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Punto de Vista La efectividad de la justicia penal


Con preocupación y asombro hemos vistos como en los últimos años, la efectividad de la justicia penal parece ir mermando. No es que sea algo nuevo, pero si lo es la velocidad y la profundidad que ha ido cobrando: la mora judicial, los atentados a la institucionalidad, puesta en duda de la honestidad de quienes la ejercen, atentando contra ese muro de firmeza que debe exhibir el sistema de justicia penal. Muchos han sido los casos perdidos por los Fiscales por tecnicismos o falta de preparación, que a la postre impiden juzgar el hecho, se centran en temas que nada tienen que ver con el asunto fundamental y terminan por favorecer al reo, sea o no culpable. En una democracia y sobre todo en un Estado de Derecho la protección a esas garantías esenciales de los ciudadanos es un bien supremo, por lo que requiere de mejor y mayor preparación, no es detener por detener ni forzar conductas penales donde no hay tipos o existen otros diferentes. En toda sociedad la justicia es lo que da fe a los asociados y seguridad en que sus derechos están a salvo. Es la confianza en la institucionalidad, pero en el Panamá de los últimos años, la justicia penal revela serias deficiencias panameñas. Y cuando nos referimos al sistema de justicia penal no se trata solo de los Jueces, ahí entra la Policía, los Investigadores, el Ministerio Público, el Órgano Judicial y el Sistema Penitenciario, como actores directos e inmediatos. Las autoridades tienen en este campo un verdadero reto, no solo por la credibilidad que se debe fortalecer en el sistema, sino por el deterioro institucional que suponen estos hechos. En muchos es evidente la falta de coherencia e incluso de soberbia y prepotencia a la hora de preparar el caso. Así vemos como los policías dicen que ellos capturan y los Jueces los liberan, los investigadores sostienen que los uniformados contaminan la escena del crimen, los Fiscales manifiestan que las investigaciones policiales les llegan defectuosas, los Jueces se quejan que se hacen investigaciones incompletas, se trata de forzar tipos penales, se usa a los medio de comunicación para presionarlos y cuando condenan el Ejecutivo decreta indultos o rebajas de penas. Es así el circulo vicioso que entraña esta madeja de relaciones jurídicas y humanas. Como profesor universitario que soy, entre las primeras cosas que le recomiendo a mis estudiantes figura una preparación exhaustiva para el caso, incluyendo el examen detenido de la manera como han sido respetados los derechos de la parte contraria. Les digo a mis estudiantes que cuando se es acusador hay que tener más cuidado en el respeto a las garantías y en la recabación de pruebas. Allí figura una de las primeras medidas, en impedir que los tecnicismos nos ganen la partida, y en consecuencia el celo con que un abogado se debe preparar para cada caso. En pleno Siglo XXI el sistema tiene que ser eficiente, utilizando las reglas del juego de una sociedad civilizada, no se puede, so pretexto de combatir el delito, convertirse en delincuente, hacerlo seria retroceder al barbarismo jurídico del siglo decimonónico.

*El autor fue Director de la Policía y de la ex PTJ.

101 años de Panamá América

 
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