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Que Dios y la patria nos juzguen 


La ironía más grande en nuestro país es que la Presidencia de la República, basada en un principio supuestamente democrático, se gana solamente con votos. Estos votos son el resultado de una intensa campaña publicitaria que te hace ver a gente obesa delgada, a gente madura como adolescentes, a feos simpáticos o a quienes no se identifican con una sola causa del pueblo como paladines de la justicia y el orden.

Obviamente, el propósito de este artículo no es desacreditar el proceso electoral, pero sí abrirnos los ojos a lo que posiblemente nos puede deparar el futuro dentro de un año. Lamentablemente, la oferta con respecto a candidatos no es la más óptima. Se percibe el oportunismo y los intereses de unos pocos por encima del resto de la población que somos muchos.  

Ya hoy se dejan sentir los embates del alto costo de la vida traducido en gasolina y diesel prácticamente incomprables, y en una canasta básica cuyo valor superó el ingreso del 50% de la población con ocupación. He aquí que lo que más le interesa a las panameñas y los panameños es obtener una plaza de trabajo digna y con una remuneración que les permita mejorar su calidad de vida. En pocas palabras, el principal problema es falta de empleos y su peor consecuencia, el elevado índice de delincuencia.

¿Quién resuelve esto? Definitivamente no la retórica populista de aquellos que sólo desean tener dentro de su hoja de vida "Presidente de la República de Panamá 2009-2014", ya que no cuentan con la experiencia práctica de generar empleos. Por ello, a pesar que estamos todavía a casi un año del 3 de mayo del 2009, es necesario pedirle a todos mis conciudadanos que analicen cuidadosamente las propuestas de los candidatos y su trayectoria como generadores de empleo; de lo contrario, tendremos a un bufón sentado en el Palacio de las Garzas al frente de un pueblo burlado que no supo elegir a conciencia a su mandatario y sólo le resta lamentarse los siguientes cinco años, esperanzado de que el indicado aparezca en la próxima vuelta.

Llegó el momento del cambio. No sé ustedes, pero yo no seré cómplice del desmembramiento del istmo panameño; ni por mi culpa se retorcerán en sus tumbas los próceres. Los invito a reflexionar, a hacer bien las cosas, a pensar en Panamá y en toda una generación que anhela el verdadero cambio. Estimados lectores, guarden este artículo hasta el 30 de junio del 2014 y verifica entonces si elegiste bien. Que Dios y la Patria nos juzguen.

101 años de Panamá América

 
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