Punto de Vista “Que la Virgen nos proteja”, la Procuradora
Ya la Procuradora abandonó su cargo, se le ha sacado. Se concreta la preocupación de diversos sectores sociales, políticos y, últimamente, a la misma iglesia. A través de la Conferencia Episcopal, la jerarquía católica advertía una “peligrosa desestabilización” y solicitaba, de manera urgente, una “política ética que no dependa de los gobernantes”. Organizaciones de la sociedad civil, incluida la desaparecida Cruzada Civilista, se han manifestado decepcionadas con lo que viene ocurriendo ya que todo apunta a que el Estado de derecho en su correcto ejercicio, corre riesgo y, con ello, la débil democracia construida en las dos últimas décadas.
La preocupación fundamental de hoy está referida al debilitamiento del régimen institucional. Uno de los componentes característicos del sistema político, durante las primeras cinco décadas de la República, fueron -- precisamente, las constantes y prolongadas crisis institucionales. La fachada democrática y el Ejecutivo, con los partidos políticos adeptos y la Comandancia de Policía, marcaban el rumbo del quehacer institucional, por encima de toda regulación. Las distintas administraciones del poder Ejecutivo, de las dos últimas décadas, se cuidaron de irrumpir abiertamente en el ordenamiento legal e institucional. Y si lo hicieron, lo que es indudable, fue de tal manera que no generó las inquietudes generalizadas como actualmente se han venido dando en el país. De hecho, las denuncias de corrupción han sido una constante en cada gobierno. Regresar a ese pasado, no ayuda en nada.
La experiencia militarista, principalmente lo que ocurre en los años de crisis de ese modelo, generó el discurso y el escenario para la apertura democrática. No se puede negar los esfuerzos y los avances logrados, aunque sigue siendo una obra inacabada y con grave deformaciones. Habría que decir que aún cuando esos esfuerzos se llevan adelante en el periodo pos-invasión, lo que le confería a quienes ostentaban el poder un espacio libre de actuación, aún así, la opción tomada resguardó el ordenamiento jurídico y la estabilidad institucional. La manera como se abordó el tema militar y policial, las reformas para fortalecer el sistema electoral y judicial, todo ello se enmarcó dentro de una frágil visión institucional que, aun así, ha dado réditos al sistema.
El problema, en el contexto actual, levanta polvorín al ponerse en jaque el avance aludido. La “eliminación” de Panamá del Parlacen, es un ejemplo. Sobre la base de que era una promesa de campaña sacar a Panamá, se ha desconocido los tratados internacionales y la misma Constitución. Más adelante, el nombramiento de los Magistrados de la Corte Suprema causó desilusión al no tomarse en cuenta las recomendaciones de la Comisión nombrada para tales efectos. El caso de la Procuradora y la designación del "Procurador suplente” por el ejecutivo apuntan, a juicio de muchos, a la concentración de los tres poderes y uno solo. Y esto es peligroso; como señaló la Procuradora, al dejar el despacho, “que la Virgen nos proteja” .