Punto de Vista Seis de junio, fecha para no olvidar
Ese día, en 1987, un destronado coronel, convocó a un grupo de periodistas. Los comunicadores jamás imaginaron que de Roberto Díaz Herrera saldrían impactantes revelaciones. Y no es que lo expresado fuera novedoso. Lo que dijo ya estaba en boca de medio mundo, pero la población no lo había escuchado de alguien que estuvo en el vientre de la bestia.
Relatos de cómo se torturó y decapitó a Spadafora. El fraude contra Arnulfo Arias Madrid, en las elecciones de 1984, por la mínima diferencia de 1,713 votos; las implicaciones de cierto grupito de los uniformados en el tráfico de drogas y la venta de visas a los cubanos.
Habló de cómo Noriega y sus seguidores obligaron a renunciar al presidente Ardito Barletta. Explicó cómo había comprado su casa con el dinero que repartió el Estado Mayor producto de las visas. Sostuvo cómo el Sha de Irán entregó doce millones de dólares para que le dieran asilo en 1979 y cómo los militares se hicieron millonarios con el tráfico de armas y la protección a los capos de la droga.
De inmediato se multiplicaron las noticias. El siete de junio amaneció inundado de informaciones. Siempre se habló de que existía un pacto de caballero entre Paredes, Díaz Herrera y Noriega, en la sucesión del ejército. Se decía que Noriega ya tenía la edad de jubilación y debía darle paso a Díaz Herrera. El preso en Francia no cumplió su palabra.
Noriega también traicionó a Paredes quien se perfilaba como el candidato en 1984. En su lugar, el 12 de agosto de 1983, comenzó a darle la espalda. Ese día se hizo un acto masivo para despedir a Paredes, entonces comandante de la Guardia Nacional. Noriega resumió su traición con una frase lacónica: “buen salto Rubén”, pero al general Paredes no se le abrió y terminó como candidato de un partido recién inscrito, el Nacionalista Popular, liderado por Olimpo Saénz.
Lo de Díaz Herrera provoca la formación de un grupo que inició el trabajo opositor contra los militares, La Cruzada Civilista Nacional. Este movimiento no descansó hasta ver la consolidación de la democracia y la escogencia, a través de elecciones limpias, de los mandatarios de la nación. Díaz Herrera contó sus historias desde ese 6 de junio hasta el 27 de julio. En la madrugada de ese día, un grupo de asalto lo capturó y se lo llevó detenido ante su verdugo, el general Noriega.
El gobierno militar y sus incondicionales del Partido Revolucionario Democrático recibieron el rechazo de la sociedad, el cual se patentizó en los comicios del 7 de mayo de 1989, cuando la Alianza Oposición, ADOC, logró un triunfo contundente. El PRD y los militares hicieron de todo para evitar la derrota. Se robaron el partido de Arnulfo Arias Madrid, fallecido para esa época y como no pudieron maquillar las cifras, propiciaron un clima de violencia que usaron como excusa para anular el proceso. El 10 de mayo de 1989, una trasnochada magistrada de nombre Yolanda Pulice declaraba que debido al clima de inestabilidad se eliminaban las elecciones.
Este relato y muchos más deben formar parte de los libros de historia patria para que los estudiantes tengan también este marco de referencia y sepan que aquí hubo un grupo de militares y políticos que casi acaban con la nación.
*Vicepresidente de la Comisión de Relaciones Exteriores.