¿Qué hace con todas mis palabras?
Es un libro portador no solo de un análisis, sino de un compromiso de la autora con los pobres de Panamá, y basta con conocer o conversar con Gloria Rudolf, para uno percibir la energía que produce la conjunción de la calidad humana y capacidad de la antropóloga norteamericana con la gente de Loma Bonita y todo lo que ello significa. Para poner las cosas en su lugar desde el principio, la autora inicia contando que la idea de escribir el libro vino de una señora septuagenaria de la comunidad, Isabel Nuñez que un día le preguntó: "¿Y qué hace con todas mis palabras?", afirmando después: "Debería tomar nuestras palabras y luego devolvérnoslas. De ese modo podría hacer algo más que aprender sobre los pobres, nos podría ayudar."
Y Gloria lo hizo, por largos años produjo - siempre interactuando- con la gente de Panamá, un laborioso texto prolongado y madurado en el tiempo -como lo fue Hojas de Hierba para Whitman- que se llama La Gente Pobre de Panamá. Víctimas, agentes y hacedores de la historia, y que hoy se presenta en Panamá (antes fue presentado en Loma Bonita. ¡Qué bien!). Como se advierte en el título, la perspectiva de la pobreza no es sólo victimizar a la gente, pues se reconoce el principio de McNeff que la carencia lleva preñada la potencialidad.
Loma Bonita es como el nazureru japonés, a través del cual una pequeña ofrenda simboliza lo grande. Loma Bonita es Panamá campesina visualizada a través del microcosmos de una pequeña comunidad rural coclesana. En ella la gente vive los cambios a través de una economía de subsistencia, de una estrategia de sobrevivencia y de formas diarias de resistencia entendidas como actos individuales, pasivos, de inconformidad, tales como fingir enfermedad, ignorancia, incompetencias, que son políticamente más seguros para ellos/ellas que los desafíos abiertos, y que requieren de poca o ninguna coordinación colectiva, lo que ayuda a la gente a manejar su trajín cotidiano evitando el choque directo y los riesgos personales que genera el poder. Pero el resultado no es fácil. "Si ha habido cambios, tales como mejores maestros, quienes le enseñan más a los niños, pero cuando se trata de alimentos u oportunidades, la vida es la misma...dura como yuca vieja", expresa una mujer campesina.
Loma Bonita es el espejo del campo panameño, donde las políticas públicas y las propuestas económicas no han hecho mella en la pobreza estructural, que azota a seis de cada diez de sus habitantes rurales, y 95 de cada cien indígenas de este país.
Las lecciones son claras. Debemos "encontrar formas para apoyar políticas, programas y acciones que den acceso a tierras y crear empleos...El crecimiento económico que pone la comida solamente en algunas mesas no es suficiente...La gente tiene que avanzar, partiendo de una dependencia de los poderes externos, hacia un control democrático de sus propias decisiones..."(G. Rudolf)
Lo que es cierto que la no se trata sólo de una ciudadanía política democrática sino también de una ciudadanía socioeconómica, las que hay que promover. Es cierto que vivimos una democracia política, pero inmersa en un sistema hendido por franjas de incluidos y excluidos. Las palabras se manipulan y la democracia parece ser cada vez más formalista y menos real, teniendo como común denominador la debilidad del Estado de derecho y el irrespeto a los derechos humanos, en especial, los sociales, económicos y culturales. La gente confía cada vez menos en los gobiernos y en los partidos, cada vez más lejanos, controvertidos y centralizados; y parece creer en lo que tiene más cerca y lo que toca su propia vida cotidiana.
La idea absolutista del neoliberalismo de hoy es el mercado total, pero el mercado así concebido no tiene entrañas y no tiene alma. Pero, ¿cómo humanizar un sistema que tiene como divisa principal la ganancia? ¿Cómo sostener la democracia sobre la ingobernabilidad de una brecha entre riqueza y pobreza, que se acrecienta en extremos insostenibles? Las voces y las vidas que hablan a través de su libro nos invitan a encontrarnos con los pensamientos y sentimientos de la gente, y más allá de la compasión, escuchar con todos los sentidos abiertos, pues hace falta pasar tiempo con el pueblo, desnudos de protagonismo... O como lo explicaba un viejo campesino nicaragüense: "El pueblo es como un anciano que habla muy quedito, muy suavecito y que para poder escucharlo, hay que acercársele mucho, mucho...". Gloria lo hace a través de esta investigación acción participativa, en forma de investigación etnográfica de campo a largo plazo, pero que es mucho más que eso.
