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¡Que el pueblo marche!


Este será el último ensayo del 2003, pero no el último de nuestra vida. Si Dios lo permite el primer viernes del año por venir empezaremos la cuenta de los nuevos artículos. Durante el transcurso del año hemos procurado hacer docencia cada vez que escribimos un ensayo para el adalid noticioso El Panamá América que nos ha honrado, inmerecidamente, publicando nuestras reflexiones.
Caracterizan nuestros análisis la acentuada inclinación social que profesan; siempre hemos pensado, cuestión que ineludiblemente seguiremos haciendo, en los marginados de la Patria, hablamos de esas grandes y pobres mayorías sociales del país; el adecentamiento de la cosa pública ha sido para nosotros motivo de permanente preocupación; que se enmiende el actual estado de cosas de la administración de justicia es una de nuestras primordiales metas; que los políticos dejen de ser tan mentirosos y miméticos constituye un postulado de formalismo ético político; que los gobernantes no patrocinen, en ninguna de sus formas, la corrupción, sea de la clase que fuere y provenga de donde provenga, es para nosotros una meta prioritaria; que los hijos de los pobres coman y vivan, trabajen y estudien, dignamente, no ha escapado de nuestras preocupaciones cotidianas. En fin, toda una agenda social, orgánica, ha sido para nosotros un libreto a desarrollar, desde nuestra humilde posición de profesionales juristas de la Patria, en bien del pueblo panameño, de los más necesitados.
Pero también hemos sabido ser consecuentes con los sectores empresariales, pequeños, medianos o grandes, pues hemos sostenido en nuestros discursos que ellos forman parte importante, puntal necesario, en el desarrollo económico de la nación y no pueden ser soslayados de una agenda nacional de progreso social. El capital es indispensable para generar plazas de trabajo, necesario para el desarrollo económico y el bienestar de los pueblos. Hay que atraerlos hacia una consigna de bien común, general, de felicidad para todos. A los sectores profesionales de la educación nacional, maestros y profesores, a los demás profesionales, a esa gran masa capacitada desde las universidades, para ellos hemos reclamado oportunidades que van desde el derecho al trabajo transitando por el respeto a su dignidad personal y gremial.
Los diversos temas que formaron parte de la agenda política, social, jurídica, económica, etc., del país, ocuparon los titulares y el contenido de nuestros ensayos. Así arrancamos, como se recordará con el caso CEMIS: en todo foro público que pudimos estar, en compañía de mi hermano Ramiro Guerra, nos hicimos sentir. Así tuvimos participación activa en el debate de las reformas tributarias que nada han contribuido con el desarrollo del país, por el contrario han lastimado el humilde bolsillo y escaso patrimonio económico de todos los panameños; presentamos sendas demandas de inconstitucionalidad, de dichas reformas; también de esa norma del Tribunal Electoral que prescribe que no pueden haber libres postulaciones para Presidente y Vicepresidentes de la República; demandamos la nefasta ley de terrorismo -instrumento de persecución sin límites y ya la Procuraduría de la Administración emitió concepto favorable a su inconstitucionalidad, falta que lo diga la Corte. Del mismo modo, demandamos la inconstitucionalidad de algunas disposiciones del Reglamento Interno de la Asamblea Legislativa que permiten a dicho Organo estatal ser juez y parte en las causas penales que se surtan en contra de uno de sus legisladores, tanto así que dispone si hay o no lugar a llamamiento a juicio -La Corte dijo que no existía tal inconstitucionalidad-; demandamos ante la Corte Suprema de Justicia al ex ministro Aníbal Salas por haber entregado a Estados Unidos el territorio nacional mediante la celebración del nefasto Arreglo Complementario Salas Becker -La Corte lo absolvió de toda responsabilidad- y luego la Presidenta lo hizo magistrado de esa corporación de justicia.
Denunciamos ante la faz nacional la irregular designación de los hoy magistrados de la Corte, Cigarruista y Spadafora; ponderamos en diversos medios de comunicación social debates sobre el transporte terrestre en nuestro país y en torno a la necesidad imperiosa de introducir mecanismos de actualidad y beneficios positivos para los usuarios; hemos sido críticos, permanentes, de todo lo malo que se ha hecho por parte de las autoridades; hemos denunciado el sufrimiento de nuestra gente, de cómo se les humilla y maltrata; debatimos ampliamente el tema relativo a la seguridad y previsión social, de la seguridad ciudadana; en fin, no ha habido tema o materia que interese a la nación entera de la cual no hayamos dado nuestra parecer, sentir o criterio, insistimos, siempre creando docencia para que nuestro pueblo se instruya. La Biblia dice que “el pueblo se perdió porque le faltó conocimiento”. Que tal no acontezca en Panamá.
