Puerto Rico no es una estrella más
La derrota sufrida por quienes en el referéndum de ayer propiciaban incorporar a Puerto Rico como un estado más de Estados Unidos, sufrieron una derrota más, cuando sus partidarios sólo lograron alcanzar el 46.5% de los votos, al escrutar el 97.5% del total sufragado.
Pese a la intensa campaña desplegada personalmente por el gobernador Pedro Roselló, frente a la casi ninguna de los opositores con menos recursos, el voto a favor de la estadidad no aumentó siquiera una décima, con respecto al 46.3% que sumó en 1993.
Obviamente, Roselló procuró disminuir el alcance del resultado adverso, resaltando la casi nula acogida de la opción que reclamaba mantener el actual status de Estado Libre Asociado, que ahora sumó apenas 0.15% más 0.3% que marcó otra de sus variantes (Libre Asociación).
Pero la dura realidad de las cifras es que el voto de rechazo tanto a la estadidad como al de Estado Libre Asociado, registró una mayoría absoluta de 52.7%, sumando dentro de ese porcentaje los votos de los independentistas (2.5%) y de los que rechazaron todas las opciones (50.2%).
Puerto Rico fue arrebatado a España por Estados Unidos en 1898 en una cruenta guerra naval que también le significó la pérdida de Cuba. Desde ese instante, Puerto Rico quedó en situación de ocupación colonial hasta 1952 cuando en un referéndum votó por ser Estado Libre Asociado.
La estadidad venía siendo impulsada por miembros del Congreso de Estados Unidos, deseosos de poner fin al sui generis status actual, que no le permite ser una nación soberana ni un estado más de la confederación norteamericana, bajo el cual sus ciudadanos tiene bandera propia, pero portan pasaporte estadounidense, a la vez que usan el dólar como moneda y sirven al ejército de ese país, pero no pueden votar para presidente ni elegir representantes en el congreso de Norteamérica.
Pero un referéndum polémico de hace algunos años puso una voz de alarma en el Congreso de la Unión. Los puertorriqueños escogieron por cómoda mayoría continuar con el español como lengua oficial, en momentos en que en California y otros estados ocurría lo contrario.
A partir de entonces cunde el temor de convertir a Puerto Rico en la mayor de todas las minorías del país, en circunstancias en que los censos nacionales muestran que en muy pocos años la población blanca pasará a ser una minoría en su propia nación y que para fines de siglo los latinos que ya suman 32 millones de almas pasarán a superar a la población negra. Por lo visto, los partidarios de la estadidad tendrán que ir explorando otras opciones.
Pese a la intensa campaña desplegada personalmente por el gobernador Pedro Roselló, frente a la casi ninguna de los opositores con menos recursos, el voto a favor de la estadidad no aumentó siquiera una décima, con respecto al 46.3% que sumó en 1993.
Obviamente, Roselló procuró disminuir el alcance del resultado adverso, resaltando la casi nula acogida de la opción que reclamaba mantener el actual status de Estado Libre Asociado, que ahora sumó apenas 0.15% más 0.3% que marcó otra de sus variantes (Libre Asociación).
Pero la dura realidad de las cifras es que el voto de rechazo tanto a la estadidad como al de Estado Libre Asociado, registró una mayoría absoluta de 52.7%, sumando dentro de ese porcentaje los votos de los independentistas (2.5%) y de los que rechazaron todas las opciones (50.2%).
Puerto Rico fue arrebatado a España por Estados Unidos en 1898 en una cruenta guerra naval que también le significó la pérdida de Cuba. Desde ese instante, Puerto Rico quedó en situación de ocupación colonial hasta 1952 cuando en un referéndum votó por ser Estado Libre Asociado.
La estadidad venía siendo impulsada por miembros del Congreso de Estados Unidos, deseosos de poner fin al sui generis status actual, que no le permite ser una nación soberana ni un estado más de la confederación norteamericana, bajo el cual sus ciudadanos tiene bandera propia, pero portan pasaporte estadounidense, a la vez que usan el dólar como moneda y sirven al ejército de ese país, pero no pueden votar para presidente ni elegir representantes en el congreso de Norteamérica.
Pero un referéndum polémico de hace algunos años puso una voz de alarma en el Congreso de la Unión. Los puertorriqueños escogieron por cómoda mayoría continuar con el español como lengua oficial, en momentos en que en California y otros estados ocurría lo contrario.
A partir de entonces cunde el temor de convertir a Puerto Rico en la mayor de todas las minorías del país, en circunstancias en que los censos nacionales muestran que en muy pocos años la población blanca pasará a ser una minoría en su propia nación y que para fines de siglo los latinos que ya suman 32 millones de almas pasarán a superar a la población negra. Por lo visto, los partidarios de la estadidad tendrán que ir explorando otras opciones.