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Puñetazos con la izquierda, abrazos con la derecha


El reciente homicidio de un humilde obrero de la construcción –tercero en circunstancias similares- debe llevarnos a la reflexión en medio de esa vorágine de violencia que amenaza con diluir el proyectado desarrollo. No hay justificación que valga frente al machismo, el autoritarismo y la intolerancia. Se requería lo que en penal se conoce como proporcionalidad en la acción por parte de los agentes policiales. Hoy conocemos que Smith acudió al nosocomio antes del mortal incidente, con una herida en el parpado; es decir, estaba muy lejos del teatro original de violencia. No se necesita ser un CSI para saber que el informe policial no se compadece con un Al Iromi Smith inerme, desarmado y con un tiro en la espalda. Violencia engendra más violencia. En otro escenario, tirar objetos como bloques desde una altura considerable como lo es un quinto piso, es claramente intento de homicidio, por lo que no se puede justificar como defensa propia la acción de otros obreros que, so pretexto de reclamar justicia, cometen otra gran injusticia.

Aún me rompo la cabeza y me pregunto: ¿Cuál es la necesidad de los estrategas de la seguridad nacional de transformar a humildes obreros en mártires políticos? ¿Será que alguien le hace algún favor a Chávez? Lejos de la retórica marxista o que se intente justificar a la tropa de choque de la revolución bolivariana SUNTRACS-FRENADESO, al igual como la mujer panameña maltratada con los ojos colombianos, de manera simple comprendo y no hace falta que Trespatines me lo explique: ¡Hipócrates, son las mismas manos! Ese es el dilema de la maltratada: las mismas manos que acarician son las que golpean. No puede el Estado como parte de las políticas publicas promover en pleno la campaña contra la violencia y por otro lado desplegar el aparato represivo sin los controles adecuados.

El pueblo -que es inteligente- percibe -al igual que la mujer maltratada- que le estás metiendo puñetazos con la izquierda y después le das cariñosos abrazos con la derecha. Vivimos en estado de derecho. No es buen camino justificar la violencia venga de donde venga.

101 años de Panamá América

 
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