¡Qué gran oportunidad, Doña Mireya!
Es la calidad y la responsabilidad de los ciudadanos que eligen a sus legisladores en sus respectivos circuitos, y no propiamente ellos (los electos), los que patrocinan un importante órgano del Estado que después causa decepciones generalizadas. Todos queremos en el poder legislativo a personalidades morales y bien preparadas, pero a la hora de postular y de elegirlos, la mayor parte de los electores no hacemos ese balance de cualidades.
Es harto sabido, además, que los diseños constitucionales y legales vigentes no pueden cumplir esa irresponsabilidad tan típica de nosotros, por lo que con mucha razón, aquellos ciudadanos con perfiles adecuados rehuyen involucrarse en esas pujas y repujas que nada tienen que ver con la calidad personal y de ejecutorias.
Por otro lado, en este momento hay sinsabores, insatisfacciones por la calidad del cuerpo ministerial que integra el "rgano Ejecutivo. Del "rgano Judicial, elocuentes y sordas protestas se escuchan desde hace tiempo, porque no hay una eficiente administración de justicia. Todos los panameños sabemos que tanto el Ejecutivo como el Judicial son corporaciones un tanto homogéneas, porque sus titulares los designa una sola persona autorizada (el Presidente (a)); y el otro, por personas profesionales de una disciplina especializada. En cambio, el "rgano Legislativo es la representación de millones de electores, repartidos en segmentos, que lógicamente nos tienen quedar un híbrido de carácteres y conductas. O sea, el producto resulta de los ingredientes que los electores aportamos.
Como complemento, cada resultado para constituir un nuevo cuerpo legislativo trae como consecuencia multiplicados enconos que también multiplican los perdedores y sus equipos. Incluso, de sus propios patrocinadores desde el momento en que no hay resultados complacientes. Porque nos queremos hacer la idea que un legislador es un Ministro de Estado. Y pobre de aquel candidato a legislador que durante la campaña política no tenga recursos disponibles para "tirar" pañuelos, toallas y hasta sábanas, una y otra vez, que no prometa el sol y las estrellas. En fin, todos conocemos estas realidades. A propósito de la mala imagen que experimenta la actual, se habla de buscar un nuevo presidente de ese colectivo que pueda lavarle la cara, es decir, borrar esa imagen. Muy difícil, por no decir imposible. Un presidente no puede curar los males de que adolece la cámara. En cambio, sus integrantes todos juntos, de común acuerdo, sí es posible.
Para concluir, el "rgano Legislativo no es lo único enfermo digno de una lista negra. Todos estamos embarrados, más o menos, de una dosis de corrupción pasiva o activa. Pienso que esta serenidad es propicia para, en una mesa amplia, conversar sobre la conveniencia de una constituyente. ¡Qué gran oportunidad, Doña Mireya!.
Es harto sabido, además, que los diseños constitucionales y legales vigentes no pueden cumplir esa irresponsabilidad tan típica de nosotros, por lo que con mucha razón, aquellos ciudadanos con perfiles adecuados rehuyen involucrarse en esas pujas y repujas que nada tienen que ver con la calidad personal y de ejecutorias.
Por otro lado, en este momento hay sinsabores, insatisfacciones por la calidad del cuerpo ministerial que integra el "rgano Ejecutivo. Del "rgano Judicial, elocuentes y sordas protestas se escuchan desde hace tiempo, porque no hay una eficiente administración de justicia. Todos los panameños sabemos que tanto el Ejecutivo como el Judicial son corporaciones un tanto homogéneas, porque sus titulares los designa una sola persona autorizada (el Presidente (a)); y el otro, por personas profesionales de una disciplina especializada. En cambio, el "rgano Legislativo es la representación de millones de electores, repartidos en segmentos, que lógicamente nos tienen quedar un híbrido de carácteres y conductas. O sea, el producto resulta de los ingredientes que los electores aportamos.
Como complemento, cada resultado para constituir un nuevo cuerpo legislativo trae como consecuencia multiplicados enconos que también multiplican los perdedores y sus equipos. Incluso, de sus propios patrocinadores desde el momento en que no hay resultados complacientes. Porque nos queremos hacer la idea que un legislador es un Ministro de Estado. Y pobre de aquel candidato a legislador que durante la campaña política no tenga recursos disponibles para "tirar" pañuelos, toallas y hasta sábanas, una y otra vez, que no prometa el sol y las estrellas. En fin, todos conocemos estas realidades. A propósito de la mala imagen que experimenta la actual, se habla de buscar un nuevo presidente de ese colectivo que pueda lavarle la cara, es decir, borrar esa imagen. Muy difícil, por no decir imposible. Un presidente no puede curar los males de que adolece la cámara. En cambio, sus integrantes todos juntos, de común acuerdo, sí es posible.
Para concluir, el "rgano Legislativo no es lo único enfermo digno de una lista negra. Todos estamos embarrados, más o menos, de una dosis de corrupción pasiva o activa. Pienso que esta serenidad es propicia para, en una mesa amplia, conversar sobre la conveniencia de una constituyente. ¡Qué gran oportunidad, Doña Mireya!.