Qué esperar de George Bush
Incluso el miércoles pasado, en un acto partidista en Chicago, el presidente Clinton, homenajeando a quienes dirigieron la campaña política de su vicepresidente, Al Gore, echó sal a la herida cuando dijo: "Ustedes hicieron posible que ganáramos el voto popular y que la única forma que tuvieron nuestros adversarios para evitarnos ganar también la presidencia fuera suspender el recuento."
La consecuencia es que, contrario al dicho panameño, lo ocurrido no es "clavo pasado" sino un "clavo presente" que padecerá el nuevo mandatario merced a su deficiente legitimidad. Y eso marcará toda su administración, forzándolo a gobernar de consenso con un Congreso paritario y con la oposición demócrata.
En lo interno, reducirá los programas de ayuda social, endurecerá aún más la política migratoria y bajará los impuestos a los más ricos y grandes corporaciones. Controlará el gasto público, pero no logrará reeditar los magnos superávits presupuestarios de su antecesor, los cuales se verán mermados por el descenso de los tributos y el incremento de las erogaciones militares.
En el exterior, impulsará tratados de libre comercio por vía bilateral, como en el caso de Chile. Para ello contará con la facultad negociadora especial del Congreso "fast track". Pero las grandes corporaciones que apoyaron su campaña impondrán un frenazo al ALCA y harán que adopte un paso más gradual al proyecto de creación de una zona continental de libre comercio.
También en lo internacional, empezará fortaleciendo el embargo a Cuba; pero al cabo del tiempo cederá ante la presión de los sectores industrial, farmacéutico, alimenticio y agrario, deseosos de contar con un nuevo mercado a ochenta millas de su costa, hoy es absurdamente monopolizado por proveedores lejanos con precios no competitivos. Adicionalmente apoyará en mayor grado la causa de Taiwan en su controversia de integración con China.
Igual frenazo sufrirá el proceso de paz árabe israelí, mientras su equipo de trabajo se empapa de los últimos avances logrados por su antecesor, y los protagonistas se familiarizan de los nuevos funcionarios en la Casa Blanca. La ultraderecha israelí verá reforzada su posición. Ello hará incrementar la tensión, con la correspondiente gravitación sobre los precios del petróleo.
Emprenderá un masivo gasto militar, sobre todo con su "Guerra de las Galaxias" de versión china. Ya no apuntará como en su versión original a cuidar al país de un ataque masivo de cohetes rusos, más sofisticados. Ese gasto contribuirá a dar nuevo impulso a la economía estadounidense.
Con Panamá, esperamos una mayor aproximación e incremento de posibilidades de crear una relación especial cimentada en el interés mutuo de modernizar el Canal, combatir el tránsito de drogas y el lavado de dinero, y la facilitación del paso de asesores norteamericanos por nuestro territorio con rumbo a Colombia. No habrá tratado de libre comercio ni nada parecido, pero veremos reducir en cambio la presión sobre nuestro régimen bancario y fiscal por algún tiempo y se incrementará la ayuda económica y técnica.
La consecuencia es que, contrario al dicho panameño, lo ocurrido no es "clavo pasado" sino un "clavo presente" que padecerá el nuevo mandatario merced a su deficiente legitimidad. Y eso marcará toda su administración, forzándolo a gobernar de consenso con un Congreso paritario y con la oposición demócrata.
En lo interno, reducirá los programas de ayuda social, endurecerá aún más la política migratoria y bajará los impuestos a los más ricos y grandes corporaciones. Controlará el gasto público, pero no logrará reeditar los magnos superávits presupuestarios de su antecesor, los cuales se verán mermados por el descenso de los tributos y el incremento de las erogaciones militares.
En el exterior, impulsará tratados de libre comercio por vía bilateral, como en el caso de Chile. Para ello contará con la facultad negociadora especial del Congreso "fast track". Pero las grandes corporaciones que apoyaron su campaña impondrán un frenazo al ALCA y harán que adopte un paso más gradual al proyecto de creación de una zona continental de libre comercio.
También en lo internacional, empezará fortaleciendo el embargo a Cuba; pero al cabo del tiempo cederá ante la presión de los sectores industrial, farmacéutico, alimenticio y agrario, deseosos de contar con un nuevo mercado a ochenta millas de su costa, hoy es absurdamente monopolizado por proveedores lejanos con precios no competitivos. Adicionalmente apoyará en mayor grado la causa de Taiwan en su controversia de integración con China.
Igual frenazo sufrirá el proceso de paz árabe israelí, mientras su equipo de trabajo se empapa de los últimos avances logrados por su antecesor, y los protagonistas se familiarizan de los nuevos funcionarios en la Casa Blanca. La ultraderecha israelí verá reforzada su posición. Ello hará incrementar la tensión, con la correspondiente gravitación sobre los precios del petróleo.
Emprenderá un masivo gasto militar, sobre todo con su "Guerra de las Galaxias" de versión china. Ya no apuntará como en su versión original a cuidar al país de un ataque masivo de cohetes rusos, más sofisticados. Ese gasto contribuirá a dar nuevo impulso a la economía estadounidense.
Con Panamá, esperamos una mayor aproximación e incremento de posibilidades de crear una relación especial cimentada en el interés mutuo de modernizar el Canal, combatir el tránsito de drogas y el lavado de dinero, y la facilitación del paso de asesores norteamericanos por nuestro territorio con rumbo a Colombia. No habrá tratado de libre comercio ni nada parecido, pero veremos reducir en cambio la presión sobre nuestro régimen bancario y fiscal por algún tiempo y se incrementará la ayuda económica y técnica.