Reclamamos para todos los panameños, desde la tribuna popular de Poder Social Siglo XXI y con la unión de muchos hombres y mujeres humildes de esta cuidad, la devolución de los depósitos que Unión Fenosa tiene que hacerle al pueblo panameño en virtud de los contratos celebrados con dicha entidad al momento en que se contrata el servicio de la electricidad. De allí surgió la decisión del Ente Regulador de obligar a esa empresa a devolver a los panameños dicho depósito y así se ha estado haciendo. Emplazamos al Gobierno Nacional cuando puso en peligro la soberanía y la integridad del territorio panameño al declarar la guerra a Irak; propusimos un anteproyecto de ley de neutralidad permanente de todo nuestro territorio y hoy duerme el sueño de los eternos en la Asamblea; demandamos mediante un recurso contencioso de protección de los derechos humanos ante la Corte la rebaja del costo de la energía eléctrica, etc.
Agradecemos a los cientos de familias que nos han dado muestras sinceras de agradecimiento y reciprocamos nuestras muestras fieles de desinterés en todo cuanto hemos hecho y seguiremos haciendo por el pueblo panameño. En esto, como es obvio, no hemos peticionado de nadie un sólo centavo. Dios nos recompensa, por otros medios que sólo él sabe emplear, retribuyéndonos: salud para nosotros y nuestros seres queridos, amigos y todos nuestros semejantes, paz, alegría de corazón, inteligencia, unidad familiar, etc.
También es importante expresar que ha sido Poder Social Siglo XXI, movimiento que nace de las mismas entrañas del pueblo, quien desata en nuestro país un despertar de la conciencia crítica nacional -cuando muchos sostenían que el panameño no tenía conciencia de sí mismo- y es por ello que el 21 de mayo de 2003 pone en las principales calles de la ciudad de Panamá, desde la Iglesia Don Bosco, a varias decenas de miles de personas que, luego, nos han acompañado en más de cuatro marchas adicionales que tuvieron que ver con temas como: la derogatoria de las reformas tributarias, el hambre y el desempleo, el alto costo de la energía eléctrica, etc. Cuando esto acontece otros movimientos obreros, gremiales, etc., también despiertan y hoy el pueblo panameño puede decir que se acabaron aquellos años de la Patria boba. Poder Social Siglo XXI así lo garantiza. Ese es nuestro pacto y nuestro compromiso con Dios, la sociedad y nuestra conciencia ciudadana.
No han faltado algunos detractores, escribas y fariseos, mercaderes que hacen sus negocios desde el sagrado templo de la justicia y de la verdad y que por esos mismos valores son echados al fango de la envidia, el encono y la malquerencia, siendo ellos mismos también víctimas de sus propias miserias. Así fue cómo auparon la tesis de que éramos de tal o cual partido político, y para soberana decepción de ellos resulta que ni Ramiro ni el suscrito estamos corriendo para ninguna posición política, muy a pesar de los cientos de personas que nos lo exigen. Agoreros, vaticinadores del mal. Nosotros vamos hacia delante, nuestra meta está por encima de la nariz de cada uno de nuestros débiles detractores dentro de los cuales se han encontrado políticos, altas autoridades, profesionales necios -ni dan ni dicen donde hay-, etc., envidiosos, inquinadores, etc. Nuestro método ya es conocido: el realismo social que nos permite la lectura de los problemas sociales y presentar propuestas de soluciones concretas.
El 2004 será un año de grandes encuentros: de la hipocresía con la sinceridad; la envidia con la honradez; la mentira con la verdad; el trabajo con el desempleo; Poder Social Siglo XXI con toda forma de autoritarismo. Tiene que ser un año de decisiones a favor del pueblo.
Gracias Irving Maxwell, Ricardo Santos, Luis Romero Chatrou, Héctor Ávila, Zulema de Acosta, Maritza, Felipe López, todos los moradores de Mocambo, de Villa Marta, Luis Guerra, César Barsallo, Omar Cousins, Marcos González -no el legislador-, Virginia, en fin, gracias a todos los que han escrito historia durante el año 2003. Gracias a El Panamá América. ¡Gracias mil Octavio Amat! ¡Gracias pueblo panameño!

101 años de Panamá América

 
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