo era algo casi remoto? Hemos vivido de falsas promesas y de un pésimo personal encargado de dirigir y navegar el barco del Estado, y todavía esa amarga experiencia nada nos enseña. ¿Se sabe de la revisión anual que constitucionalmente la Contraloría debe hacerle a la ACP?
Parece que la ineficiencia en los campos oficiales, como en los campos privados, es una de las causas de nuestra crisis, cada vez más profunda. Y parece también que lo que nos "alegra" es la de "tomar el rábano por las hojas".
La libra de cobre es de B/.2.50, mientras que la del aluminio, la lata y radiadores es de B/. 0.50 por libra.
Cabe señalar que el material ferroso se compra por tonelada y es clasificado según su calidad, lo que hace variar su precio, de forma tal que puede comprarse entre B/. 50 a B/. 150 la tonelada.
Rolando Barahona conoce bien el negocio de la compra y venta de material ferroso. Él administra uno de estos locales en el sector de San Miguel, corregimiento de Calidonia.
Define la venta de ese material como un "buen negocio" y tiene razones, pues sus ganancias superan los B/. 3 mil mensuales.
Aunque considera que el movimiento ha bajado un poco, cree que eso se debe a que las personas sienten temor a la hora de comprar y vender los materiales, ya que las autoridades están tras la pista de este negocio.
Lo que dice Barahona está relacionado con el hecho de que en los últimos meses ha aumentado el robo de cables telefónicos y de tapas de alcantarillas, que luego son vendidos.
Daniel Bonilla coincidió con Barahona en que las ventas han bajado y cree que se debe también a que la gente no se atreve a movilizar la mercancía.
En su local no compran tapas de alcantarillas y cables si la persona que los vende no dice su procedencia y datos generales.
Los entrevistados coincidieron en que los vendedores son, por lo general, indigentes, personal de la Dirección Municipal de Aseo Urbano y Domiciliario (DIMAUD).
Cuando llueve hay accidentes, como en Calidonia.
Juan García, director de Legal y Justicia de la Alcaldía de Panamá, manifestó que "extraer la tapa de una alcantarilla dejando al descubierto huecos que causan perjuicio a vehículos y peatones, es un delito porque se hurta un bien ajeno, en este caso del Estado".
Ante la modalidad de compra y venta de material de hierro estatal, evidenciado en algunos centros de acopio, rige en el Municipio de Panamá el Acuerdo 66 de 20 de junio de 2005 que impone sanciones por comprar este metal adquirido de forma ilícita.
García señaló que las empresas que se les compruebe que acopian, compran o venden bienes del Estado, tales como alcantarillas, postes, casetas, estructuras, paradas colectivas o demás bienes del Estado, se les aplicarán medidas drásticas, incluido el cierre.
José Carías, jefe de Aguas Servidas del Instituto Nacional de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN), advirtió en su momento sobre el peligro de la modalidad de hurto de tapas de alcantarilla.
Efectivamente si estaba en un área pública, causa accidentes vehiculares e incluso, las personas pueden fracturarse al caer en los huecos.
Añadió que cada tapa, cuyo peso aproximado es de 50 libras, cuesta unas B/.100.
En el hurto de estos materiales se incluyen también los cables telefónicos de la empresa Cable & Wireless.
El primer semestre de este año le ha significado a la compañía una inversión de más de B/. 1.8 millón para reponer los daños ocasionados por quienes se dedican a esa práctica.

101 años de Panamá América

 
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