Esto se advierte con claridad cuando afirma la lección más profunda de los 25 años de aprendizaje con la gente de Loma Bonita: "Es que la esperanza es una fuerza de vida impulsora y poderosa...", pues, "tanta gente en Loma Bonita se abriga de esperanza todos los días como si fuera una armadura" Un amigo poeta obrero de Colón lo escribió de esta otra forma: "Sé agarrarme de la esperanza y sostenerme con manos de hierro". (raulleisr@hotmail.com)
Y Gloria lo hizo, por largos años produjo - siempre interactuando- con la gente de Panamá, un laborioso texto prolongado y madurado en el tiempo -como lo fue Hojas de Hierba para Whitman- que se llama La Gente Pobre de Panamá. Víctimas, agentes y hacedores de la historia, y que hoy se presenta en Panamá (antes fue presentado en Loma Bonita. ¡Qué bien!). Como se advierte en el título, la perspectiva de la pobreza no es sólo victimizar a la gente, pues se reconoce el principio de McNeff que la carencia lleva preñada la potencialidad.
Loma Bonita es como el nazureru japonés, a través del cual una pequeña ofrenda simboliza lo grande. Loma Bonita es Panamá campesina visualizada a través del microcosmos de una pequeña comunidad rural coclesana. En ella la gente vive los cambios a través de una economía de subsistencia, de una estrategia de sobrevivencia y de formas diarias de resistencia entendidas como actos individuales, pasivos, de inconformidad, tales como fingir enfermedad, ignorancia, incompetencias, que son políticamente más seguros para ellos/ellas que los desafíos abiertos, y que requieren de poca o ninguna coordinación colectiva, lo que ayuda a la gente a manejar su trajín cotidiano evitando el choque directo y los riesgos personales que genera el poder. Pero el resultado no es fácil. "Si ha habido cambios, tales como mejores maestros, quienes le enseñan más a los niños, pero cuando se trata de alimentos u oportunidades, la vida es la misma...dura como yuca vieja", expresa una mujer campesina.
Loma Bonita es el espejo del campo panameño, donde las políticas públicas y las propuestas económicas no han hecho mella en la pobreza estructural, que azota a seis de cada diez de sus habitantes rurales, y 95 de cada cien indígenas de este país.
Las lecciones son claras. Debemos "encontrar formas para apoyar políticas, programas y acciones que den acceso a tierras y crear empleos...El crecimiento económico que pone la comida solamente en algunas mesas no es suficiente...La gente tiene que avanzar, partiendo de una dependencia de los poderes externos, hacia un control democrático de sus propias decisiones..."(G. Rudolf)
Lo que es cierto que la no se trata sólo de una ciudadanía política democrática sino también de una ciudadanía socioeconómica, las que hay que promover. Es cierto que vivimos una democracia política, pero inmersa en un sistema hendido por franjas de incluidos y excluidos. Las palabras se manipulan y la democracia parece ser cada vez más formalista y menos real, teniendo como común denominador la debilidad del Estado de derecho y el irrespeto a los derechos humanos, en especial, los sociales, económicos y culturales. La gente confía cada vez menos en los gobiernos y en los partidos, cada vez más lejanos, controvertidos y centralizados; y parece creer en lo que tiene más cerca y lo que toca su propia vida cotidiana.
La idea absolutista del neoliberalismo de hoy es el mercado total, pero el mercado así concebido no tiene entrañas y no tiene alma. Pero, ¿cómo humanizar un sistema que tiene como divisa principal la ganancia? ¿Cómo sostener la democracia sobre la ingobernabilidad de una brecha entre riqueza y pobreza, que se acrecienta en extremos insostenibles? Las voces y las vidas que hablan a través de su libro nos invitan a encontrarnos con los pensamientos y sentimientos de la gente, y más allá de la compasión, escuchar con todos los sentidos abiertos, pues hace falta pasar tiempo con el pueblo, desnudos de protagonismo... O como lo explicaba un viejo campesino nicaragüense: "El pueblo es como un anciano que habla muy quedito, muy suavecito y que para poder escucharlo, hay que acercársele mucho, mucho...". Gloria lo hace a través de esta investigación acción participativa, en forma de investigación etnográfica de campo a largo plazo, pero que es mucho más que eso.
Esto se advierte con claridad cuando afirma la lección más profunda de los 25 años de aprendizaje con la gente de Loma Bonita: "Es que la esperanza es una fuerza de vida impulsora y poderosa...", pues, "tanta gente en Loma Bonita se abriga de esperanza todos los días como si fuera una armadura" Un amigo poeta obrero de Colón lo escribió de esta otra forma: "Sé agarrarme de la esperanza y sostenerme con manos de hierro". (raulleisr@hotmail.com)