¿Puede la política mejorar la educación?
Es lógico que los políticos hagan promesas, pues su éxito depende del respaldo que genere su candidatura. También que éstas se enfoquen en los problemas más apremiantes que enfrenta la sociedad. Y no hay duda alguna de que en la educación, siendo clave para el éxito del país, se concentran el mayor atraso social, un cúmulo significativo de corrupción y un mar insondable de fracasos de todo tipo.
En los próximos meses seremos abrumados con promesas sobre la transformación de la educación y correremos el grave riesgo de creer que las soluciones dependerán de la política.
Si analizamos lo que ha ocurrido en los últimos 18 años veremos que, en medio de muchas confusiones y desconciertos, lo único que queda claro es que la política partidista ha sido incapaz de intervenir con éxito en el sector educativo. Un diagnóstico más radical quizás nos diría que los políticos solo han agravado la ya existente crisis de la educación. Entonces, ¿por qué seguimos pensando que las promesas que el próximo Presidente haga en su fase de candidato tendrán algún efecto positivo sobre la enseñanza que reciben los chicos en las escuelas? ¿No sería mejor que la única propuesta que hagan los candidatos sea la de dejar la política fuera del Ministerio de Educación?