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Puente y canal benditos


Es motivo de regocijo que la tan delicada función de ser Arzobispo de la Diócesis de Panamá haya recaído en Monseñor Ulloa. La anunciada jubilación del Prelado anterior abrió un compás de incertidumbre, pues la Iglesia católica juega un papel importante en la estabilidad del país. Pronto se despejó la incógnita y el resultado nos tranquiliza a todos los que hemos visto desempañarse públicamente a Monseñor Ulloa. Sus palabras iniciales en el discurso de aceptación de tan elevada responsabilidad fueron verdaderamente tranquilizantes. “Seré puente y canal”, manifestó el nuevo prelado, aludiendo a su compromiso de intentar siempre el avenimiento entre las partes alejadas por los conflictos y llevar la voz de los que no tienen el poder de hacerse escuchar en una sociedad en la que la pobreza menoscaba la vigencia de las libertades y las vergonzosas disparidades permanecen escondidas por promedios nacionales que nos colocan falsamente por encima de la mayoría de los países vecinos de la región. La decisión del Vaticano de confiar la jefatura de la Iglesia Católica de Panamá en las buenas manos de Monseñor Ulloa ha sido sabia, pues en los tiempos en que vivimos los hombres de fe pueden hacer mucho por la buena salud del conglomerado social, es decir, su labor va más allá que la de atender a sus feligreses. De Monseñor Ulloa esperamos una posición de equilibrio en medio de las tensiones que hay y que pudiera haber y le manifestamos nuestro decidido apoyo en esta dirección.

101 años de Panamá América

 
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