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¿Qué hace a un país grande?


Hace algún tiempo leí un artículo de los tantos que circulan por la Internet, que se refería a la diferencia entre los países desarrollados y subdesarrollados. Básicamente la moraleja del artículo era que había que fortalecer los valores cívicos y morales de nuestros países.
Los trágicos sucesos del pasado martes 11 de septiembre y la reacción de pueblo norteamericano me hizo recordar inmediatamente dicho artículo. Habían los que llamaban a la venganza, a la Ley del Talión, del ojo por ojo y diente por diente, habían los que llamaban a la mesura, habían los que llamaron a la reflexión, pero todos los llamados tenían un mismo apellido: USA. Aquí los hombres, mujeres y niños de Estados Unidos, sin importar sus países de orígenes, esperaban 3 y 4 horas para donar sangre, ofrecerse como voluntarios para recoger los escombros o sencillamente salieron a las calles para ondear la bandera de las rayas y estrellas o cantar "América la Bella" canción representativa de la nacionalidad e identidad norteamericana.
¿Cómo nos parecemos, verdad? Sin ánimo de menospreciarnos, ¿ustedes se imaginan si esto mismo hubiera pasado en Panamá? Lo que pasa es que allá, a pesar de las diferentes razas, credos y países de origen, existe una identidad de pueblo; muy parecido sucede en Argentina, México, Colombia y Brasil. Otra coincidencia que sean los países más grandes de la región latinoamericana. En éstos países, la gente se siente identificada cuando un compatriota triunfa en el exterior, es distinguido o seleccionado para recibir un premio o en fin es reconocido. Los 4 de julio, 15 de septiembre o 21 de julio, se ven las banderas de los respectivos países ondeando en las casas y edificios orgullosamente y la gente celebra dichas fechas. Nosotros preferimos irnos a Miami o Coronado, como dice el inolvidable Pedrito.
No importa por quien votaron en las pasadas elecciones o si estaban de acuerdo con las acciones del presidente, pudimos ver que los congresistas norteamericanos y la gran mayoría de las personas respaldaron a sus gobernantes. En Panamá todavía estaríamos criticando y buscando a "los culpables" para llegar "hasta las últimas consecuencias" (frasecita preferida por algunos políticos y algunos de mis colegas periodistas) por una u otra razón.
Hay que fortalecer la educación en valores de nuestros niños; pero no sólo en las escuelas sino en los hogares de todos los panameños y extranjeros que comparten con nosotros este bello país. Hay que enseñarles que hay que amar el terruño que nos ha visto nacer o que los ha acogido. Hay que enseñarles el amor por la bandera, el himno, el escudo y todos los símbolos de nuestra nacionalidad. Hay que enseñarles el orgullo de portar una bandera, ya sea en la mano o en la camiseta de una selección deportiva.
Ojalá y volvamos a ver ese tipo de recibimiento, como el que se le rindió al cholo Durán hace ya muchos años. Ojalá y les enseñemos a los niños el valor de una poesía de Miró, un cuadro de Trujillo o Sinclair y que ellos aprendan a disfrutar una pieza de Silvia Degrasse, Lucho Azcárraga y tantos otros que han ayudado a forjar una nacionalidad y una identidad de la cual hoy podremos disfrutar.
Ojalá y la celebración del primer centenario de nuestra separación de Colombia sea aprovechada por padres y maestros para que todos los panameños recobren ese sentimiento de nacionalidad; que recobremos la identidad de panameños que tanto nos hace falta. Ojalá podamos erradicar la envidia y el celo de nuestros corazones; que si hay panameños que triunfan disfrutemos con ellos; que si panameños fracasan nos duela igual que a ellos. Que si vemos o sabemos de algún panameño en necesidades, le tendamos una mano sin importar cuál es su apellido o cuánto gana.
Ojalá y enseñemos con ejemplo a nuestros niños que ser panameño es lo mejor que les pudo haber pasado, que se sientan orgullosos de lo que son y que traten de hacer crecer este país y que todos juntos fortalezcamos esta gran y bella nación.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América