Qué es la globalización y la respuesta neoliberal
Desde hace varios años parece una cuestión que no merece dudas, que la última fase del desarrollo capitalista mundial ha entrado en una situación crítica. Una crisis que parece alcanzar niveles inéditos y que compromete, por desgracia, la vida de las dos terceras parte de la humanidad. Hoy, más que nunca, la humanidad empobrecida parece enfrentarse a un futuro de desesperanza y angustias. Y hoy, más que nunca, parece pertinente levantar aquella consigna que señalaba, como alternativas, socialismo o barbarie. Aunque parezca extraño, la humanidad ha empezado a reaccionar después de una década de infame neoliberalismo y a revertir el período oscuro inaugurado tras la caída del muro y la derrota de la experiencia del socialismo real.
El debate sobre lo ocurrido después de 1989 ha generado ya, una copiosa literatura y, como imaginamos, ha empezado a tomar conciencia en amplias capas de la población de todos los continentes. Hoy existe una convicción generalizada que la caída de la experiencia real del socialismo de Europa oriental y el elogio del neoliberalismo y la apología del mercado, es decir, de la nueva fase del capitalismo mundial, será una experiencia corta y contradictoria.
Se podrían dar datos objetivos de la situación mundial actual y desagregarse tanto por regiones como por países. Son datos dramáticos que desmienten el discurso, mal digerido y mentiroso, de aquellos que practican el nuevo evangelio neoliberal. Sin embargo, no hace falta convencer a ningún papagayo empresarial, que repite, como letanía, el evangelio del neoliberalismo. Es preferible apuntar las críticas a cada una de sus proposiciones para advertir a las masas, que detrás de su hueca e infame fraseología se esconde una gran y peligrosa indigencia intelectual.
La primera mentira a combatir es que la globalización es una situación acabada y fatal de la cual es poco menos que imposible escapar. Parta situar las cosas en su justa dimensión, la globalización capitalista no es ni una situación acabada ni fatal. Es, por el contrario, un proceso dinámico y contradictorio que incorpora, a sangre y fuego, las diversas regiones del mundo. Desde la creación del mercado mundial capitalista la economía ha sido globalizada, en diverso grado. Hoy día ésta se encuentra mayormente globalizada que en 1930, pero nada indica que en el 2025 no lo esté más que hoy. Como se puede observar, la globalización es un fenómeno histórico que hace crecer las denominadas fuerzas productivas de la sociedad mundial. Por lo tanto siempre habrá globalización. El problema está en la respuesta neoliberal cuya apología del mercado es infame. No existe ningún país desarrollado que lo haya obtenido mediante un credo neoliberal. Todos fueron, en su momento de despegue, proteccionistas de lo nacional. Por su parte, mercado libre y competitivo no existe, ya lo demostraron ilustres economistas, más que en los sueños de empresarios sin escrúpulos.
Lo que parece distinguir la época actual, como fenómeno específico, es la transnacionalización (perdonen la palabra) de la producción capitalista o lo que algunos sociólogos denominan, la deslocalización de la misma. Para ello se requiere una gran movilidad del capital y una desregulación, cada vez mayor, de las relaciones laborales.
En lo que se refiere a la tontería del "Estado pequeño" no es más que otro argumento falaz. Lo que se pide es la vuelta a un Estado que no intervenga en ningún proceso social. ¿Es ello posible?. No, por supuesto que no. Lo que se requiere es un Estado eficiente, más que grande o pequeño. Y todos los empresarios adictos al neoliberalismo apelan al Estado cuando ven en problemas sus negocios.
Finalmente, la privatización de la economía se transforma en un tercer criterio sostenido con la fe de un cruzado por nuestros neoliberales. En nuestro país hubo uno que sugirió que la seguridad social fuera privatizada. Otro, no menos desalmado que el Estado vendiera las acciones que posee en una empresa de utilidad pública. Y otra, que entráramos, sin más, al ALCA y otras infamias.
Por fortuna, la globalización de la información ha permitido que fenómenos como el de Seattle o el de Génova se conozcan por franjas cada vez mayores de la población mundial y que los efectos del Foro de Sao Pablo empiecen a permear la conciencia de muchos.
