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PYCSA y el Estado


Las noticias hablan de una compañía secuestrada, al borde de la quiebra. ¿Es cierto? ¿Qué suerte habrán corrido los cincuenta millones de balboas que recibió del Banco Nacional y la Caja de Ahorros durante la pasada administración? Nada se sabe, tras la cubierta del secreto bancario. Pero al menos, contamos con la ley de transparencia. Bajo su imperio, el Ministerio de Obras Públicas, en cumplimiento de su deber de rendir cuentas, debiera informar sobre el status del proyecto de prolongación del Corredor Norte hacia Tocumen. Los millones que obtuvo Pycsa de los citados bancos, eran para eso. Y como los trabajos están paralizados, se debiera informar si los dineros tomaron otro rumbo y si su pago está suficientemente avalado. Son bancos del Estado y, por tanto, de todos los panameños.
Si fuere que las obras estuvieran paralizadas porque el Gobierno no aseguró el desalojo de la gente al paso de la vía, debiera también decirse; y si los fondos del préstamo eran también para indemnizar a los afectados. Como en todo, nadie sabe nada y todo está paralizado. Allí está el paso elevado vehicular de Howard, como un monumento a la desidia. O lo derriban o lo habilitan, pero no debe seguir ocioso.
Fuera de lo anterior, nos gustaría saber qué ocurrió con la autopista de Panamá a Colón. Nada se oye de ese proyecto, que figura en el plan de gobierno de Torrijos.
Con PYCSA, proponemos algo concreto. Nómbrese una comisión ejecutiva con plenas facultades, que traiga a Pycsa a negociar la terminación de sus contratos y concesiones. Y si no lo quiere la empresa, pues póngase fecha para que reinicie y concluya los trabajos pendientes. Consígase además los fondos necesarios para indemnizar por las expropiaciones al paso de las vías. Pero el hecho es que queremos, movimiento, queremos ver rodar las orugas de los tractores y el vaciado del concreto sobre el entramado de barras de acero, queremos ver progreso y avance.

101 años de Panamá América

 
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