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¿Qué espero que cambie con mi voto?


Cuando nací la población del país frisaba los 750,000 habitantes. Diez años más tarde nació un niño, el niño millón. Mucho se le prometió, poco o nada se le cumplió. El gobierno de aquel entonces y el empresariado se volcaron en promesas. Nada se honró con la realización. Todo habría cambiado para él y su familia.

Hoy la población del país sobrepasa los tres millones 300 mil habitantes. Así como el pueblo panameño de hace 50 años esperaba que la vida del niño millón y la de su familia cambiara, hoy espera que las promesas de cambio y de mejores oportunidades para todos los que vivimos en este suelo, pasen del reino de los sueños al de la realidad.

Desde esa perspectiva, me pregunto cuál de los candidatos será el que tendrá intención de cumplir con lo que ha escrito y divulgado en su plan de gobierno. No es asunto sólo de ganar la silla presidencial, tras haber atraído y cautivado la esperanza de los electores; lo que se espera es que el ganador/ra sea capaz de alinear inteligencias, emociones y recursos para llevar a cabo lo prometido. El pueblo es escéptico por aprendizaje y experiencia previa.

En el escenario de la educación todo tiene que cambiar. Cómo logrará el/la vencedor/ra alinear a los docentes en la ruta de la calidad, cuando los patrones mentales y las actitudes están cooptados por el facilismo, la comodidad y el poco compromiso. Cómo logrará hacer más con menos recursos para dotar al pueblo de un déficit, de por lo menos 100 planteles con las facilidades tecnológicas indispensables para que docentes y estudiantes dispongan de forma rápida de información actualizada y científica. Este es una de las vueltas del nudo gordiano.

A mí no me interesa quién gane las elecciones, lo que me importa es quién gane tenga genética y el empuje para cambiar los arquetipos y estilos de pensamiento paralizantes que se han enquistado en la psiquis de algunos gremios y de miles de docentes. El que logre innovar el espíritu y conciencia de los docentes retrógrados, yo mismo recogeré las firmas para postularlo a un premio.

En el escenario de los consulados, mi pregunta es: ¿Tendrá el ganador o la ganadora el genio y el carácter para poner orden toda la suerte de negocios millonarios de los embajadores y cónsules? Nadie tiene idea de los mieles de millones que van a parar a las cuentas privadas de estos funcionarios. Los expresidentes/as de todas las épocas, podrían darnos una idea de la magnitud de estos ingresos que no llegan al erario público. A guisa de ejemplo, al pueblo le gustaría saber cuántos millones ingresaron en el consulado de Seúl, en los últimos tres gobiernos, y cuántos se reportaron. Si alguno de los candidatos presidenciales, una vez en la silla presidencial, pide cuentas de esto, les aseguro que con esos dineros se puede construir un ferrocarril de alta velocidad hasta David, mono rieles en todas las ciudades principales y una red de metro en la capital del país.

101 años de Panamá América

 
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