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¿Qué es lo que hace daño al PRD?


Algunos me preguntan por qué he mantenido una actitud crítica hacia la dirección del PRD y Martín Torrijos; me dicen que mis críticas hacen daño al partido y a las posibilidades de ganar las elecciones en el 2004. Explico que más que una crítica a una persona, o al CEN del PRD, las hago a sus concepciones y métodos, y que lo que me anima es, precisamente, ganar las próximas elecciones. Les digo que desde que perdimos las elecciones generales de mayo de 1999 insistí en la necesidad de hacer un balance crítico de la gestión de gobierno del Presidente Pérez Balladares, de los resultados de la reelección y de las elecciones del 2 de mayo de 1999. Y, ahora, agrego, es necesario también realizar un balance de la gestión del actual CEN, a la luz de los resultados de las últimas encuestas nacionales, las que nos están diciendo que no ganaríamos las próximas elecciones si se realizaran hoy.
He insistido en esto porque, a mi juicio, todavía es necesario saber qué nos pasó, qué hicimos bien y qué hicimos mal, y porque creo que Martín comete un error al hacer de su candidatura el eje fundamental del accionar del PRD, lo cual ha generado parcialidad, intolerancia, persecución, desdibujándose el carácter democrático del partido, sometiéndonos a un desgaste innecesario. Con los resultados de esos balances deseaba que se hicieran los correctivos necesarios que nos permitieran evitar errores y mejorar aquellas cosas que hicimos bien. Ese era el primer paso en la dirección correcta para prepararnos para los futuros eventos políticos, y para elaborar una correcta estrategia que nos pusiera en condiciones de ganar en el 2004.
¿Es mucho pedir? Parece que sí, porque aún hay miedo a la crítica; miedo a que nos juzguen mal; tenemos temor a que nuestros errores, al ser ventilados ante un número plural de compañeros, nos haga perder simpatías políticas. Incluso algunos viejos compañeros, en serio y en broma, me decían que esos métodos de crítica y autocrítica estaban "passé", es decir, fuera de la moda política; otros me decían que si se hacía lo que solicitaba, se iban a abrir profundas heridas. Reitero que ese método es universal, y cuando se termina el debate, fraternal y de altura, el resultado es un compromiso, un proyecto, que es lo que verdaderamente unifica.
He venido sosteniendo, sistemáticamente, que en las elecciones pasadas el círculo íntimo de dirección de la campaña presidencial y Martín Torrijos, elaboraron una estrategia electoral equivocada que nos llevó a perder las elecciones. Consideraron que para lograr el triunfo era necesario que el candidato tomara distancia del Presidente Pérez Balladares, de la gestión y de las obras de su gobierno, de las figuras de dirección del PRD y de sus símbolos. Ese círculo consideraba que con esa estrategia el candidato ganaría a un vasto sector de independientes, y que lo negativo de Pérez Balladares, del gobierno y del PRD, no sería adscritos al candidato.
Los resultados nos dicen que esa estrategia falló, pues no se ganó a los independientes, pero sí generó confusión en el electorado, lo que a mi juicio nos hizo perder puntos valiosos que se convirtieron en votos a favor de Mireya Moscoso y de Alberto Vallarino. Adicionalmente, el círculo consideró que Martín no debía denunciar la demagogia de Mireya ni explotar sus puntos débiles, que eran muchos. Esta concepción, que denominaron "Una Nueva Cultura Política", le dejó sólo el terreno a los arnulfistas, los que con campañas publicitarias sucias penetraron la conciencia de los votos emocionales e indecisos, sin que hubiese respuestas contundentes de parte nuestra.
Lo gravísimo hoy es que el PRD y Martín Torrijos reflejan en las encuestas de opinión una sensible baja en la preferencia de la opinión pública nacional, lo que nos puede llevar a otro fracaso electoral; algo similar a lo que nos pasó en los dos últimos meses de la campaña política pasada. Sin duda ello obedece a los bochornosos acontecimientos de corrupción acaecidos en la Asamblea Legislativa. Lo preocupante es que en vez de hacerse un debate serio y desapasionado, con altura, sobre las causas y orígenes de lo que ha pasado y las medidas que se deben tomar para superar la situación, no se está dando a estos actos de corrupción su justa valoración, ni cómo han incidido en la opinión nacional. Es más, existe la peligrosa actitud de mantener silencio sobre esos hechos. Peor aún, se esgrime en la dirección del PRD que el "bajón" es consecuencia de la conspiración que desarrolla el gobierno y "los enemigos internos del partido" o, dicen otros, al papel negativo que han jugado los legisladores que forman parte del Comité ejecutivo Nacional. Este enfoque, limitado y superficial, que da la espalda al ambiente negativo que pende sobre nosotros, debido a la percepción de corrupción que lamentablemente nos está afectando, repite nuevamente el error de no querer abordarse, de manera orgánica, las concepciones y los métodos que a todas luces nos llevaron al descalabro electoral de 1999; concepciones y métodos que de persistir nos llevarán indefectiblemente a una nueva derrota.
Ahora, la membresía está dedicada con sano entusiasmo a conformar nóminas para escoger delegados al próximo Congreso, se hacen ejercicios sobre lo que debe ser la conformación del futuro CEN, los partidarios de Martín buscan nuevos adeptos a su candidatura y respetados compañeros consideran que los legisladores no deben formar parte de la futura dirección del partido. Todo eso es políticamente permisible. Lo que no es permisible es omitir y guarda silencio sobre la peligrosidad y la adversidad del momento, y las acciones políticas que necesariamente debemos emprender si de verdad queremos sacar al partido del atolladero en que se encuentra. Acciones audaces, firmes y valientes, que pasan por tomar medidas contra la corrupción a lo interno y externo del partido, para recuperar el terreno perdido y nos permita ganar nuevamente la confianza de los votantes, que es donde realmente más fuerte a sido el daño.
No tomar en cuenta estas graves realidades ni las acciones que sin demoras debemos emprender, reedita la concepción y el método que, harto ha sido demostrado, no han dado buenos resultados. Seguir postergando esos debates, y seguir acumulando nuevos problemas, es lo que de verdad nos está afectando. Si nos quedamos hoy disfrutando alegremente de la murga electoral de nuestras actividades y movilizaciones, sin advertir los serios peligros de perder las elecciones en el 2004, volveremos a vivir mañana nuevos desengaños. La opinión pública espera del PRD medidas ejemplares que no se deben postergar. Si no actuamos pronto y con férrea resolución, como hicimos en nuestro gobierno con un legislador, un gobernador y un alcalde, nuestros adversarios recordarán diariamente a esa opinión pública, en el próximo torneo electoral, la debilidad de la actual dirigencia del PRD. En esa debilidad es donde está el peligro de las elecciones del 2004.

101 años de Panamá América

 
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