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¡Que el pueblo decida!


Nuestros políticos no evolucionan; siguen anclados en el pasado y por no entender las aspiraciones del pueblo, las ignoran olímpicamente; nos siguen irrespetando y tratando de imponernos lo que conviene a sus aspiraciones. Al final del camino, cuando el pueblo pronuncie su veredicto el 3 de mayo de 2009, su sentencia les caerá como un mazazo; pero entonces será muy tarde.

Desde que la exageradamente larga (debemos adoptar medidas para acortarla) campaña electoral arrancó, han vuelto a repetirse los conocidos métodos y las mismas viejas marrullerías. Primero, fuimos testigos de las luchas internas por el control de algunos partidos, en las que a más de uno o una, los madrugaron y los dejaron en la estacada. Después vinieron "las primarias", en las que, como se dice en el argot popular, a algunos le salió la bruja. Creyendo, todavía, que el dinero todo lo puede, se gastaron sumas astronómicas. Los resultados de esos ejercicios definieron algunas candidaturas; pero la nota predominante, hasta ahora, ha sido que las clientelas cautivas, que se suponen son sus inscritos, en un alto porcentaje, decidió hacerse a un lado y ver los toros desde la barrera.

Concluida la etapa de las primarias, por el lado de la oposición y sin que sea para sorprenderse, ocurrió lo esperado. Por el momento hay tres candidaturas proclamadas: la de Guillermo Endara y las de Varela y Martinelli, que sumó a la llamada Unión Patriótica. Molirena, por lo que parece, preferirá seguir a la espera para ver qué vela recoge más viento.

Tampoco debe sorprendernos que ante ese panorama, de intereses encontrados, al señor Varela se le haya ocurrido proponer que "la candidatura de la oposición" se defina mediante otra aberración antidemocrática: las llamadas "interprimarias". En su obcecación, y creyéndose más listos que "tío conejo" se les olvidó que esa vía, legalmente, estaría circunscrita a los miembros de los partidos que eventualmente quisieran seguirla; y también se les olvidó, y lo que es más grave aún, por el irrespeto que involucra, que a los independientes, que somos la mayoría de los electores, pues sumamos más que todos los partidos juntos, nos importa muy poco participar de sus tretas, y tampoco estamos dispuestos a servirles de escalón para que materialicen sus ambiciones, que no son, precisamente, las de servir al pueblo.

En lugar de estarle buscando quintas patas al gato y repitiendo las marrullerías del pasado, debieran olvidarse de tratar de imponernos candidaturas que el pueblo no siente como suyas ni las sentirá porque carecen de una propuesta que lo motive. En ese sentido es que debieran estar encaminados sus afanes, en lugar de, como ya lo tiene claro el pueblo, estar preocupados por repartirse ministerios, entidades autónomas, diputaciones, alcaldías, etc.

La alternativa que debieran propugnar los dirigentes de la llamada oposición, debe tener como esencia respetar al pueblo. En vez de seguir impulsando componendas y tratar de madrugarse los unos a los otros, sería más conveniente, para ellos mismos, aunque dudo que así lo puedan entender; pero sobre todo para el país, que no hubiera "alianzas" y que respetando y confiando en el pueblo dejaran que sea este el que decida, mediante un sistema de doble vuelta. ¿Se atreverán?

101 años de Panamá América

 
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