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¿Qué está pasando en la Policía Nacional?


El 24 de diciembre de 1989 fui designado, junto a Francisco Artola y Herman Gnaeggi, por el Ministro de Gobierno y Justicia y Primer Vicepresidente de la República, Ricardo Arias Calderón, para que tomáramos, a nombre del nuevo gobierno, el juramento de rigor a los nuevos jefes de Policía en las provincias de Herrera, Veraguas y Coclé. Recuerdo que, a las afueras del cuartel de Santiago, se me acercó un viejo sargento a explicarme la angustia que tenían los guardias, después de la invasión, cuando eran ultrajados y humillados por la población. Le dije que se calmara porque esa actitud, propia del momento, se iría pasando a medida que los policías volviesen a ganarse la confianza ciudadana. El encargo de ese día me impidió pasar Nochebuena con mi familia, ya que al regresar a Panamá, por la situación que imperaba en la ciudad de Panamá, nos vimos forzados a quedarnos a dormir en Clayton.
Ese período de transición fue muy duro porque había algunas personas que pretendían que la Fuerza Pública debía nacer de cero y volverla a hacer de nuevo; como si todos los policías tuviesen el mismo grado de responsabilidad que Noriega y sus secuaces y como si se pudiera interrumpir el trabajo de seguridad nacional mientras se lograba tal propósito. Afortunadamente, esos pocos no tuvieron éxito en sus vanos esfuerzos y la Fuerza Pública, en una constante depuración como era lógica, se fue constituyendo en una forma profesional y policiva. El esfuerzo de Ricardo Arias Calderón en desmilitarizar el país dio el fruto que todos esperábamos y hoy, hasta sus críticos de aquel entonces, aceptan que el modelo, con todos sus inconsistencias y errores, ha funcionado, quitando de la historia nacional el amargo sabor de ver a los uniformados quitando y poniendo presidentes, legisladores y representantes.
Los 16 años que lleva el experimento de tener una fuerza policial apolítica no deliberante ha tenido un saldo positivo, aunque en el camino haya habido jefes policiales que hubo de pedirles su renuncia por haber participado en actos político partidista o que hayan ejercido el cargo cuando la Constitución se los prohibía. La gente se recuerda luego de 15 años de la gestión de Ebrahim Asvat, a pesar del corto tiempo que estuvo allí -menos de 8 meses- principalmente porque le dio a la Policía Nacional la posibilidad de tener un nuevo rostro; de recuperar la mística que había perdido.
Es esto lo que me parece está haciendo Rolando Mirones y por eso el éxito de su gestión al frente de la institución; cuestionada como es lógico por quienes quieren crear un clima de anarquía en el país. Le está dando a la Policía un nuevo rostro y le está proporcionando la mística ciudadana necesaria; al igual que Asvat, le está dando a la Policía el liderazgo que con tanta urgencia necesitaba. Para ello, era necesario enfrentarse a los pocos universitarios, que apadrinados por complacientes autoridades universitarias, sienten tener el derecho de cerrar las vías adyacentes a la Universidad cuando les viene en ganas. Para ello, tenía que ponerle una especie de alto a la anarquía que se siente en el transporte, cuando algunos pretenden hacer lo que le da la gana cuando está al frente de un volante.
Quienes trabajamos en la Universidad de Panamá sabemos que la mayoría de los estudiantes lo que quieren es ir a aprender, no que unos cuantos, con propósitos a veces desconocidos por ellos mismos, se dediquen a actividades violentas que nada tienen que ver con los quehaceres estudiantiles y que tanto daño ocasionan a la economía nacional. Por igual nos percatamos los profesores universitarios de la negativa reacción que tales manifestaciones de "protestas" generan en la población en general, causándole irreparables daños a la imagen y prestigio de nuestro principal centro de estudios superiores. Ojalá que estos necesarios cambios que se están reflejando en la Policía Nacional prosigan y permitan, además, una mayor participación ciudadana en todo lo concerniente a la seguridad ciudadana, asunto que, además de competirle a los estamentos de seguridad, son de competencia de todos los ciudadanos responsables de sus deberes para con la sociedad. Ojalá que se sigan dando más cambios positivos en las estructuras gubernamentales, muchas veces anquilosadas en las prácticas burocráticas que tanto se dice se quieren eliminar.
(gcochez@cableonda.net)
La decoración es otra parte fundamental para que el acabado sea la mejor carta de presentación.
De ello se encarga Eulogia Guerra, quien se ha convertido en la ayudante de Luis Eduardo por más de 20 años. La limpieza de las botas, así como colocarle los llamativos cordones; son los últimos detalles que están bajo su responsabilidad.
El trabajo que realizan demanda mucho empeño y dedicación, ya que conlleva un tiempo significativo para darle el terminado que se merecen.



101 años de Panamá América

 
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