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PTJ o Caja de Pandora



Las revelaciones hechas públicas de que funcionarios de la Policía Técnica Judicial, encargados de la custodia de armas incautadas a malhechores, vendían éstas a pandilleros, más que alarmantes resultan estremecedoras. Los que conforme a la Constitución tenían el deber de velar por la protección, honra y bienes de los ciudadanos, lucraban con espantable patrocinio a los ladrones, asaltantes y asesinos, vendiéndoles armas que les facilitarían asaltar, robar y matar. Cínicamente tenían establecido un negocio tan funesto como repugnante dentro de la institución.
A pesar del desprestigio que bien se había ganado la entidad por la gama de delitos en que se veían envueltos sus miembros desde asaltos, tumbes y venta de drogas sustraídas, también, de entre las incautadas a narcotraficantes; falsificación de documentos, violaciones carnales y sustracción de expedientes, nunca hubo acción delictiva tan reprochable como ésta.
Los que vendieron armas que habían sido incautadas por la PTJ y que estaban bajo su custodia, deben ser castigados severamente por haberlas hecho volver a las calles. En especial, hay que castigar lo más rigurosamente posible a aquellos a quienes se les compruebe que las vendieron directamente a pandilleros, puesto que lo hicieron a conciencia plena de que serían usadas para asaltar, robar y matar. Con ello han demostrado ser tan despreciables como peligrosos son los rufianes que constituían su clientela.
La institución necesita un proceso de depuración profunda, que va mucho más allá de mudar su parafernalia y sus motetes de la égida del Ministerio Público a la de la Policía Nacional. El ejercicio adelantado por la Procuradora, al salir del subdirector Bravo y del director Jácome, no surtió los efectos esperados; pero permitió, en una especie de tratamiento de "shock", poner en evidencia lo podrida que está la institución.
Esperemos que el nuevo director Ayú Prado pueda, en los cortos seis meses que se le han dado, sentar al menos las bases para empezar a poner orden. Es casi una misión imposible la que se le ha encomendado, pero con voluntad se podría lograr algún efecto positivo. Estaremos pendientes del desarrollo del proceso de renovación institucional que requiere tan fundamental auxiliar en la lucha contra la criminalidad para que deje de ser la caja de Pandora de la que salen toda clase de males y bichos repugnantes.

101 años de Panamá América

 
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