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Publicidad engañosa del cambio


El haber abrigado la esperanza de que el ejecutivo designara personajes sobre los cuales no tuviese algún tipo de control, era de por si autoengañarse, más cuando el solo hecho de ser nombrado genera una relación de subordinación entre la autoridad nominadora y el nominado.

Una cosa si es obvia, a medida que pasan los días de la actual administración gubernamental se puede percibir que el mensaje del supuesto cambio solo resulto ser lo que siempre fue, una estrategia mediática sin intención real.

A este gobierno bien se le puede nombrar como han querido, un cambio, pero más relacionado al mundo publicitario, cada intervención recuerda cuando los presentadores de programas le dicen a su teleaudiencia, hacemos una pequeña pausa para un cambio comercial, en cada aparición que hace algún miembro de este gabinete generan todo un espectáculo como si vendieran un producto nuevo pero que al final se convierte en el típico fraude publicitario que deja mayores expectativas y vacios de calidad.

Aunado a ese afán protagonista pareciese que la tentación de la ostentación de poder los empuja hacia la tenue línea de un autoritarismo, que los induce a interpretar que todo lo que hagan o dejen de hacer es lo correcto porque su escogencia electoral así lo dispuso, olvidando que esa masa electoral también en su momento los juzga y que no hay mayor cosa efímera que el populismo.

Gran error cometen al escoger personas que puedan tildárseles un pasado o que por causas de sus acciones u omisiones profesionales se les construya contraargumentos que políticamente le afectan a la institucionalidad donde se les nombra.

Lo objetivo por el momento es que el gobierno arrancó con ínfulas de cesarismo sobre la persona del Presidente, pretenden seguir gobernando a base de encuestas y mejor proyección mediática, sin duda estrategias que manejan muy bien, a tal punto de invisibilizar lo malo y lo feo que les pueda suceder y este sucediendo por lo poco bueno que en realidad están haciendo, a fin de cuentas el elector como el consumista al final dará cuenta de que ha sido objeto de una publicidad engañosa.

101 años de Panamá América

 
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