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Punto de Vista Contribución a la Formación de la Nacionalidad Panameña


Obtenida la separación de los restos de la Gran Colombia en 1903, una de las primeras tareas del novel gobierno fue impulsar la Educación Nacional. Así, el 25 de abril de 1909 abre sus puertas el Instituto Nacional en Calle 14 Oeste, como escuela laica consistente con las tendencias liberales de entonces. El 18 de junio de 1909 se inauguran las actuales instalaciones a las faldas del Cerro Ancón.

Esta república, nacida en medio de profundas divergencias políticas y económicas entre las clases dominantes colombianas, la incipiente clase comercial y empresarial desarrollada en torno a los intereses del ferrocarril, el expansionismo del Imperio norteamericano y los intereses de los propietarios de la Compañía del Canal Francés, era puesta a prueba en la definición de su perfil como nación.

Las injusticias de la gestión racista y excluyente del enclave norteamericano generan en la juventud institutora desde entonces, una conciencia de las reivindicaciones nacionales. Puede decirse, sin temores a equivocarnos, que la conciencia de la nacionalidad panameña se forja en buena medida en las aulas del Instituto Nacional. Esta fue su gran contribución en el pasado. La heroica participación de los institutores de entonces en las luchas por la nacionalidad en 1947, por una mejor educación en 1958, la permanente lucha por el fortalecimiento de una educación laica, científica, orientada al pensamiento crítico fueron y han sido características claramente impresas en el carácter, la formación y la visión que recibimos los egresados del colegio, junto con un claro espíritu nacionalista moderno y democrático. A nuestra generación le tocó vivir el 9 de enero de 1964. Avanzada de la lucha nacionalista, la juventud institutora estandarte de la nacionalidad, abre con pasos bravíos los caminos de la liberación, regada con sangre generosa del humilde pueblo panameño, que no buscaba espacios políticos, propiedades, ni prebendas. Puro Amor Patrio, que el generoso pueblo panameño demostró en las calles, siguiendo el ejemplo de jóvenes aguiluchos armados con sus libros, sus corazones y voluntades, lanzados al vuelo en rescate de la soberanía nacional.

Desde entonces muchas cosas han cambiado. Aunque mediatizado, se ha recuperado el honor nacional y el recurso que significa la posición geográfica. Sin embargo, los frutos de esa lucha, todavía no llegan a todo nuestro pueblo. Ayer fueron los intereses de las clases dominantes. Hoy, lamentablemente, subsisten las mismas taras, teñidas de actitudes patrioteras de quienes se cubren con el ropaje nacionalista para continuar saqueando la Patria herida. Felizmente, hay una mayor conciencia ciudadana, que exige respeto. En este contexto, los que hemos vivido buena parte de la historia republicana, nos toca ayudar a los aguiluchos que revolotean dentro de las aulas del Glorioso Nido de Águilas. Ayer nos tocó luchar por el rescate de la soberanía nacional, por la formación de la nacionalidad panameña, por una educación laica y científica. Les toca a los aguiluchos de hoy continuar la obra y construir una mejor Patria, más inclusiva, con su aporte en el conocimiento, la apertura social y el fortalecimiento de la Democracia.

101 años de Panamá América

 
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