Punto de vista La crisis de Honduras (II)
El panorama en busca de una solución al delicado problema hondureño pareciera que marcha por buen camino. Estados Unidos ha tomado inteligentemente la iniciativa tendiente a hallarle, mediante la negociación, una salida al “impás” existente. No hay dudas -aunque se mantiene un gran secreto al respecto- que fue Estados Unidos, por su oportuna intervención, que se encontró un mediador (Oscar Arias, presidente de Costa Rica) a la situación en el país centroamericano.
Ha resultado muy lamentable que el Secretario de la OEA no jugó un papel de equilibrio que le hubiera permitido haber negociado una paz en Honduras. Pensó más en su reelección de captar los votos formados por el bloque de cinco países populistas, que constituirse en un elemento de aceptación en la solución al problema diplomático. La OEA ha podido pronunciarse, como lo hizo, con la aceptación de todos y él, como funcionario, mantenerse al margen de dicha resolución para poder actuar, como ha debido hacerlo, en su momento oportuno. Tanto el presidente Manuel Zelaya como el presidente Micheletti aceptaron la mediación del ganador del Premio Nobel de la Paz.
No hay duda de que el trabajo es difícil, muy complejo, y que se necesita mucha habilidad y paciencia. Todas estas cualidades las tiene el presidente costarricense. Es posible que después de muchas negociaciones se encuentre, como es el deseo de todos, que la paz vuelva a Honduras.
La OEA exige el retorno a su país del derrocado Manuel Zelaya. Mientras que el Presidente en funciones se niega rotundamente a esto. Es posible, entonces, que el señor Oscar Arias (y esta es una conjetura muy personal) recomiende el regreso a Tegucigalpa del mandatario derrocado y que éste se comprometa y renuncie a su cargo nombrando una Junta de Gobierno que presida unas elecciones en noviembre, o antes, si así lo deciden las instituciones constitucionales de Honduras.
Por supuesto que el problema es más complejo e involucra otros intereses; pero lo positivo en todo esto es que hay alguien, al fin, que tratará de lograr lo que la OEA no pudo al marginarse a su secretario general, Insulza, de su papel de componedor.