Que el discurso de hoy no afecte la unidad de mañana
En una campaña política se expresa de todo, se dicen muchas cosas. Se habla por lo regular en demasía. En ocasiones cuando los candidatos movidos por el calor de la campaña se exceden en sus ofrecimientos estos los convierte después en prisioneros de sus propias palabras. Hasta el día de hoy, los tres candidatos presidenciales, por su parte, han demostrado gran moderación y han sido al extremo respetuosos en sus expresiones. Ellos se han basado, vuelvo a repetir, hasta ahora, en la divulgación de los programas de gobierno que cada uno tiene.
El país ganará mucho respeto internacional si continuamos dando en esta campaña un ejemplo de gran civismo político. Este comportamiento créanlo, da sus frutos a muy corto plazo. Los inversionistas extranjeros que tanto necesitamos para el desarrollo de Panamá, se sienten más seguros a realizar sus actividades en un país, si en él se dan las condiciones de respeto y sus ciudadanos ejercen el derecho que les da una democracia, en forma ordenada y alejada de toda violencia física y verbal.
Si los candidatos reconocieran los méritos y las cosas buenas que hayan hecho otros mandatarios, se ganarían el respeto del elector y contribuirían a elevar el tono de la discusión política que ellos quieren mantener. Guillermo Endara y Ernesto Pérez Balladares han dejado en sus gestiones algunas cosas positivas y de beneficios para el país que no se puede negar, sin pecar de egoísmo. Guillermo Endara, con los aciertos y errores de su administración pasará a la historia como el mandatario que presidió un torneo electoral ejemplar y transparente. Se le recordará, estoy seguro, más por esto que por cualquiera de sus equivocaciones. Lo grande perdura siempre. Ernesto Pérez Balladares, indudablemente será visto en el futuro como un reformador que con la valentía y el coraje de un estadista modernizó el Estado panameño. Cuanto ganaría el país, si Martín Torrijos, candidato del oficialismo, reconociera y exaltara los méritos de Guillermo Endara en el pasado torneo electoral. Si Alberto Vallarino y Mireya Moscoso, candidatos de oposición, por su parte, reconocieran los aspectos positivos de la gestión de Pérez Balladares. Contribuirían con ello, Torrijos, Vallarino y Moscoso, pienso yo, a crear una conciencia nacional de lo que para el desarrollo del país es vital: La formalización de una Agenda Nacional. En ella está prioritariamente el afianzamiento de nuestra democracia y la modernización del Estado panameño, elementos indispensables para lograr los objetivos que nos son comunes a todos, incluyendo, por supuesto, a los tres candidatos presidenciales: el mejoramiento de la condición de vida de todos los panameños, en especial de aquellos que se encuentran hoy en día marginados y sumidos en la pobreza. Exaltar nuestros valores prestigia a quienes lo hacen, en especial si ello proviene de adversarios políticos.
Combatir los errores de un gobierno es necesario y conveniente. Una oposición es un contrapeso a los excesos de cualquier mandatario. Ella, la oposición, es piedra angular de toda democracia, no se concibe una sin la otra.
Las metas prioritarias de un país son el resultado del diálogo y la concentración de ideas de los diferentes grupos que componen una sociedad: los políticos, los empresarios, los obreros y los ciudadanos que se mantienen al margen de la actividad partidista. La patria es de todos y todos tenemos la obligación de buscar la solución a esos problemas.
Que el discurso de hoy, si se sale de la tónica de respeto que ha prevalecido, podría dificultar mañana la unidad nacional que el país requiere para poder enfrentarse con éxito al desempleo que golpea a tantos panameños; a la lucha contra las drogas, que envenenan a nuestra juventud; a combatir la criminalidad, que aterroriza a la comunidad; a la constitución de una justicia, que dé seguridades a todos; a la administración eficiente y segura de la vía acuática y al buen uso de las tierras colindantes; a la estructuración de una sociedad donde exista más equidad. En fin tener una nación mejor para todos.
El país ganará mucho respeto internacional si continuamos dando en esta campaña un ejemplo de gran civismo político. Este comportamiento créanlo, da sus frutos a muy corto plazo. Los inversionistas extranjeros que tanto necesitamos para el desarrollo de Panamá, se sienten más seguros a realizar sus actividades en un país, si en él se dan las condiciones de respeto y sus ciudadanos ejercen el derecho que les da una democracia, en forma ordenada y alejada de toda violencia física y verbal.
Si los candidatos reconocieran los méritos y las cosas buenas que hayan hecho otros mandatarios, se ganarían el respeto del elector y contribuirían a elevar el tono de la discusión política que ellos quieren mantener. Guillermo Endara y Ernesto Pérez Balladares han dejado en sus gestiones algunas cosas positivas y de beneficios para el país que no se puede negar, sin pecar de egoísmo. Guillermo Endara, con los aciertos y errores de su administración pasará a la historia como el mandatario que presidió un torneo electoral ejemplar y transparente. Se le recordará, estoy seguro, más por esto que por cualquiera de sus equivocaciones. Lo grande perdura siempre. Ernesto Pérez Balladares, indudablemente será visto en el futuro como un reformador que con la valentía y el coraje de un estadista modernizó el Estado panameño. Cuanto ganaría el país, si Martín Torrijos, candidato del oficialismo, reconociera y exaltara los méritos de Guillermo Endara en el pasado torneo electoral. Si Alberto Vallarino y Mireya Moscoso, candidatos de oposición, por su parte, reconocieran los aspectos positivos de la gestión de Pérez Balladares. Contribuirían con ello, Torrijos, Vallarino y Moscoso, pienso yo, a crear una conciencia nacional de lo que para el desarrollo del país es vital: La formalización de una Agenda Nacional. En ella está prioritariamente el afianzamiento de nuestra democracia y la modernización del Estado panameño, elementos indispensables para lograr los objetivos que nos son comunes a todos, incluyendo, por supuesto, a los tres candidatos presidenciales: el mejoramiento de la condición de vida de todos los panameños, en especial de aquellos que se encuentran hoy en día marginados y sumidos en la pobreza. Exaltar nuestros valores prestigia a quienes lo hacen, en especial si ello proviene de adversarios políticos.
Combatir los errores de un gobierno es necesario y conveniente. Una oposición es un contrapeso a los excesos de cualquier mandatario. Ella, la oposición, es piedra angular de toda democracia, no se concibe una sin la otra.
Las metas prioritarias de un país son el resultado del diálogo y la concentración de ideas de los diferentes grupos que componen una sociedad: los políticos, los empresarios, los obreros y los ciudadanos que se mantienen al margen de la actividad partidista. La patria es de todos y todos tenemos la obligación de buscar la solución a esos problemas.
Que el discurso de hoy, si se sale de la tónica de respeto que ha prevalecido, podría dificultar mañana la unidad nacional que el país requiere para poder enfrentarse con éxito al desempleo que golpea a tantos panameños; a la lucha contra las drogas, que envenenan a nuestra juventud; a combatir la criminalidad, que aterroriza a la comunidad; a la constitución de una justicia, que dé seguridades a todos; a la administración eficiente y segura de la vía acuática y al buen uso de las tierras colindantes; a la estructuración de una sociedad donde exista más equidad. En fin tener una nación mejor para todos.