default

Punto de Vista Colombiano-fobia


Leía en el libro de Enrique Santos Molano “1903, Adiós Panamá” que el periódico “El Diario Comercial de Barranquilla” publicó en enero de 1900 una carta enviada al director de Star & Herald fechada 18 de noviembre de 1899 donde, a raíz de previa publicación que indicaba la solicitud del Departamento del Istmo de anexión a los Estados Unidos, unos tres mil firmantes encabezados por Manuel Amador Guerrero y Tomás Arias declaraban: “…protestamos enérgica y solemnemente contra la supuesta o verídica solicitud hecha al Gobierno de Washington para que se anexione este territorio y arrebate de él la soberanía de Colombia, bajo cuya gloriosa bandera nacimos y queremos vivir y morir”

Nuestra relación amor-odio con la República de Colombia quizás nace aquel 28 de noviembre de 1821, luego que el pueblo en la plaza pública aprobara la declaración de independencia que en su artículo 2 indica que las Provincias del Istmo (entiéndase Panamá y Veraguas) pertenecían a la República de Colombia en adelante.

Cientos de incidentes después Panamá se separa definitivamente. Hago esta relación porque es importante establecer que esa llamada migración de colombianos a Panamá que ahora tanto se critica no es de una nación lejana y ajena a nuestra historia. Son más de ochenta años en los cuales solo fuimos un Departamento Colombiano.

¿Entonces porque le endilgamos todos nuestros males a los ciudadanos colombianos que viven en nuestro país, si lo más seguro es que la mayor parte de nosotros tenga esa descendencia?

Nuestros problemas de seguridad van más allá de la nacionalidad de los que perpetran los hechos. Sugerir que un cónsul sin casi ninguna herramienta útil de verificación puede a través de una visa controlar que colombianos son buenos y cuáles no es poco serio. Plantear que construir una carretera de cuatro carriles o un camino marino que nos una por tierra a Sudamérica es acabar con el Tapón del Darién es una ficción que al buen analista, resulta sospechosa y habría que hurgar para ver si detrás de esta histórica premisa no hay intereses creados conjurados con generadores de opinión.

Recuerdo a un amigo colombiano que trabajaba en un restaurante de la localidad como mesero. Un tiempo después me enteré que ya no estaba porque había logrado un puesto de sobrecargo en una aerolínea local. Meses después lo volví a ver en el mismo restaurante de mesero. Preocupado por un posible fracaso le pregunté que había pasado y me dijo que seguía en la aerolínea, pero ese era su día libre y como el dueño del restaurante lo autorizaba el utilizaba el mismo para trabajar. Ahí fue cuando descubrí que nunca he visto a un colombiano en las calles de Panamá pidiendo limosna.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América