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¿Qué es el terrorismo?


El terrorismo es un fenómeno social actual e inquietante. Una reflexión sobre el mismo exige una mente serena y lúcida. Presupone diferenciarlo de los movimientos de liberación nacional y el contexto de un Estado de pleno derecho con un pueblo real y ciertamente soberano, protagonista libre y actor en la vida nacional y de su destino.
El terrorismo es más bien producto de una lógica rigurosa, consecuencia de una formulación intelectual estricta y coherente.
Los atentados, los secuestros, los asaltos violentos quieren ser la exteriorización necesaria de la filosofía del terror, sintetizada en aquel grito que es frecuentemente repetido: "Nadie es inocente".
Según dicha filosofía, la sociedad global comparte la culpa de la injusticia económica, social, cultural y política que debe ser vengada, castigada y corregida mediante la violencia.
La violencia, desde una visión alucinante y mística, deviene en el único instrumento que obliga a las clases dominantes desenmascararse.
Pero, ¿se pueden dar manifestaciones de terrorismo en una sociedad democrática? Por principio, en un régimen democrático, todas las fuerzas socio-políticas están representadas; circula información libre e independiente; las ideologías tienen sus órganos propios; todos los problemas son debatibles; y el Gobierno es criticado y removido mediante elecciones libres y periódicos.
No obstante, para el terrorista vivir en democracia y libertad es un espejismo falaz, una conspiración maquiavélica montada por los explotadores para tener resignados a los explotados.
Los actos de violencia son de los pocos contra los más, de los poseedores contra los desposeídos. El hambre de los pobres y los desocupados, la ignorancia de los analfabetos, la vida mísera y miserable sin horizonte y sin esperanza, ésa es la verdad que el terrorista pretende iluminar con el incendio de los atentados.
La democracia, con sus libertades formales, es un engañoso fraude, porque adormece la rebeldía de las masas frente a su deplorable condición, desactiva la voluntad de liberación colectiva y retrasa indefinidamente la revolución.
El terrorista conoce bien sus fines. Sabe bien, muy bien, que volando puentes, dinamitando trenes, estrellando aviones contra edificios repletos de seres humanos, no trae la sociedad igualitaria, ni desencadena un proceso revolucionario.
Su fin es provocar la represión o guerras (Afganistán, por ejemplo, o los prisioneros en Guantánamo), generar una espiral de violencia creciente que degenere en el laberinto de violencia contra violencia (recordar la franja de Gaza), creándole las condiciones y razones suficientes a gobiernos y gobernantes para envilecerse y declarar guerras preventivas, dejando de lado los métodos legales establecidos por el derecho internacional.
En fin, el terrorismo, con el espejismo de actuar en nombre de las víctimas, hostiga al poder político legal, y desea que el Estado atropelle y abuse de los ciudadanos, convirtiéndolos en víctimas durante la búsqueda y captura de los culpables. La cultura en que vivimos revela varios hechos.
Uno es que el terrorismo funciona. No fracasa. La violencia funciona generalmente. Es la historia del mundo. En segundo lugar, es un error analítico muy serio decir, como se hace comúnmente, que el terrorismo es el arma de los débiles. Como otros medios de violencia, constituye sobre todo un arma de los fuertes.
Esto nos hace retornar a la pregunta, ¿qué es el terrorismo? Hay algunas respuestas fáciles y una definición oficial. Se puede encontrar en el Código de Estados Unidos o en los manuales del ejército estadounidense: terror es el uso calculado de la violencia o de la amenaza de violencia para lograr objetivos políticos o religiosos a través de la intimidación, la coerción o la provocación de miedo.
Eso es terrorismo. Es una definición bastante justa y creo que es razonable aceptarla. El problema es que no puede ser aceptada, porque si lo es vienen todas las consecuencias erróneas ya mencionadas.
(romagrau19@hotmail.com)

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