Si hay alternativas al desastre neoliberal. Como se puede suponer, el relanzamiento de la lucha social permite prever que, más temprano que tarde, una sociedad más humana y solidaria es posible. La batalla de ideas recién empieza. Pero como dijera alguna vez Jorge Amado, el socialismo es la alternativa, no la porquería de capitalismo que existe (son sus palabras textuales). O como señalara Norberto Bobbio, "la democracia es el método, el socialismo es el fin".
El debate sobre lo ocurrido después de 1989 ha generado ya, una copiosa literatura y, como imaginamos, ha empezado a tomar conciencia en amplias capas de la población de todos los continentes. Hoy existe una convicción generalizada que la caída de la experiencia real del socialismo de Europa oriental y el elogio del neoliberalismo y la apología del mercado, es decir, de la nueva fase del capitalismo mundial, será una experiencia corta y contradictoria.
Se podrían dar datos objetivos de la situación mundial actual y desagregarse tanto por regiones como por países. Son datos dramáticos que desmienten el discurso, mal digerido y mentiroso, de aquellos que practican el nuevo evangelio neoliberal. Sin embargo, no hace falta convencer a ningún papagayo empresarial, que repite, como letanía, el evangelio del neoliberalismo. Es preferible apuntar las críticas a cada una de sus proposiciones para advertir a las masas, que detrás de su hueca e infame fraseología se esconde una gran y peligrosa indigencia intelectual.
La primera mentira a combatir es que la globalización es una situación acabada y fatal de la cual es poco menos que imposible escapar. Parta situar las cosas en su justa dimensión, la globalización capitalista no es ni una situación acabada ni fatal. Es, por el contrario, un proceso dinámico y contradictorio que incorpora, a sangre y fuego, las diversas regiones del mundo. Desde la creación del mercado mundial capitalista la economía ha sido globalizada, en diverso grado. Hoy día ésta se encuentra mayormente globalizada que en 1930, pero nada indica que en el 2025 no lo esté más que hoy. Como se puede observar, la globalización es un fenómeno histórico que hace crecer las denominadas fuerzas productivas de la sociedad mundial. Por lo tanto siempre habrá globalización. El problema está en la respuesta neoliberal cuya apología del mercado es infame. No existe ningún país desarrollado que lo haya obtenido mediante un credo neoliberal. Todos fueron, en su momento de despegue, proteccionistas de lo nacional. Por su parte, mercado libre y competitivo no existe, ya lo demostraron ilustres economistas, más que en los sueños de empresarios sin escrúpulos.
Lo que parece distinguir la época actual, como fenómeno específico, es la transnacionalización (perdonen la palabra) de la producción capitalista o lo que algunos sociólogos denominan, la deslocalización de la misma. Para ello se requiere una gran movilidad del capital y una desregulación, cada vez mayor, de las relaciones laborales.
En lo que se refiere a la tontería del "Estado pequeño" no es más que otro argumento falaz. Lo que se pide es la vuelta a un Estado que no intervenga en ningún proceso social. ¿Es ello posible?. No, por supuesto que no. Lo que se requiere es un Estado eficiente, más que grande o pequeño. Y todos los empresarios adictos al neoliberalismo apelan al Estado cuando ven en problemas sus negocios.
Finalmente, la privatización de la economía se transforma en un tercer criterio sostenido con la fe de un cruzado por nuestros neoliberales. En nuestro país hubo uno que sugirió que la seguridad social fuera privatizada. Otro, no menos desalmado que el Estado vendiera las acciones que posee en una empresa de utilidad pública. Y otra, que entráramos, sin más, al ALCA y otras infamias.
Por fortuna, la globalización de la información ha permitido que fenómenos como el de Seattle o el de Génova se conozcan por franjas cada vez mayores de la población mundial y que los efectos del Foro de Sao Pablo empiecen a permear la conciencia de muchos.
Si hay alternativas al desastre neoliberal. Como se puede suponer, el relanzamiento de la lucha social permite prever que, más temprano que tarde, una sociedad más humana y solidaria es posible. La batalla de ideas recién empieza. Pero como dijera alguna vez Jorge Amado, el socialismo es la alternativa, no la porquería de capitalismo que existe (son sus palabras textuales). O como señalara Norberto Bobbio, "la democracia es el método, el socialismo es el fin".